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Francisco Umbral: “Los metales nocturnos”

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Umbral en un momento de la entrevista.

 

Juan Manuel González

Reconocido a la vez en el ámbito de la narración y en el del trabajoso arte del columnismo diario, Francisco Umbral (Madrid, 1935), remacha estos días su obra con la aparición de su novela “Los metales nocturnos”, centrada en el dibujo personal de situaciones, personajes y paisajes urbanos, tan queridos a su pluma, a su imaginación y a su sutil capacidad de observación. Conversar con él acerca de esta nueva entrega narrativa, así como sobre su visión de la literatura, en el espacio donde crea, su hogar de la madrileña Majadahonda, constituye un placer singular e ilustrativo.

Esta novela, como otras de sus obras anteriores… “Trilogía de Madrid”, “Madrid 650” o “Madrid, tribu urbana”, tiene como eje lo urbano; es decir la vida y los perfiles humanos. ¿A qué se debe esta mantenida tendencia suya a tratar asuntos urbanos?

Quizás a que yo soy un chico de ciudad. Soy de Madrid, y cuando conocí los pueblos comprendí que no podría vivir en uno de ellos. Creo que lo pasaría mal en un pueblo. Me interesan las ciudades, y puesto a crear un personaje, prefiero crearlo urbano. Conozco el lenguaje de la ciudad, sé cómo habla un empleado, no un labrantín, y conozco los pensamientos del primero, pero no los que pueda tener el segundo. Además las ciudades cambian mucho, y eso las hace aún más atractivas literariamente. Cambian, sino estarían muertas… piense que la Atenas de hoy tiene poco que ver con la que era en la época clásica. La ciudad está viva porque cambia. Y el escritor muestra esos cambios, fijándolos por otra parte en el tiempo. Yo hago crónicas urbanas, como “Trilogía de Madrid”, crónicas que en ocasiones han tocado, entre otros años, los que van del franquismo a la transición…

Ese trabajo narrativo, aplicado al asunto urbano, implica la creación de personajes representativos de un espacio y un tiempo, por un lado, y accesibles para el lector, por otro. ¿Cómo lleva a cabo la creación de esos personajes?

Mis personajes suelen ser mixtos, mitad realidad, mitad ficción. En ellos es fundamental el lenguaje. Cada personaje tiene que poseer un lenguaje propio. Una marquesa no puede tener el mismo lenguaje que un macarra…

Con personajes mixtos y con unos espacios observados realmente, su trabajo se acerca a las lindes del realismo… ¿pero puede una obra literaria ser en sentido estricto realista?

Todo novelista trabaja igual… intenta trascender la realidad, transformarla en algo más bello o más tremendo, pero también más comprensible. Para comprender la realidad hay que llevarla a sus límites. Lograr que la gente se confiese.

EL REALISMO ES MENTIRA

¿Eso quiere decir que el realismo integral existe, o más bien que es imposible?

El realismo nunca llega a ser realismo. Es mentira. Ni siquiera en una memoria. En las memorias, el personaje que narra, por el sólo hecho de hablar de él mismo, se vuelve literario. El último hallazgo del llamado realismo fue la literatura social. Entre nosotros, los españoles, ya estaba en la picaresca, y luego en Galdós. En nuestro siglo aparece el socialismo; esto da fundamento y sentido a la novela y a la poesía realista en su vertiente social. Ya se pasó la época del realismo social. De vez en cuando aparece algún libro que trata de revitalizarlo, pero son sólo deseos de renovar una fórmula. Ahora, por ejemplo, puede denominarse realista a una novela que da una visión de la guerra civil, aunque no cuente lo que fue la guerra civil…

De todo esto se deduce que la novela social, con mensajes políticos, es algo artificioso, o al menos contraproducente…

La novela no tiene objetivos, y si los tiene está perdida. Si una novela tiene objetivos políticos es una mala novela. La novela se hace a sí misma.

Una de sus mejores novelas, o la mejor para la mayoría de los críticos es “Mortal y rosa”. En ella hay un distanciamiento muy evidente del realismo…

“Mortal y rosa” se da por mi mejor obra, y sus páginas han sido muy traducidas. Algunos críticos creen, sin embargo, que es mejor “Un ser de lejanías”, obra donde se vislumbra un singular viajero en el tiempo. Cuando pensé escribir “Mortal y rosa” me di cuenta que caer en el realismo era destrozar el libro. Su tema central, el niño y la muerte, poseían un lirismo. El libro debía contener lirismo en prosa.

LA POESÍA EL GÉNERO PREFERIDO

Lirismo en prosa… eso puede rondar lo poético. ¿No se ha sentido nunca atraído por la poesía, por escribir versos?

La poesía es mi género preferido. Tal vez mi próximo proyecto sea un libro de poemas… pero aún no tengo título ni estructura para él. La poesía, en especial la de José Hierro, me interesó siempre mucho. Fue un descubrimiento de juventud, y él y yo nunca dejamos de ser muy buenos amigos. Él se rebeló contra la etiqueta de “poesía social”. No necesitaba esa etiqueta para demostrar que era de izquierdas, su vida lo probó con creces. Y en sus libros ha reflejado de una u otra manera su vida, con sus horas dramáticas y sus horas felices. Quizás “Quinta del 42” fue el libro donde más claramente muestra una determinada etapa de su vida. Me decía en ocasiones “haz versos, tú eres poeta”. Pero yo le recordaba que vivía de la prosa, que no podía perder el tiempo y las energías en hacer versos.

Tanto en prosa como en poesía, el autor transmite además de sentimientos, ideas. ¿Esa transmisión de ideas es connatural al acto de la creación literaria?

Sentimientos y pensamientos pueden ir unidos en el trabajo literario. Pero hay que tener cuidado con conceptos como el de “intelectual comprometido”. Esto se lo inventó Sartre y tuvo mucho éxito, pues los años del “compromiso” como palabra clave existieron realmente. En España hubo una generación entera dentro de ese concepto, aunque la mayoría de sus integrantes no eran buenos autores. Otros eran trabajadores cuidadosos de la palabra, como Leopoldo de Luis, a quien ahora han dado el Premio Nacional de las Letras. Su poesía actual ya no es, lógicamente, tan social como antes:

EL ARTE, COMO LA LITERATURA, TIENE UNOS EFECTOS…

Respecto a los efectos de la literatura, y concretamente de la novela, en el lector, creo que en la narración el texto tiene que interesar al lector. Eso es una servidumbre para un novelista. Se han hecho algunas novelas que no han caído en esa servidumbre, pero hoy por hoy el lector sigue esperando, sobre todo, la intriga. Hay libros que revelan cosas, libros que hacen al hombre mejor, pero la intriga y el compromiso son cosas distintas.

Todo escritor tiene autores de cabecera ¿cuáles serían esos autores o esas obras en su caso?

He admirado siempre a Proust y a Valle-Inclán. El primero llevó a cabo una revolución absoluta de la novela. Los volúmenes de “A la búsqueda del tiempo perdido” son unas memorias, pero en éstas se anuncia la nueva novela europea. En Valle-Inclán, a su vez, todo se encuentra bien hecho… el lenguaje, la trama, los personajes… La diferencia principal entre ambos reside en el pulso. Proust era más lento, lo cual, entre otros, exasperaba a Ortega. Valle-Inclán, en cambio, era relampagueante, de párrafos cortos… por eso hizo tanto y tan buen teatro. En cuanto a los autores que no me gustan, le diré solamente que aquellos que no me gustaban de joven, siguen sin gustarme.

Bien, respetemos la discreción en cuanto a esos nombres… Pero si quisiera que me indicara como, a su juicio, se escribe en términos generales hoy en España…

En general, ahora se escribe mal. Tal vez por influencia de los medios audiovisuales. Sin embargo, entre nuestros escritores hay que distinguir tres niveles: Primero, el del escritor que acierta en la escritura y en la redacción. Segundo, el del escritor que redacta correctamente pero no escribe. Y tercero, el del escritor que escribe mal y redacta mal.

Desde la experiencia de su trabajo literario ¿qué consejos daría a nuestros jóvenes escritores?

En primer lugar, que escriban bien. El gran defecto de la novela española actual es que suele estar muy mal escrita. Y luego que lean a otros autores, como los latinoamericanos. A autores venidos del otro lado del mar que han demostrado que escriben mejor que los españoles. Rulfo y García Márquez en vanguardia. La mayoría de los escritores latinoamericanos de los años 60 y 70 fueron muy beneficiosos para la literatura española. Son ejemplos a seguir. EFE  
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Francisco Umbral: “Los metales nocturnos”


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