JUEVES 15 DE ENERO DEL 2004 / EDICION No. 23332 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Si Alemán hubiera seguido mis consejos

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León Núñez
leonn@ibw.com.ni

Siguiendo mi mala costumbre de dar consejos a las personas que nunca me los han pedido, desde principios de 1998 empecé a aconsejar al doctor Alemán. Siempre lo hice a través de mis artículos publicados en LA PRENSA. Si él hubiera seguido mis consejos quizás otro gallo le cantara.

El primer consejo que le di fue que permitiera la democratización interna del PLC, y que a las autoridades del partido —las que salieran electas libremente— se les empezara a otorgar ciertos espacios de poder para que se fueran preparando para la lucha democrática interna que habría de desembocar en la sucesión política: en la sucesión política de Alemán.

Yo pensaba que los liberales, después de la trágica experiencia somocista, habíamos extraído dos buenas lecciones políticas: que en Nicaragua no podría volver a ser Presidente de la República el que ya lo hubiera sido, y que la democracia de un país sólo se consigue si existe democracia interna en sus partidos políticos.

Buscando cómo trabajar por la democratización interna del PLC, conseguí que en Acoyapa la asamblea municipal de este partido me eligiera convencional. Debo decir que no fui un convencional de dedo; fui electo libremente. Me costó tiempo y dinero.

Entonces, en mi calidad de convencional empecé a golpear todas las puertas del partido; quería participar en las comisiones que estaban trabajando para la próxima convención; quería dar mi aporte a los nuevos estatutos del partido, etc. Todas las puertas las encontré cerradas. Nunca tuve acceso a nada. Todo era secreto. Preguntaba y se me contestaba con mentiras. Llegué a la convención y naturalmente que “todo estaba cocinado”. Los “dedazos” de Alemán fueron aprobados con aplausos. Parecía que la misión de los convencionales consistía en estar aclamando a don Arnoldo.

A pesar de las puertas cerradas, y no obstante estar ejerciendo un cargo dentro del Gobierno, seguí oponiéndome públicamente a la política del dedazo de Alemán, y comencé a criticar a los miembros de la “nomenclatura liberal”, que con la más absoluta sumisión seguían esculpiendo “la escultura antidemocrática del caudillo”, no solamente en perjuicio de Nicaragua sino también en perjuicio del propio Alemán. El artículo titulado El pescuezo más flexible del liberalismo, fue la gota de agua que rebalsó el vaso, con las consecuencias de todos conocidas.

Después que el ingeniero Bolaños fue electo candidato presidencial del PLC, y siendo yo todavía convencional de este partido, aseguré —siempre desde las páginas de La PRENSA— que don Enrique no iba a ser pelele de Alemán, y que por lo tanto estaban equivocados los que tenían la impresión de que votar por don Enrique equivalía a votar por Alemán. Yo aconsejé a don Arnoldo que no se le acercara a don Enrique; que no contribuyera a que se siguiera teniendo la falsa impresión de que era cierto el slogan que decía que “votar por don Enrique es votar por Alemán”.

Una vez que don Enrique ganó las elecciones, y ante la pretensión de Alemán de hacerlo un “segundón”, pues pensaba gobernar desde la presidencia de la Asamblea Nacional, le aconsejé a don Arnoldo que no tratara de obstaculizar la labor de don Enrique —que ni “picado” anduviera cantando El Rey— pues de lo contrario se iba a dar cuenta de “la tusa con la que se iba a rascar”; que tuviera la seguridad que con don Enrique “no se la iba a comer vacía”, porque el ingeniero Bolaños era de los montadores que jamás le quitan “la espuela al ijar”.

También aconsejé a don Arnoldo que se fuera a vivir dos años a Acoyapa; que se olvidara de la política. Que en mi pueblo podía conseguir un rejuvenecimiento espiritual y que recordara que el poder en nada contribuía a la salvación del alma.

Incluso le ofrecí, sin costo alguno, mi casa de habitación en Acoyapa para que viviera los citados dos años. Es más, hasta le ofrecí hacerlo socio del Club Social de Acoyapa para que se codeara con la aristocracia acoyapina, la cual podía ser intelectualmente útil para él porque vive informada de los últimos avances de la ingeniería genética, la biología molecular, la astrofísica, la literatura, la filosofía...

El doctor Alemán no quiso seguir mis consejos. Si los hubiera seguido probablemente no estuviera preso. Quizás no estuviera viviendo esta situación angustiosa, situación que, no obstante la nueva Junta Directiva de la Asamblea Nacional, tiene todas las trazas de no terminar pronto.

No hay duda que fue la pasión por el poder la que obligó a Alemán a no tomar en cuenta mis consejos. Fue la “ambición desmedida por mandar” la que lo hizo olvidar que el poder, al final, es sólo “ceremonia... formas y símbolos”. Lo hizo olvidar que detrás del poder lo que existen no son dioses sino pobres mortales, hombres como él, como cualquier otro. Señor lector: hombres como usted o como yo.

El autor es abogado y escritor.
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