LUNES 6 DE DICIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23654 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Deporte requiere “maquillaje” moral
La cara sucia

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. La actual crisis del deporte es reflejo de la sociedad

Marion Jones y las cinco medallas que podría perder.

 

Tim Dahlberg
Ap

Barry Bonds, astro del beisbol, admite haber consumido esteroides, pero dice que no lo sabía. El basquetbolista Carmelo Anthony no sabía tampoco que había marihuana en su mochila.

La atleta Marion Jones parece saber algo, al menos si uno le cree a la alimaña que apareció en la televisión nacional el viernes por la noche (Víctor Conte) para ufanarse de cómo él la ayudó a ganar cinco medallas en las Olimpiadas del 2000 suministrándole una serie de drogas.

Aparentemente, Jones se sentía tan cómoda con la jeringa, que se inyectaba a sí misma con la facilidad de un drogadicto callejero. ¿Deseas una medalla de oro? Eso es fácil. Descúbrete la pierna, saca el inyector especial de 1,000 dólares y corre, corre como el viento.

Por supuesto, Marion Jones lo niega todo, aunque contradice toda noción lógica el hecho de que alguien que estuvo tan dominante en Sydney no puede siquiera conseguir una medalla de bronce en Atenas, donde los inspectores de drogas eran tan eficientes que los astros griegos de atletismo escaparon del estadio olímpico en una motocicleta aterrorizados al oírles tocar a la puerta.

Bonds igualmente lo niega todo en público, aunque fue forzado bajo la amenaza de perjurio a admitir finalmente a un jurado investigador federal que él había usado una crema y una sustancia incolora que le dio su entrenador, quien está acusado de pertenecer a una red de distribución de esteroides.

Bonds dice que usó las sustancias para tratar el dolor de artritis, no para añadir unas cuantas libras de musculatura. Anthony pudo haber dicho que la marihuana encontrada en su mochila era medicinal, pero él tenía una excusa mejor: dijo que uno de sus amigos la puso allí.

Incluso si Bonds está diciendo en parte la verdad, eso no importa. Su récord de jonrones ha sido manchado, y el mismo deporte que una vez puso un asterisco junto al récord de Roger Maris simplemente porque superó a Babe Ruth debería ahora sacar de los libros los 73 jonrones bateados por Bonds en el 2001.

Al menos la gente que dirige los juegos olímpicos está tratando. Las autoridades de las Grandes Ligas no han hecho otra cosa que implementar un débil plan de análisis que los millonarios del deporte evaden fácilmente.

Consideren a tipos como Jason Giambi, quien dijo al jurado investigador que él usó esteroides durante al menos tres campañas y se inyectó con la hormona humana de crecimiento en el 2003 para poder batear más pelotas a las gradas altas del jardín izquierdo en el Yankee Stadium.

De acuerdo con varios informes, Giambi declaró que una de las drogas que usó fue Clomid, un medicamento de fertilidad femenina que expertos dicen puede exacerbar un tumor pituitario.

No todos los atletas usan drogas, por supuesto. Pero muchos tienen otros problemas.

Por ejemplo, Anthony, el astro de los Nuggets de Denver, cuya idea de ajustarse a la vida en la NBA parece ser llevar una bolsa de marihuana al aeropuerto, enredarse en una pelea en un bar de Nueva York, y aparecer en un vídeo callejero en el que el pandillero parado junto a él alardea de matar a cualquiera que informe a la policía de narcotráfico.

Y el sábado el entrenador de la Universidad de Michigan acusó a algunos colegas de tratar de robarle potenciales atletas diciéndoles que él estaba enfermo o pensaba retirarse.

Incluso en la Universidad Brigham Young, de los mormones, cuatro atletas de futbol fueron acusados el viernes de violar a una muchacha de 17 años.

Jason Giambi pudiera pagar un precio más alto que Jones o Bonds por sus acciones. Se perdió la mitad de la campaña pasada a causa de fatiga y un tumor benigno y eso podría costarle los 82 millones de dólares que aún le deben los Yanquis.

Esteroides, drogas, peleas, mentiras, acusaciones de violación. En apenas unos días hemos visto la cara sucia del deporte.

Los escándalos hacen que deportes amañados como gimnástica y patinaje sobre hielo se vean bien. O peor aún, incluso el boxeo.

Después de todo, han pasado años desde la última vez que Mike Tyson le mordió la oreja a alguien o amenazó con comerse a sus hijos.

¡QUÉ VERGËENZA!

¿Pueden imaginarse a Hank Aaron teniendo que felicitar a Barry Bonds cuando éste rompa su marca de 755 jonrones? ¿Qué tipo de ceremonia va a preparar el comisionado Bud Selig para un día que está apenas a 53 jonrones de distancia?

En el caso de Marion Jones, existen comentarios de que pudieran quitarle las cinco medallas que ganó en Sydney, cuando los deportistas que usaban esteroides le llevaban aún la delantera a los análisis.
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