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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 18 DE DICIEMBRE DE 2004
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Darío: Las musas de carne y hueso

Foto  
.Un breve perfil de Rosa Sarmiento y Rafaela Contreras, la madre y primera esposa de Rubén Darío

Las musas del poeta, óleo sobre tela. Cecilia Lacayo.

 

Margarita López Miranda

Un primer intento del tema sobre la madre y la primera esposa de Rubén Darío lo escribí en 1995, con motivo de la repatriación de los restos de doña Rosa Sarmiento, desde San Salvador hasta Chinandega, su ciudad natal, que la recibió con solemnidad y cariño. Sabemos que al morir doña Rosa fue enterrada en el mausoleo de la familia Trigueros, junto a Rafaela Contreras, con dos años de diferencia (1893, esta última; 1895 la primera). Para la ocasión señalada (1995) me invitaron a participar en la velada fúnebre los organizadores del evento.

Varias fueron mis motivaciones para ese trabajo, cuya concepción era más amplia, pero que resultó pequeña debido a las circunstancias personales dolorosas de ese momento: mi esposo, el profesor Fidel Coloma González, había fallecido hacía poco más de un mes (27 de marzo). Sin embargo, el amor por mi gran compañero, el recuerdo de su magisterio dariano, se convirtió en parte de las fuerzas que me dieron aliento para escribir esas primeras y breves páginas.

Otros motivos para abordar el tema (contando por supuesto con la razón principal que me llevaba a Chinandega: rendir homenaje a la memoria de doña Rosa, progenitora de nuestro máximo poeta) fueron: en primer lugar, mi conciencia de mujer, que me creaba lazos de identidad con esa otra mujer del siglo antepasado, por quien sentía respeto y conmiseración a la vez, a juzgar por su biografía. En segundo lugar, lo que consideraba un deber dariano: aportar algunas modestas ideas a este acontecimiento íntimamente vinculado con la vida de Darío. En tercer lugar, una relación familiar, aunque lejana, con el personaje de doña Rosa. Y es que, según me contaba mi madre, cuya familia es originaria de Corinto y de Chinandega, había un parentesco entre mi abuela materna, Isabel Hernández Sarmiento, con la que llamaba “Tía Rosa’’. Era nada menos que doña Rosa Sarmiento, madre de Darío. La sola posibilidad de ese lazo familiar me produce inevitablemente una especial emoción y feliz orgullo.

¿Por qué juntar en el mismo ensayo a Rosa Sarmiento y Rafaela Contreras? La una es madre y la otra primera esposa de Darío, muerta muy joven y elevada al plano ideal por el desgarrado cantor. Jamás se repondría Rubén de la ausencia de su Stella, como llevaría siempre la huella sicológica de ser hijo de matrimonio desavenido. Esta marca influiría en su carácter melancólico, tímido y en su conocida errabunda. El drama del poeta será el drama de Rosa, su madre, pues Manuel García o Manuel Darío, mal padre y peor marido, y las convenciones sociales de esa época, promovieron una unión conyugal destinada al fracaso, dejando a la madre y al hijo inmortal sometidos a un drama moral y psicológico que afectaría de una y otra forma los destinos de ambos. El profesor Fidel Coloma sintetiza ese hecho crucial en la trayectoria del poeta: “por las desavenencias de sus progenitores, que pronto se separan, se cría al cuidado de su tía abuela, doña Bernarda Sarmiento y del esposo de la misma, el coronel Félix Ramírez Madregil. Esto provoca en él inseguridad emocional, un sentimiento de frustración que se manifestará a lo largo de toda su poesía (Introducción a Rubén Darío. Antología. Verso y prosa. Managua, MED, 1991).

LOS AÑOS POLÉMICOS: EL ENCUENTRO DE RUBÉN Y SU MADRE

La relación entre Rubén Darío y su madre, a quien vio de niño fugazmente y conoció muchos años después, ha sido muy discutida. Aparte de toda polémica, me llama la atención que el cuerpo de doña Rosa descansa en la tumba de la familia Trigueros, junto a su nuera Rafaelita Contreras y al padre de ésta, el tribuno Álvaro Contreras. Así lo relata don José Jirón Terán, eminente dariano leonés, en su artículo Doña Rosa Sarmiento de Darío (Revista Enfoque. Publicación conmemorativa. Homenaje a Rosa Sarmiento, Miami, 1995). Esa cercanía está llena de significados, por lo menos significa reconocimiento y estimación para la madre del poeta. Para efecto de este trabajo resulta una asociación metonímica trascendente: dos cuerpos, dos amores, dos dolores en la vida del poeta. La madre, con la que casi nunca vivió y le dejó un hueco en su desarrollo de niño. La esposa ideal, además escritora, arrebatada por la muerte cuando pudo Rubén formar un hogar estable y feliz.

RELACIONES DE MATERNIDAD Y PASIÓN

Las dos lo habían amado mucho, mas lo perderán en circunstancias dramáticas: Rosa, escindida entre su ser de madre y de mujer. Rafaela, en medio de la dicha de tener al hombre-poeta amado y admirado, dueña de un talento literario propio que comenzaba a brillar, mas vencida prematuramente por la maternidad que la debilitó hasta fallecer.

Me propongo tratar el tema de Rosa Sarmiento y Rafaela Contreras desde una especial perspectiva, la del relato de Rosario Aguilar, extraordinaria narradora leonesa, titulado Rosa Sarmiento (1968) y la del comentario biográfico y crítico de la doctora Evelyn Uhrhan de Irving, con el que introduce su presentación de los Nueve cuentos de Rafaela Contreras de Darío (Stella), editado por esta catedrática emérita en 1995. Incluyo, por supuesto, referencias a opiniones y comentarios críticos autorizados, especialmente, a más de la insustituible biografía de don Edelberto Torres Espinosa, La dramática vida de Rubén Darío, el ensayo del escritor costarricense Alfonso Chase Stella; Entre el silencio y la palabra, y la obra El poeta pregunta por Stella de María Teresa Sánchez, poeta y promotora cultural nicaragüense.

HISTORIAS NOVELADAS

En cuanto al primer texto, el relato de Rosario Aguilar, siempre me conmovió, tanto por su belleza lírica como por la hondura sicológica y modernidad del tratamiento que da el personaje. Se trata de una historia novelada. Según la síntesis que hace la doctora Nydia Palacios, principal estudiosa de Aguilar, en su trabajo La novela nicaragüense en el siglo XX (Revista Iberoamericana. Universidad de Pittsburg, 1989). “Es una recreación de la vida de la madre de Rubén Darío. La protagonista rompe los cánones que impone una sociedad machista. Ella, casada por conveniencia, no soportaba vivir con un hombre mujeriego y mayor que ella. Él es el prototipo de la paternidad irresponsable. Cuando Rosa se enamora de un joven que ha llegado a León, pese a la censura de su familia y de la gente, se escapa con él llevándose al niño”. Hay aquí un conflicto básico: el de Rosa como mujer y como madre. Es y quiere ser las dos cosas a la vez y no deja de ser ninguna de ellas. El debate íntimo, revelado por Aguilar mediante las técnicas de introspección y autoanálisis es intenso y oscila como un péndulo entre el deber y ternura maternos y las ansias de liberación femenina.

El segundo texto, el de la doctora Irving, estudiosa dariana y especialista en el período guatemalteco de Darío, es un escrito académico. Incluye un prefacio y dos capítulos iniciales en los cuales reseña y comenta elementos biográficos y literarios de Rafaela Contreras Cañas. Se refiere a ella en su doble aspecto: como persona y primera mujer del poeta y como literata. El énfasis e interés principal reside en este segundo aspecto: se trata, pues, de un comentario crítico, no exento de afectividad y simpatía por el personaje comentado y constituye un breve estudio introductorio a la edición de los nueve cuentos de la fugaz escritora salvadoreña, descubiertos (algunos), recopilados y publicados en la segunda edición del 1995 por la académica norteamericana.

La atención focal de Irving en sus investigaciones relacionadas con Rafaela Contreras era la de localizar las narraciones y prosas poéticas de la juvenil escritora que en tan sólo un año logró el reconocimiento de su calidad literaria, comenzando por el mismo Rubén y otros modernistas del momento. El tiempo había sepultado sus creaciones en archivos de periódicos y bibliotecas de Guatemala y El Salvador. A instancias del doctor Antonio Oliver Belmas, el empeño de doña Evelyn sirvió para mostrarnos una vez más las pruebas de una escritura valiosa de mujer, de una creación literaria inspirada en el nuevo canon estético inaugurado por Darío en la prosa poética de Azul... a la que imita con un bello estilo, a tal punto que se llega a confundir algunas de estas producciones con las del propio maestro del Modernismo. (Hay que recordar el invaluable trabajo de hallazgos y difusión de don Diego Manuel Sequeira, quien dedicó un capítulo de su obra Rubén Darío Criollo en El Salvador a Rafaela Contreras, donde incluye seis de sus narraciones.).

Las observaciones de doña Evelyn sobre la personalidad, biografía, y obra literaria de Rafaela me han suscitado asociaciones que considero de interés y que condenso en la fórmula de mujer/literata.

Se trata de ver al personaje y sus principales facetas: como persona, con sus cualidades y valores, nacida dentro de una familia y una clase que la colocan en posición ventajosa dentro del medio social en que vive. Allí la frecuenta Rubén. Es ventaja ser mujer inteligente, culta, creadora, todo lo cual afirma su individualidad y la hace visible, digna de ser tomada en cuenta por el joven maestro de la nueva estética hispanoamericana. La distingue también ser la esposa de Darío, de quien se enamoró de inmediato y al que admiró y comprendió en su corta vida matrimonial.

Nos preguntamos: ¿se convirtió en escritora motivada por la pasión romántica que sentía por el ya famoso poeta nicaragüense? ¿Cómo la consideraba Darío y el medio intelectual en razón de sus méritos de escritora? ¿Qué ventajas representaba el reconocimiento de sus valores intelectuales frente a la sociedad de su tiempo? ¿Habrá en el fondo una forma sutil de subordinación en la misma producción literaria de Stella y en cuanto a la forma de reconocimiento por parte de Darío y el sistema de valores culturales prevaleciente de tipo androcéntrico?

¿Y cómo catalogamos la situación de estas dos mujeres, Rafaela y Rosa, que vivieron en el mismo siglo, fueron esposa y madre respectivas de Rubén Darío, pero que estuvieron marcadas por signos tan diferentes en el devenir de sus existencias? Despejar algunas de estas interrogantes es parte del cometido en el presente ensayo.  
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Darío: Las musas de carne y hueso


Natividad


La primera piedra