MARTES 18 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23691 / ACTUALIZADA 05:30 pm





EL HUMOR DE




Reportaje especial
Trampas en “los clasificados”

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. Donde dice “masajista” léase “prostituta”, donde dice “persona de oficina con o sin experiencia” léase “vendedor de calle sin remuneración”... Los anuncios clasificados de los periódicos se han vuelto desde hace algún tiempo lugar de emboscadas para aquellos que llegan a sus páginas en busca de un empleo digno y decente. Una periodista de LA PRENSA postuló para ciertos trabajos que se ofrecen en los anuncios clasificados y ¡miren las sorpresas que se llevó!

Las mujeres, quienes recurren a los clasificados en busca de empleo.

 

Angélica Martínez R.
angelica.martinez@laprensa.com.ni

“Trabajo de oficina, medio tiempo, con o sin experiencia, ingresos de 2,200 a más, interesados comunicarse con...” El anuncio clasificado se repite una y otra vez; lo que siempre cambia es el nombre del contacto que aparece al final. Si nos atenemos a los anuncios clasificados, el trabajo abunda en Nicaragua; y los masajes deben ser una especie de “deporte nacional”, pues las ofertas de trabajo en este campo representan una de las secciones más gordas de los clasificados. No importaba la experiencia. El único requisito que ponen estos anuncios es que la muchacha (masajista) tenga entre 18 y 30 años. Dado que no exigen experiencia y me ubico en el rango de edad ¿por qué no ver de qué tratan estas ofertas de empleo?

Marqué al azar uno de los números que pedían masajistas, y una voz femenina me respondió que podía llegar el mismo día en la mañana. Sólo debía llevar una fotocopia de mi cédula de identidad. Llegué al lugar en completa actitud de desempleada y dispuesta a pasar la entrevista. ¿Qué tan difícil sería dar un masaje?

“MARIANE”

La dirección que me dieron me llevó a un sitio llamado Sol y Luna, ubicado en Bolonia. El lugar me pareció agradable. No tenía una decoración ostentosa, pero sí de buen gusto. Lo único que desentonaba frente a la estancia era un exhibidor de gaseosas, colocado a un lado de la computadora, que en ese momento era utilizada por el dueño del lugar, un alemán que se hace llamar “Michael”.

Fui recibida por un hombre de mediana estatura, flaco y como de unos 40 años. Me identifiqué ante él como la persona que había llamado para ocupar el puesto de masajista y acto seguido fui presentada con “Michael”. Aquél le indicó que ya sabía lo que tenía que decirme. Intercambiamos una sonrisa y luego lo seguí a una pequeña antesala.

Me preguntó la edad y me pidió la fotocopia de mi cédula, la cual le entregué. Luego preguntó acerca de mi experiencia.

“No tengo”, le respondí. Con cierto aire de desconsuelo por mi respuesta, prosiguió a explicar en voz baja las condiciones de mi trabajo.

“Lo que vas a dar son masajes eróticos y si el cliente lo pide, sexo. La tarifa que nosotros cobramos es de 200 córdobas por ‘masaje’ con abanico y de 400 con aire acondicionado. Si el cliente quiere que vayás a su casa son 500, la mitad de cada precio es para vos y la mitad para la casa. Si querés se te da el almuerzo, pero se te cobran 20 córdobas, más 10 diarios por el ‘derecho de estar aquí’”.

Mientras hablaba sentía que la habitación daba vueltas a mi alrededor.

“¿Te interesa?”, me preguntó.

Aún sorprendida y sin saber cómo, le dije que sí.

“Bien” se alegró, ahora escogé un nombre. “Nadie además de nosotros sabrá el verdadero”. Creo que debí estar rezando en ese momento, porque sólo se me ocurrió decirle Mariana.

“Mariane”, rebautizó él.

Una de las muchachas simpatizó conmigo y entablamos conversación. Creo que se sintió identificada, porque ella también era nueva y a las nuevas no les va bien al principio. Mientras me contaba buena parte de su historia, yo maquinaba la forma de librarme del lío en que me hallaba. ¿Qué iba a hacer si los clientes comenzaban a llegar?

“Ve, ¿aquí también te dan los condones?”, pregunté como al descuido en el transcurso de la plática.

“No, vos los tenés que traer”, me dijo. ¡Aleluya! Esa fue mi salida del infierno. Dije que iba a comprarlos y me despedí del lugar.

Luego regresaría como periodista a hacer las preguntas que me daban vueltas en la cabeza. ¿Por qué anunciarse como casa de masajes siendo una “casa de citas”? ¿Cuántas ingenuas habrán caído en el engaño y cuántas otras se habrán iniciado en la prostitución de esta manera? Al aturdimiento inicial siguió el enojo.

“CALIDAD TOTAL”

Seleccioné otro clasificado que ofrecía masajes: “Tantra, calidad total de lunes a domingo”. Una vez más llamé. La dirección quedaba en reparto Schick. Al oír el nombre del sitio no tuve dudas de lo que me iba a encontrar, pero esta vez iba a saber por qué engañan de esta forma a la gente que busca un trabajo honesto.

Eran como las 11:00 a.m. y todavía estaban limpiando el lugar que olía a cama y sudor. Una vitrina junto a la puerta exhibía algunos productos baratos de belleza, parte de un salón mal montado, instalado en el porche.

Llamaron a don Jairo y de uno de los cuartos salió un hombre con la camisa arrugada y a medio abrochar, en chinelas y caminando con una parsimonia que invitaba a la pereza. Se rascó la barba de tres días y se sentó a mi lado sin dejar de examinarme de arriba a abajo. Estaba de “goma”.

“¿Tenés experiencia en esto?”, preguntó, y ante mi negativa se levantó del sillón y le indicó a una de las muchachas que me explicara cómo era el ‘asunto’. Una joven de unos 20 años, alta y espigada, de tez morena y ojos grandes, se acercó y me dijo casi susurrante:

“Mirá, aquí se cobran 100 pesos, la mitad es para vos y la mitad para el dueño...”

En este momento la interrumpo y le digo que yo no tengo experiencia en dar masajes. “¿Quién me va a capacitar?”.

“Nadie, lo que aquí damos es sexo, si él te pide un masaje se lo podés dar...” Ella trata de seguir con la explicación del convenio, pero de nuevo la interrumpo haciéndome la sorprendida.

“¡Pero eso no era lo que decía el anuncio, yo vine porque necesitaban una masajista!”.

“Sí, pero cómo se te ocurre que en el periódico se va a poner lo que es realmente”, alegó en un tono que sonaba a ‘de qué te asustás’. Vuelve a retomar el hilo de su instrucción, pero esta vez la interrumpo para decirle que si es así, no me interesa el trabajo.

TRAS EL ANTIFAZ

Mi siguiente objetivo fue el otro anuncio que se repetía ofreciendo salarios de 2,200 córdobas “a más” y que no requería experiencia.

Llegué a una casa ubicada en Bolonia, exactamente de Ticabus dos cuadras al sur y media hacia arriba. Casa 906. Al llamar para concertar la cita me dijeron que la empresa se llama Corporación Gema de Nicaragua. Lo único que debía llevar era mi cédula, un lápiz y un cuaderno. Tenía que presentarme al día siguiente a las 9:45 a.m.

¿Qué sentiría alguien desempleado, en pleno mes de diciembre, si llama a un lugar donde ofrecen trabajo inmediato y le dicen que su entrevista es de inmediato?

No me esmeré especialmente en mi presentación. Me puse lo mismo de todos los días, pero en cuanto llegué me di cuenta de que el resto había sacado lo mejor del closet para acudir a su cita con el destino.

Desde que llegué sentí el clima de expectación que invadía a los “reclutas”. En sus caras se adivinaba la ansiedad por saber qué ocurriría con ellos. Por fin una de las encargadas comenzó la presentación.

“Esta no es una entrevista de trabajo”, aclaró, “es una reunión informativa donde se les dirá a ustedes los requisitos que deben llenar para optar al trabajo que estamos ofreciendo”. Acto seguido nos dejó con el conferenciante que nos diría paso a paso lo que deberíamos hacer.

Comenzó por decir que ese era un grupo de empresas especializadas en Mercadotecnia Avanzada (primera pista). Sus puestos de trabajo abarcaban áreas como capacitación a personal. Ellos brindan asesoría a empresas como la Tip-Top, Palí y La Unión.

También se dedican a la distribución e importación de perfumería fina francesa, pero en esas dos áreas su personal estaba completo. Lo que ellos necesitaban eran personas que se encargaran de la organización y supervisión de Recursos Humanos. ¿Acaso no se necesitan estudios o cierta preparación para eso? (segunda pista).

Existían supuestamente tres tipos de vacantes: la primera: auxiliar de oficina, ofrece un salario mínimo de mil 600 córdobas. Pero el cargo no ofrece posibilidades de mejoría salarial y tiene entre sus responsabilidades contestar teléfonos, realizar escritos en computadora, manejo de archivo, trabajar con los medios de publicidad, entre otras.

La segunda vacante es para supervisor de personal. A diferencia del otro puesto, en éste el esfuerzo es menor, no existe mayor responsabilidad que la de vigilar a los auxiliares de oficina para que hagan bien su trabajo, realizar reportes y manejar archivo. El sueldo es de mil 800 córdobas.

La última vacante de la lista es Coordinador de Personal. Dos mil de salario con posibilidades de incrementarlo, sólo debe vigilar a los demás y seleccionar al nuevo personal. El horario también es de medio tiempo. ¿Cuál puesto creen ustedes que eligió la mayoría? Hasta aquí todo súper atractivo.

Los requisitos que se ponían eran aprobar el examen de admisión que se realizó el mismo día, pasar el curso de desarrollo intensivo que dura una semana y culmina con una “prueba” que consiste en realizar un desplazamiento (colocación en puntos de ventas) de 25 fragancias (tercera y última pista).

Para no aburrirlos con el cuento, en resumen, esta empresa lo que hace es reclutar desempleados dispuestos a prestarse al juego. Es decir, que vendan o “coloquen” los productos que Corporación Gema, S.A. ofrece, eso sí, sin garantías de que su contrato se convierta en realidad, porque eso depende de que vendan todos los productos.

Pregunta: ¿Qué pasa con todas las comisiones no cobradas por los aspirantes que no logran clasificar? Según ellos, sí se las reconocen aunque no a todos, sólo a los que casi cumplen con la meta.

Difícilmente uno de los más de cien que se encontraban optando al cargo, quedó clasificado.
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