La Nota Knox
Mario Sandoval Aranda
Las nuevas generaciones deben conocer y juzgar sin pasión política hechos históricos como la imposición de la Nota Knox al presidente liberal José Santos Zelaya, el 1 de diciembre de 1909, por el Secretario de Estado de Estados Unidos, Philander Chase Knox, entregada al encargado de negocios Felipe Rodríguez Mayorga, notificándole que ponía fin al respaldo a su Gobierno.
Toda América Latina repudió aquella nota interventora por ser violatoria de la soberanía de los pueblos. Zelaya prefirió renunciar, el 16 de diciembre de 1909, para no ver a su patria sacrificada. El 21 tomó posesión de la Presidencia de la República el doctor José Madriz, obligado después a renunciar por zelayista.
La Nota Knox fue el epílogo de contradicciones con el Gobierno norteamericano por la muerte de Lee Roy Cannon y Leonard Groce, que iban a dinamitar el vapor El Diamante cargado con 500 soldados, no logrando su genocidio al impedir el maquinista la explosión. Capturados, Cannon y Groce confesaron su misión en El Castillo ante un Consejo de Guerra, bajo el imperio de las leyes nacionales, fungiendo como fiscal enviado de Managua, Salomón de la Selva. Nicaragua fue obligada a pagar a sus padres elevada indemnización.
Analistas políticos opinan que en la muerte de los dos norteamericanos hay un trasfondo. Zelaya trataba de hacer el canal interoceánico con otras potencias; Philander C. Knox, era abogado de la Rosario & Light Mines Company y de la familia Buchanan, dueña de la compañía; Zelaya no aceptaba injerencias extranjeras. Estados Unidos, por la diplomacia del dólar, incrementaba sus compañías y con su doctrina geopolítica trataba de controlar la ruta del canal, lo que logró por el Tratado Chamorro-Bryan en 1914, el cual fue abrogado el 14 de julio de 1970 por gestiones del entonces Presidente de Nicaragua, general Anastasio Somoza Debayle. Si no dicho tratado estaría vigente y Nicaragua maniatada en su soberanía.
Zelaya se fue el 23 de diciembre de 1909 y un día antes dirigió su último manifiesto al pueblo de Nicaragua, considerado una filigrana por su estilo y contenido nacionalista: “En cumplimiento de un alto deber de patriotismo he depositado el cargo de Presidente de la República... para evitar a Nicaragua humillaciones y ultrajes de un poder extraño y colosal, empeñado en ejercer una influencia decisiva en los destinos del país, cosa que no he podido ni debido tolerar permaneciendo al frente del Gobierno...”. Valiéndose del pretexto de la fusilación de dos aventureros, rompe nuestras relaciones y nos amenaza con el poder de sus fuerzas... “Resigno gustoso el mando convencido de que así evito calamidades y baldón para mi Patria... Ante todo, como nicaragüense, centroamericano, como hijo de la América Latina, protesto ante el mundo por la injerencia indebida del Gobierno americano en los negocios internos de nuestro país”.
Desembarcar fuerzas americanas para cambiar el régimen actual de Nicaragua, haciendo colocar en el Gobierno una persona digna de su amistad y confianza. “Jefe de un partido político innovador y progresista, no me he apartado nunca de sus principios, pero en mi labor administrativa me han ayudado hombres de todos los círculos, inclusive el conservador, quien ha ocurrido en mi apoyo al restablecimiento de la paz. Me separo de vosotros dejando el país en medio de las anchas vías de la reforma y del progreso. Quedan como recuerdos de mi administración los nuevos ferrocarriles que han ensanchado el comercio, la agricultura y la prosperidad del país, las escuelas diseminadas por todos los pueblos y caseríos, quedan consagrados los principios del derecho moderno, La Mosquitia reincorporada, que es el más alto blasón de mi Gobierno y que constituye una verdadera gloria latinoamericana. Declaro que conservaré siempre los mejores recuerdos de los hijos del pueblo, valerosos, trabajadores y honrados, en cuyo núcleo encontré el más fuerte y desinteresado apoyo... Y mantener glorioso y enhiesto el pabellón de la República. Deseo para mi querida Nicaragua días de paz y de aventura. Anhelo ver siempre desplegado el pabellón rojo del liberalismo sobre las cimas de la Administración Pública... Sabed que estaré con vosotros para dedicar mis energías y mi vida a la defensa de la Patria”.
El presidente Zelaya con el puñal de la traición en su corazón bajó del poder, sereno, con honor, envuelto en una aureola de dignidad nacional y admirable patriotismo que vibraba en su ser. Murió en Nueva York el 17 de mayo de 1919. En 1930, ya de nuevo el liberalismo en el poder, con el general José María Moncada de Presidente, como su ídolo el liberador Simón Bolívar, regresaron sus restos con justos honores y los vítores de júbilo de su amado pueblo, a quien dedicó esfuerzos y anhelos de prosperidad, siendo depositado en los regazos de la Madre Patria, a quien tanto amó, cantándole el himno liberal, Hermosa Soberana.
El autor es escritor e ideólogo del Partido Liberal

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