Ella y el río
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Tatiana Parcero. Cartografía interior. |
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Abelardo Baldizón
Destello de ópera entre los matices azules, y violetas, o rojos de sangre, de las nubes, en el aire leve la voz se disipa sobre la suavidad ascendente se precipita, escapa en las oquedades del mutis.
Los bemoles tersos hacen vibrar la piel, diluyen lo convexo en la faz agitada.
La carne sonora se entrega a la voraz vaguedad musical se esfumina en giros difusos, gemidos exangües: ella en agonía.
Sus ojos cristalinos aguardan el arribo estrepitoso.
El río convulso, fugaz va con destino solemne choca incesante en su raudal.
Imperturbable se agita. Algo espera, un lugar a donde ha de ir. Todo fluye se alza, es avalancha, se ensancha explota ante sí, en sí mismo se cae, decae en partículas que le excitan la yesca agitación hidroacústica.
Sumergida en las frías aguas nubes negras se levantan. 
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