MARTES 18 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23691 / ACTUALIZADA 05:30 pm





EL HUMOR DE




Al fin, los diputados fueron sensatos y realistas

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Emilio Álvarez Montalván

La elección (el viernes 9 de enero) de la nueva Junta Directiva de la Asamblea Nacional, abre una relación inédita y positiva entre Legislativo y Gobierno. Por de pronto es congruente con los resultados de la última elección. Resultaba absurdo que el partido victorioso se declarara opositor. Un distanciamiento que obligó al gobernante a aceptar la ayuda del FSLN para aprobar leyes y decisiones importantes.

Por otra parte, el acercamiento PLC-Ejecutivo es ventajoso porque apuntala la estabilidad del Estado. Está pendiente, sin embargo, cómo será manejada y cuánto tiempo durará la armonía intra-directiva y cómo se conformará una firme mayoría en el plenario y las comisiones. Es evidente que la composición de la nueva directiva es pluralista, pues habían posiciones para el FSLN que éste rechazó, decisión incomprensible porque ese partido terminará integrándose a la Asamblea, pues necesita influir en las discusiones de la ley de carrera judicial.

Por otra parte, el interés primordial por una comunicación fluida entre Asamblea y Ejecutivo es robustecer la institución política del PLC y no beneficiar a nadie, por conspicuo que sea. Los extremistas identifican al líder con el partido. En ese sentido las declaraciones del diputado Noguera Pastora, nuevo presidente de la Asamblea Nacional, son estimulantes, pues se considera hombre de partido, implicando que no se estima ficha personal de nadie. Su posición y personalidad le sitúan como “buen componedor” entre Legislativo y Ejecutivo.

En todo caso se espera que esa ola de conciliación comprenda al GUL, cuya existencia autónoma ya no es sostenible sino como una corriente más del liberalismo mayoritario, sobre todo en el contexto de las elecciones municipales, pues sería absurdo que concurrieran separados. Es ahí donde el presidente Bolaños podría desempeñar un papel importante, acercándolos. Creo también que va llegando el momento de empezar a llenar el vacío de liderato que deja en la escena política operativa el caudillo, aunque su influencia seguirá mostrándose a control remoto

En lo que se refiere a las arduas negociaciones a cuatro bandas (Ejecutivo, FSLN, bancadita, PLC) para elegir a la nueva directiva de la Asamblea Nacional, surgieron dos decisivos imponderables. El primero fue el sorpresivo retiro del diputado Cuadra, quien funcionaba como puente confiable entre el FSLN y bancada Azul y Blanco. Al faltar el líder matagalpino naufragó la plantilla auspiciada por el sandinismo. Era un rol que, mutatis mutandi, desempeñará Noguera Pastora, esta vez entre el PLC y presidente Bolaños. El segundo fue el factor catalítico de la embajadora Barbara Moore. Rasgarse las vestiduras por la presencia de ésta no es sincero. Este país, que tiende al divisionismo de su atrasada clase política, protagoniza periódicamente crisis insuperables como sucede ahora con la Corte Suprema de Justicia, tres meses paralizada. Es entonces cuando factores externos con poder ayudan a cohesionar lo que tiende a la ingorbernabilidad, preocupados por las consecuencias. Así ha sucedido en Nicaragua desde que Vicente Filísola y Dionisio Herrera vinieron a pacificarnos. Y ya en el siglo XX Adolfo Diaz pidió la intervención de “marines” para terminar la matanza fratricida, disposición que avaló después Moncada. Así fue también cuando Fidel Castro obligó a las tres tendencias sandinistas a unirse, cuando observó el canibalismo desatado al expulsar a Luis Carrión y Jaime Wheelock. Y más tarde, al llegar a Nicaragua el Viceministro de Relaciones Exteriores de la ex URSS para notificar al ex presidente Ortega que hiciera las paces con su oposición, pues los soviéticos ya se habían arreglado con EE.UU. en Reykiavik (Cumbre Reagan-Gorbachev).

En todo caso, los indeseables injerencismos revelan un Estado débil y una clase política subdesarrollada, y sirven ahora de hoja de parra a los derrotados sandinistas. Hay que corregir las causas para no lamentar efectos. En todo caso hay ahora en Nicaragua un clima optimista que necesita robustecerse con hechos.

El autor es analista político.
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