¿La tregua de Navidad?
Con los aires navideños y los villancicos y sones de pascua anunciando en forma cada vez más continua y persistente la proximidad de la milenaria celebración del nacimiento de Cristo, irrumpen, en medio de la guerra de descalificaciones y palabras duras y endurecidas, signos que parecen sugerir la posibilidad de un entendimiento.
Primero la carta del Presidente de la República dirigida a los líderes de los principales partidos políticos, luego la respuesta afirmativa de Camino Cristiano y el Partido Conservador, y ahora la propuesta de Daniel Ortega presentando la agenda con los puntos que deberían ser discutidos en el diálogo. En medio de ello, la visita de Humberto Ortega al presidente Bolaños en El Raizón para respaldar la invitación al diálogo, y la invocación a la paz del cardenal Obando al bendecir la Gala de Navidad auspiciada por la primera dama, en el Teatro Nacional Rubén Darío.
El mensaje es claro, a pesar de las palabras demoledoras y las acusaciones recíprocas, Bolaños y Ortega están dispuestos a hablar de nuevo y Obando a estar presente en ese intercambio. Afortunadamente, lo que parecía irreversible, no lo era y a pesar de todo, desconfianza fundamental incluida, es posible llegar a un entendimiento, o al menos, iniciar la negociación y alcanzar determinados acuerdos.
Los signos no pueden ser más inequívocos; hay un cambio en el contexto político, aunque no se sepa cuál deba ser su duración y aunque los cambios sean lo constante y permanente en la forma y fondo de hacer política en Nicaragua. En todo caso, estas modificaciones no alteran sino más bien confirman la lógica del ejercicio político nicaragüense. Por eso, la paradoja sigue siendo el común denominador de ese estilo particular, las situaciones de excepción son la regla general y lo coyuntural es lo permanente.
La lógica del círculo que de manera incesante gira sobre su eje viene confirmada una vez más. Todo pasa y todo vuelve para volver a pasar y para regresar de nuevo. El asunto es la velocidad con que la rueda gira, o dicho de otra forma, la duración, alcance y profundidad que los acuerdos tengan.
Como quiera que sea, las cosas van produciéndose poco a poco. En su carta Daniel Ortega presenta diez puntos, uno de los cuales, el número tres, define el diálogo como un encuentro que debe apuntar “a resolver los graves problemas de salud, educación, desempleo, pobreza y abandono de las mayorías de los nicaragüenses del campo y la ciudad”.
Además y entre los diferentes temas de la agenda presentada por el Secretario General del FSLN, se propone, en el número nueve, que “el proceso de diálogo se inicie después de la instalación de la nueva junta directiva de la Asamblea Nacional, que se realizará el 10 de enero del año entrante”. Por otra parte, en el número ocho, se define a la Asamblea Nacional como “el foro democrático y legítimo por excelencia, para instalar el debate y proponer soluciones a la crisis del país...”
Sin perjuicio de que es legítima y además necesaria la preocupación por los graves problemas económicos y sociales como salud, educación, desempleo y pobreza, entre otros, los que sin lugar a dudas deben ser objeto de acuerdos estratégicos entre la Presidencia y las fuerzas políticas que participen en el diálogo, no puede obviarse, sin embargo, el tratamiento de temas fundamentales a la estabilidad de Nicaragua, como la profunda crisis institucional que padece el país a consecuencia de la serie de decisiones adoptadas por la Asamblea, específicamente por las reformas constitucionales que cambian, sin que la Asamblea tenga potestad para ello, el sistema político nicaragüense.
Debe quedar claro que el diálogo, con la participación de los partidos políticos representados en la Asamblea Nacional, es para resolver problemas fundamentales con un sentido patriótico y estratégico y no una medida táctica para ganar tiempo mientras se aprueban las reformas constitucionales en segunda legislatura; además habría que establecer, que, en una segunda fase, esos acuerdos deben abrirse a diferentes sectores de la vida nacional, en busca de un acuerdo fundamental que exprese el nuevo Contrato Social nicaragüense.

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