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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 10 DE ENERO DE 2004
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¿Darío liberal?

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.Las relaciones entre Rubén Darío y José Santos Zelaya abordadas en el libro de Wilfredo Navarro

 

Arnulfo Agüero

“La Revolución Liberal de 1893—El General Zelaya y Rubén Darío”, escrita por Wilfredo Navarro, con apoyo de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, más que un libro literario es político; la única finalidad es argumentar que Darío era un connotado liberal.

Navarro, miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, aborda que el eje central de su pensamiento, es profundizar sobre la vida política y familiar del ex presidente Zelaya y las correspondencias que éste mantuvo con Darío.

La publicación reúne algunos acontecimientos que precedieron el inicio y caída de la Revolución de 1883, hasta el incidente sospechoso de la trágica muerte de José Santos Zelaya López (1853-1919), caudillo de la revolución liberal, en su suite del hotel Victoria, Nueva York, el 17 de mayo de 1919; donde se perdieron sus condecoraciones y un anillo de brillantes; así como el retorno de sus restos en una caja de zinc en octubre de 1930, después de permanecer once años en una capilla. Acerca del enigma de su muerte, afirmó que este era un hombre que gozaba de muy buena salud, y que esto es verificable, por lo que el “misterio de su muerte o envenenamiento debe de ser aclarado, ya que hay presunciones de su asesinato”.

Sobre este contexto político se desenvolvió Rubén, nos señala Navarro en su polémico libro rojo. Retomando parte de su biografía, nos continúa recordando episodios, escritos por el mismo bardo sobre sus “orígenes liberales”.

Navarro comenta que Darío y Zelaya, por años mantuvieron una amistad epistolar, más allá del mero protocolo. Sin embargo, es conocido que de la totalidad de la correspondencia intercambiada entre ellos sólo se conoce una parte, a través del libro escrito por Alberto Ghiraldo titulado “El Archivo de Rubén Darío”. Según Navarro, Rubén se adhirió a la causa nacionalista y centroamericanista del presidente Zelaya. Las múltiples correspondencias diplomáticas lo avala, así como algunos artículos y poemas de elogio a la figura de Zelaya e ideal de libertad y patria. Un artículo que publicó Darío en su libro “Intermezzo tropical” define a Zelaya como un “caballero culto; en tanto sus enemigos lo hacían aparecer como el perturbador de la paz centroamericana, un sátrapa, terrible y cruel, o un oscuro sultán latinoamericano con espadón o machete”. Darío hace algunas anotaciones de su azarosa vida diplomática durante los gobiernos de José Santos Zelaya y José Madrid, esto explica a su manera el profesor Edelberto Torres, en sus notas, dejando ver que era de admiración y respeto; y poniendo en claro que Zelaya no leyó los libros de Darío, pero sí escuchó algunos poemas de su viva voz. En 1901, Rubén había dedicado al propio Zelaya su libro “Peregrinaciones”, en reconocimiento al “impulsor del progreso en Nicaragua”.

Otro que se ocupa de esta historia común es Charles Stansifer, profesor de Historia y Director del Centro de Estudios Centroamericanos de la Universidad de Kansas. En su ensayo inserto por Navarro en su compendio, explica que “existe una barrera adicional que los críticos deben entender; los que han sido empujados por un sentimiento antidictatorial y especialmente por la pésima reputación de Zelaya. Los escritores centroamericanos y de otros países, han llegado a la conclusión que no pudo haber existido una relación profunda entre el gran genio y el despreciable dictador. La narración detallada que nos da Edelberto Torres sobre la dramática vida de Darío provee una buena idea de la aceptada interpretación: Zelaya mismo, nos dice que “no tiene la capacidad para saber quién es Rubén Darío, así como tampoco, el impacto que éste pudo haber tenido en su país”.

“Irónicamente, los poetas centroamericanos de la era post-modernista han tendido una especie de sombra sobre su grandeza porque “no era de los nuestros” (comenta Pablo Antonio Cuadra), y cambió a Nicaragua por los oasis europeos y sudamericanos para los extranjeros es como si una figura tan grande no hubiera podido desarrollarse en un escenario tan pequeño e insignificante como Nicaragua; y para los centroamericanos, el gran poeta le dio la espalda a su tierra natal, al irrumpir en el teatro universal”. Este era el Darío, figura estelar del modernismo literario que mantuvo una amistad accidentada con un Zelaya en descenso y caída.

Estos atributos controversiales universales asociados al pensamiento y descrédito internacional del gobierno de Zelaya hace más difícil su aproximación e interpretación ontológica. Según el mismo historiador Stansifer, el presidente Taft expresó en 1909 que “Zelaya era una mancha en la historia de Nicaragua”; de acuerdo a Taft, los crímenes de Zelaya incluían, hostilidad hacia los intereses de los Estados Unidos, maltrato a sus opositores políticos, e interferencia en los asuntos de los países vecinos. Esa declaración obviamente buscaba justificar la intervención militar contra Zelaya, quien se había convertido en parte de una nueva mitología latinoamericana, integracionista y antiimperialista.

Entretanto para el académico de geografía e historia, Roberto Sánchez, quien prologa este texto, considera que en cuanto al General José Santos Zelaya López, es valedero repetir la frase de José Martí —sugiriendo una clara amnistía histórica o revisión de causas perdidas, revoluciones perdidas o paraísos perdidos de los caudillos latinos independentistas—: “A Bolívar, de Venezuela; San Martín, del Río de la Plata; Hidalgo, de México y Zelaya, de Nicaragua, se les debe perdonar sus errores, porque el bien que hicieron fue más grande que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas; los desgraciados no hablan más que las manchas; los agradecidos hablan de la luz”, concluye en su reflexión latinoamericanista.  
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¿Darío liberal?