Balance y esperanzas
Desde que los antiguos egipcios establecieron la costumbre de celebrar la llegada del año nuevo, los pueblos de todas partes del mundo aprovechan esta oportunidad para hacer un balance de lo bueno y malo que ocurrió en el año que finaliza y depositan sus esperanzas en que todo sea mejor en el siguiente.
Los egipcios tenían fundadas razones para celebrar el año nuevo. En su calendario el año comenzaba cuando la estrella Sirio —la más brillante de la constelación del Can Mayor—aparecía por primera vez, después de una prolongada ausencia, sobre el inmenso desierto oriental. Esto coincidía con el comienzo de la crecida del divino río Nilo, que en ese período se desbordaba, inundaba los suelos aledaños y los fertilizaba, para hacer posible las grandes cosechas que hicieron rico y poderoso al antiguo Egipto. Por eso los egipcios celebraban con grandes fiestas la llegada del año nuevo.
Como fuera, la humanidad en su conjunto y las personas en lo particular no pueden existir sin llevar un recuento cronológico de sus logros y reveses, en parte para establecer la diferencia entre uno y otro año de sus vidas y además para aprender de las experiencias propias y ajenas. Pero también los humanos no sólo viven de realidades sino también de ilusiones y esperanzas, y por eso con cada advenimiento del año “nuevo” se desean felicidad y confían en que en el nuevo año les irá mejor que en el anterior, o que al menos no será tan malo como el que finaliza.
Precisamente por eso es que en estas fechas las páginas de LA PRENSA y de todos los periódicos del mundo se llenan de recuentos sobre las informaciones más importantes que se dieron a conocer durante el último año. Y si ése es el caso, tener la satisfacción de comprobar que en el balance de noticias malas y buenas salimos ganando a pesar de todo.
Al respecto, en términos generales se puede asegurar que el balance en Nicaragua es positivo en efecto, pues es evidente que ahora hay más gente trabajando que hace un año, más dinamismo en la actividad productiva, comercial y financiera, más vehículos automotores en las calles y carreteras; aunque inevitablemente también hay más pobres en el país porque no se puede reducir la pobreza si se produce más personas que riqueza material, es decir, si el crecimiento poblacional es mayor que el aumento de la producción material.
En la vida socio-política hubo este año hechos trascendentales, como el proceso y condena por corrupción al ex presidente Arnoldo Alemán, un hecho sin precedente en toda la historia nacional. Igualmente fue positiva y alentadora la negociación para el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica con Estados Unidos (Cafta, por sus siglas en inglés), pues no cabe ninguna duda que sólo la participación en el libre comercio y la globalización es la que podrá hacer que Nicaragua se desarrolle y modernice, no sólo en el ámbito económico sino también política y culturalmente.
¡Ah! Pero también el 2003 fue el año en que fracasó un siniestro intento de los caudillos políticos obsoletos y autoritarios para hacer otro pacto con el propósito de volver a repartirse el poder político y económico del país, violar el orden legal de la República y abusar de las instituciones democráticas.
Y aunque ser considerado como un país miserable y moroso no puede ser motivo de orgullo para nadie, sin embargo debe considerarse como un logro el cumplimiento de los requisitos del programa HIPC, al menos porque se reducirá la deuda externa que hicieron crecer desmesuradamente los políticos irresponsables y corruptos que han gobernado a Nicaragua, y porque —tal vez— se podrá destinar algunos recursos a promover el desarrollo nacional en vez de entregarlos a los acreedores internacional.
Y fieles a la tradición eminentemente humana de ilusionarse o tener esperanzas en que el año nuevo será mejor que el anterior, y aunque no tengamos las razones justificadas que tenían los antiguos egipcios por la llegada de la esplendorosa luz de Sirio, hacemos votos por un ¡Feliz Año Nuevo! para todos los nicaragüenses, en cualquier parte del planeta donde se encuentren, igual que para todos los hombres y mujeres de buena voluntad que pueblan la Tierra.

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