JUEVES 15 DE ENERO DEL 2004 / EDICION No. 23332 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Reportaje especial
Violado en centro de protección

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. Un niño ingresó al Centro San José Protector buscando eso: protección. Sin embargo, fue allí donde supuestamente uno de los consejeros le destruyó su vida al abusarlo sexualmente

La hamaca y sus mascotas, son el único refugio de “Rubén”, un niño de 12 años, violado por un consejero del Centro San José Protector.

 

Luis Alemán Saballos
luisaleman@laprensa.com.ni

La mayor parte de su tiempo “Rubén” la pasa ensimismado en sus mascotas, con las que juega bajo una caseta en el patio de la pequeña vivienda donde habita con su madre y una hermana mayor. Verlo juguetear con el gato y su perro da la impresión de un muchacho igual a muchos de su edad sin problema alguno, pero no es así, la realidad lamentablemente es otra.

Las mascotas son el único refugio en el que este chavalo, de tan sólo 12 años, se ha aferrado y con las que comparte un silencio que se torna cada vez más desesperante para su madre y hermana; y no es para menos, fue violado supuestamente por su consejero en el Centro San José Protector, de Tipitapa.

El calvario de este niño comienza desde que tenía cinco años, cuando junto a su madre y hermanas fue abandonado por su padre. A los nueve pisó por primera vez las puertas de un centro de atención para niños en riesgo. A los 10 fue violado por su consejero, y a los 11 años escapó del centro de protección desesperado por tanta violencia.

Su mamá a quien llamaremos “María”, en tono reflexivo trata de encontrar una respuesta a tanto drama. “Quizás todo lo que ha vivido lo convirtió en un chavalo rudo, violento y agresivo”, asegura, mientras lo observa desarmada por el silencio de su hijo y la incapacidad para poder darle mayor respaldo.

“Estoy muy preocupada, él no habla para nada, se queda en silencio, si está en la hamaca de pronto se levanta y sale a la calle, camina y regresa”, relata.

“María” toma un cigarrillo con ansiedad, me lo muestra y me dice como justificando su acción: “Éste es mi único vicio, cuando estoy desesperada fumo y fumo”, asegura, mientras da un sorbo al cigarro cuya brasa quema el tabaco tan profundo que evidencia también la profundidad de su desesperación.

Los movimientos de sus manos, los sorbos al cigarrillo y las miradas constantes a sus hijos son una clara muestra del trauma que sufre. En cada palabra parece querer justificar lo que ha pasado.

“Yo estaba en crisis, había quedado sola, no tenía cómo sobrevivir, tenía que trabajar y además estar pendiente de él (“Rubén”) que tenía seis años, además, se me estaba poniendo muy rebelde, no me quedó otra que ponerlo en un centro de protección”, relata como culpándose de lo ocurrido a su hijo.

FATAL DECISIÓN

Tiempo después el menor es trasladado al Centro San José Protector, ubicado sobre el kilómetro 30 de la carretera vieja a Tipitapa, donde permaneció cerca de un año y donde su vida quedaría marcada para siempre.

“Rubén” nunca perdió contacto con su familia, su mamá siempre lo visitaba a pesar de la distancia. Cada vez que tenía pago le aliñaba su morralito que le entregaba durante las visitas.

Cuando había vacaciones, regresaba a la casa, pero su comportamiento no era lo mejor. “En vez de mejorar, venía vulgar, más inquieto, pleitisto y hasta golpeaba a su hermana”, recuerda su madre, quien preocupada intentó en varias ocasiones conocer el comportamiento de su hijo en el centro de protección.

“Los educadores me decían que era muy violento, que era quizás por la falta de un padre, ésa es la conclusión a la que llegaban”, dice.

El tiempo pasó, “Rubén” continuaba en el Centro San José Protector, mientras su madre de un trabajo a otro probaba suerte en busca de ingresos que le permitieran unir nuevamente a sus hijos y tener una vida más o menos tranquila.

Nuevamente probó suerte en el comercio, regresó a su viejo trabajo, un caramanchel en el Mercado Oriental vendiendo toda suerte de artículos. El negocio no era lo mejor, pero le daba para vivir, mantener a su hija y conseguir los “aliños” para su hijo “Rubén”.

El muchacho continuaba en el centro de protección, pero su conducta no era lo mejor, su agresividad aumentó y llegó a ser incontrolable para su madre. Una mañana de marzo del año 2003, “María” recibió una llamada telefónica, le preocupó que la llamaran de un centro de protección en Estelí.

“Aló, *doña María? usted es la madre de ‘Rubén’”, dijo una voz al otro lado del auricular.

“Sí, yo soy, ¿qué ocurre?, contestó. Su hijo está aquí con nosotros, se escapó del centro San José Protector y nos contó que fue abusado sexualmente por su consejero, repitió la voz, quien se identificó como consejero con el nombre de Cristopher David.

A “María” se le había caído la tierra encima varias veces. “Esta vez, sin embargo, era la más dolorosa. ‘Se trataba de un hijo y eso provoca un dolor indescriptible’, me dijo en una ocasión, una madre cuyo hijo, también corrió la misma suerte que mi hijo”. La vida para “María” cambió totalmente.

“Yo no me podía imaginar que pudiera ocurrir algo de eso en un centro donde se supone que el niño va a estar protegido y más aún, que lo haga el consejero que es quien los atiende y educa”, reflexiona “María”, sin encontrar una razón a todo su sufrimiento.

DESGARRADOR RELATO

“Por las noches me levantaba y me metía a un cuarto, me obligaba a quitarme el pantalón y luego me ponía de espalda y me abusaba sexualmente”, señala el relato que el pequeño dio en la Comisaría de la Mujer del Distrito Ocho de Policía, en Tipitapa.

“Lo hizo en varias ocasiones hasta que me escapé del centro”, continuó relatando “Rubén”, quien alentado por otro compañero se atrevió a contar todo lo que le había ocurrido. “Hoy fuimos nosotros, mañana pueden ser otros chavalos más”, habría dicho el amigo de “Rubén”, quien supuestamente también fue abusado y con quien escapó del centro de protección.

“Ese hombre nos destruyó la vida, la de mi chavalo y la mía”, afirma “María”, con voz temblorosa que da paso a las lágrimas. Casi susurrando afirma que su vida ha sido muy difícil y lo único que le conforta es la esperanza de que Dios le dé fuerzas para poder seguir adelante.

URGE ATENCIÓN ESPECIALIZADA

Un dictamen médico legal del Instituto de Medicina Legal confirmó la violación sufrida por “Rubén”. “Hay signos de acceso carnal por vía anal de vieja data”, afirma el dictamen en su conclusión.

El mismo dictamen en su valoración sicológica encontró sintomatología ansiosa, receptivas a situaciones sumamente estresantes que son compatibles con abuso sexual experimentado.

La misma consideración recomienda que el pequeño debe ser tratado por un especialista en salud mental para superar las secuelas dejadas por el abuso sexual vivenciado.

Según el dictamen “Rubén” manifiesta miedo, inseguridad, es poco colaborador, desconfiado y evasivo, cabizbajo, lloroso, se muestra en un inicio poco colaborador, mutismo, ensimismado.

“Su comportamiento es rebelde, muestra resentimiento, desconfianza”. Nada diferente a lo que observamos durante el tiempo que duró la entrevista con su madre y el esfuerzo para que nos contara su experiencia.

Sin duda alguna, no sólo “Rubén” necesita atención especializada, también su mamá y su hermana, “pero tenemos dificultades económicas y se nos hace difícil para buscar un psicólogo”, se lamenta doña “María”.

“Rubén” sigue en su hamaca, callado, de vez en cuando nos dirige la mirada, parece que está molesto. Se levanta rodea la casa y se queda en la calle, regresa casi de inmediato. Le pedimos nos permita unas fotografías, no contesta, pero hace lo que el fotógrafo le indica y regresa a su hamaca siempre callado.

Mientras “Rubén” sigue aferrado al silencio y a sus mascotas, su violador está en las calles sin ser capturado, incluso se habla que logró coronar con éxito su carrera de psicología.

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