Reportaje especial
El regreso como periodista de LA PRENSA
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Al no encontrar una explicación para las preguntas que le hicimos a don Jairo, dueño del “club de masajes Tantra”, nos amenazó con una pistola calibre 38.
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Angélica Martínez R. angelica.martinez@laprensa.com.ni
Regresé a aquellos tres lugares, esta vez, armada con el carnet que me acredita como periodista de este Diario y los dos metros de estatura de Germán Miranda, mi reportero gráfico.
Al llegar a Sol y Luna, inicialmente “las muchachas” se alegraron de verme, pero luego se preocuparon al saber que mi visita no era social. El encargado se negó a responderme.
“¿Por qué se anuncian como casa de masajes si en realidad no es lo que ofrecen?”
“Yo no soy el dueño”, nos dijo.
“¿Lo puede llamar?”, insistí.
“Michael” salió a recibirnos. Esta vez no intercambió ninguna sonrisa conmigo, simplemente nos indicó la salida, cerrando la puerta tras nosotros, en un gesto que dijo claramente: “Sin comentarios”.
Igual que en Sol y Luna, en Tantra me reconocieron de inmediato y las caras de preocupación no se disimularon. Don Jairo salió a recibirnos en chinelas y sin camisa.
“Digan ¿en qué los puedo servir?”, preguntó en tono intrigado, mientras se dejaba caer pesadamente en una silla de la sala de belleza. Parecía no recordarme.
“Yo vine el otro día preguntando por el empleo de masajista que publicaron en el periódico y quiero saber, ¿por qué se anuncian como casa de masajes si esta es una casa de citas?”
Levantándose de la silla, la respuesta salió como un rugido:
“¿Queeé?, vos venís a mi casa a acusarme de qué... Si ves, éste es un salón de belleza y aquí se dan masajes.
Al tratar de objetar sus argumentos, su ánimo se alteró aún más e incorporándose de la silla le ordenó a una de las ‘empleadas’: “Traeme la ‘animala’”, (refiriéndose a una pistola calibre 38 que pronto apareció).
Quizás pensó que trataríamos de salir corriendo, pero al ver que nadie se movía, comenzó a dirigirse al fotógrafo que aún se encontraba sentado frente a él.
“¿Vos creés que no te puedo levantar a patadas de ahí?”.
“Tranquilo, tranquilo”, le decía Germán.
Cuando le pasaron el arma, don Jairo ya más calmado trató de enmendar la situación mostrándonos el lugar que a todas luces se veía no era ni una casa de habitación ni mucho menos, una sala de belleza.
Tras dos que tres insultos disimulados, la única respuesta clara que obtuvimos a la pregunta inicial fue: “Cada quien tiene derecho a ganarse la vida como puede, los jóvenes (refiriéndose a mí) no entienden eso”.
En Corporación Gema el recibimiento no fue menos tortuoso. Desde que llegamos, quien se identificó como el representante legal de la empresa y el resto de los “instructores”, prohibieron que se tomaran fotos del lugar.
“Él (Germán) está tomando fotos desde afuera y que yo sepa la calle es libre”, repliqué.
“¿Te gustaría que hicieran fotos de tu casa sin tu permiso?”, respondió el gerente.
“Si no tengo nada qué esconder, no veo por qué no”.
Visiblemente alterado me hizo pasar a lo que parecía su oficina. Me pidió mi identificación y se la di. Luego puso en duda la legitimidad de la misma.
En cambio, cuando hice la pregunta del millón, ¿por qué ofrecen empleo de medio tiempo sin necesidad de experiencia y ganando esa cantidad, cuando lo que buscan son ejecutivos de ventas?, se fue por las ramas.
“Nosotros tenemos todos los respaldos legales...”
“No fue esa mi pregunta”, insistí.
“Te puedo citar con nuestro abogado para que él te explique.
“No necesito hablar con su abogado, sólo quiero que me digan, ¿por qué ofrecen trabajo de oficina si lo que persiguen es explotar personal gratis para ventas?”.
Ante mi aseveración recibí por toda respuesta que no había recibido el curso de una semana que ellos imparten en el Centro Comercial Linda Vista y que, por lo tanto, no sabía de qué hablaba.
No recibí el curso, pero tampoco era necesario para comprender que ellos juegan con la necesidad de empleo que existe en Nicaragua. Con la “reunión informativa” me bastó.
En el “examen de admisión” que realizan de entrada, te brindan pistas suficientes para que te des cuenta del empleo al que estás optando.
Además, la prueba final (un desplazamiento de 25 fragancias) y la no garantía de que serás empleado, pasada o no la prueba, son sobradas respuestas, pero la desesperación y las ganas de hallar trabajo ciegan a cualquiera.
De aquella abrupta entrevista fui despedida con un “no sigamos explicando nada, ella ni siquiera es de LA PRENSA, ese carnet es falso y si acaso publican algo, se van a entender con nuestros abogados”.
SE BUSCAN BUENOS EMPLEOS
Según el último informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), titulado “Se buscan buenos empleos: Los mercados laborales de América Latina”, la tecnología moderna reduce la demanda de trabajadores, particularmente la de aquellos con bajo nivel educativo, pero la historia y la evidencia en América Latina muestran que no es así.
El salario de muchos trabajadores es demasiado bajo como para permitirles escapar de la pobreza, y la desigualdad salarial, una de las mayores del mundo, no está mejorando, aun si la persona es preparada.
Encuestas de opinión pública demuestran que el desempleo, los bajos salarios y la inestabilidad laboral son las preocupaciones más apremiantes de los latinoamericanos, por encima de la corrupción, la delincuencia y otros graves problemas sociales.
Sin embargo, el informe también observó algunas tendencias positivas del mercado laboral.
Las tasas de participación femenina en la fuerza laboral están creciendo con rapidez, aunque sus niveles siguen siendo bajos, comparados con el resto del mundo, dice el estudio. El incremento de oportunidades laborales para las mujeres ha sido la fuente más importante en el aumento de ingresos per cápita en la región latinoamericana.
El desempleo ha llegado a su nivel más alto en muchos años, y aunque los salarios han mejorado en algunos países, lo han hecho a un ritmo muy lento”, indica el informe. “El salario de muchos trabajadores es demasiado bajo como para permitirles escapar de la pobreza, y la desigualdad salarial, una de las mayores del mundo, no está mejorando”.
Por su parte, en el último informe sobre el empleo de la Secretaría de Integración Económica de Centroamérica (SIECA), somos el país del istmo que ofrece los salarios más bajos en toda América Latina.

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