Diputados
Zacarías Chamorro
El problema con muchos nicaragüenses es que se regocijan en la vanidad personal con suma facilidad. Pareciera que la hombría del nicaragüense fuera frágil y sujeta a halagos y fantasías sobre la inmortalidad y el ego.
Con muy pocas excepciones, el político nicaragüense cree que cuando llega a un puesto éste será eterno. Se vuelve altanero, patán, soberbio y se hace de muchos enemigos. Pero cuando el puesto termina, como dice el doctor León Núñez, vuelve a saludar a todo mundo con mucha amabilidad.
Los diputados deben facilitar la inversión extranjera, aprobar leyes visionarias para el progreso de la Patria y nombrar a los funcionarios más capaces. Para realizar esta tarea los diputados tienen que reunirse con profesionales y empresarios y otras personas. Deben escuchar con independencia pero también con espíritu de servicio a los “clientes políticos” que les toca recibir por razón del legítimo proceso democrático.
Pero en vez de eso el diputado se ensoberbece en una vanidad rayana en lo ridículo, se hace esperar por horas, no recibe a los que tiene que recibir y si los recibe los trata como si les estuviera perdonando la vida..
Espero que los diputados pongan su barba en remojo y nos den un año de gobernabilidad en este 2004. Y que se bajen de ese “caballo blanco” que no les luce.

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