Poesía colombiana
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Dixon Moya. |
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Dixon Moya
La biblioteca
A la biblioteca Luis Ángel Arango. Una biblioteca se reconoce por sus sonidos y sus silencios. Las pisadas por los pasillos los cuchicheos y las risitas de las niñas. El pasar rápido de las hojas al ojear. El sonido de los ojos al leer, el silencio de las bocas al callar.
Los libros de la biblioteca
Son como las mujeres públicas: Se usan, se toman se manosean, se ojean; son deseados, pero no amados.
Son utilizados cuando hay una gran necesidad, cuando hay curiosidad, siempre de afán y en voz baja pero nunca se llevan a casa.
Y al final terminan sucios, arrugados e incompletos.
Te esperé en la biblioteca
durante tres libros, dos revistas y un aviso que pedía silencio como verás, durante mucho tiempo.
No llegaste, a pesar de desesperarte.
Así que no pude seguir con tu lectura con la lectura lenta y compleja de tus ojos, tus gestos y otros intrincados capítulos. (A D.E.).
Introducción y epílogo
A Carmen Rosa, mi nudo ciego. Uno camina por la vida haciendo nudos de cariño que la muerte se ocupa en desatar.
Dulcinea
Sigo cabalgando sin montura a través de los días levantando polvo en mi caballo viejo potrillo de dos patas. Sigo cabalgando sin lanza ni escudero no hay molinos con brazos de viento ni enanos ni gigantes menos caballeros andantes sólo hay una imagen. Sigo cabalgando atrás queda una leve mancha con fecha y nombre guardada en el horizonte. Sigo cabalgando aunque todavía no restauro honores ni levanto entuertos. Lucho por mi Doncella por lo menos con su ausencia, con el recuerdo de todos sus defectos que la hace tan perfecta.
Selección del libro inédito POESILENCIOS 
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