MARTES 18 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23691 / ACTUALIZADA 05:30 pm





EL HUMOR DE




El informe presidencial 2003

Según el informe sobre el ejercicio gubernamental del año pasado, que presentó el presidente Enrique Bolaños ante la Asamblea Nacional el recién pasado sábado 10 de enero corriente, Nicaragua se encuentra actualmente en una excelente situación. De acuerdo con ese informe (sus principales datos los publicó LA PRENSA el domingo 11 de enero) el país ha mejorado notablemente en los últimos años, particularmente en el 2003 que fue el segundo del quinquenio presidencial de Bolaños.

En realidad, es innegable la mejoría, sobre todo en la macroeconomía. De otra manera no se hubieran cumplido los requisitos para alcanzar el punto de culminación de la HIPC. Sin embargo el optimismo presidencial es refutado por economistas opositores e independientes. Éstos aseguran que aunque es cierto que en el ámbito de la macro-economía la situación del país está bien, sin embargo en lo que se refiere a la micro-economía —producción, precios, consumo, desarrollo humano— se encuentra muy mal, y esto es lo más importante porque afecta la vida real de la población. Y aseguran tales economistas que el país no ha colapsado sólo por la ayuda externa y las remesas de los nicaragüenses que viven en el extranjero.

Además, las cuentas alegres del presidente Enrique Bolaños son contradichas por las informaciones sobre la creciente emigración de fuerza laboral nicaragüense hacia el exterior debido a la falta de oportunidades en el país. Y las contradicen los sindicalistas, dirigentes de “organizaciones de masas”, representantes de la llamada sociedad civil y políticos opositores, quienes denuncian con expresiones alarmistas que el país está peor que antes, culpan por esto al Gobierno, a las privatizaciones, al neoliberalismo y la globalización, y anuncian movilizaciones callejeras inclusive violentas para protestar contra las deplorables condiciones de salario y existencia.

Pero la verdad es que el país no está tan bien como dice el presidente Bolaños, ni tan mal como aseguran los líderes políticos y gremiales sandinistas. Lo que sí puede asegurarse es que Nicaragua está ahora mejor que bajo el régimen sandinista, y que lo estaría mucho más si no hubiera sido por la piñata de 1990; por las asonadas “populares” del mismo año que impidieron una recuperación económica más dinámica y rápida del país; por la bárbara corrupción del Gobierno del ex Presidente Alemán; por el mercantilismo que desvirtuó las reformas liberales y el objetivo de las privatizaciones; por la ineficiencia gubernamental que es tan costosa o más que la corrupción, etc.

Es cierto que ahora los maestros siguen siendo muy mal pagados, lo mismo que los trabajadores de la salud, policías y otros empleados públicos indispensables, y por lo tanto es justo que reclamen mejores salarios. Pero no hay que olvidar que antes de la revolución sandinista un maestro de primaria ganaba el equivalente a 120 dólares mensuales, y 500 dólares el de secundaria, y que el régimen sandinista se los redujo a 10 dólares por mes en el caso de los maestros de primaria, y doce dólares en la secundaria; y que desde el establecimiento de la democracia en 1990 el sueldo de los maestros subió poco a poco hasta llegar en la actualidad a un equivalente de 100 dólares mensuales en primaria y 130 dólares en secundaria.

O sea que esos salarios siguen siendo bajos e injustos pero son diez veces más altos que en tiempos del sandinismo, cuyos líderes tratan ahora de engañar a las personas de buena fe con la descomunal mentira de que la situación del país ha empeorado bajo la democracia, y que era mejor la vida cuando ellos gobernaban por completo.

Lo cierto es que a pesar de todas las dificultades que sufre la población —de la que una buena parte vive en extrema pobreza— la situación del país es ahora mucho mejor que en tiempos del régimen sandinista. Inclusive, el sólo hecho de que hay libertad de expresión y desapareció el temor a las represiones, a la persecución de la Dirección de Seguridad del Estado, al espionaje e intimidación de los organismos de masas sandinistas, y a las confiscaciones, es una clara e inequívoca demostración de que la peor desgracia que le podría ocurrir a los nicaragüenses sería volver en una u otra forma a aquellos tiempos sórdidos y dolorosos.
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