Los deliciosos cereales de Reina, al gusto de Jesús
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Sentía “El Divino” Rafael Sanzio (1483-1520) que una mano divina guiaba su pincel cuando con exactitud de movimientos y armonía celestial de colores y líneas, pintaba lienzos tan llenos de frescura y juventud como La Sagrada Familia o las madonas del pajarito. Sensación y sentimiento similares se apoderan de Reina Isabel cuando prepara “para agrado de Dios y provecho del prójimo” los cereales que vende |
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Reina Isabel Toruño, flamante propietaria de Cereales Reina.
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Texto y fotos de Mario Fulvio Espinosa
“Yo soñaba con ser monja porque soy enamorada apasionada de Jesús, yo tengo adrenalina por Jesús y, así lo digo en todas partes. Cuando era niña vivía en una finca lejos del pueblo de Siuna, ahí lo único que tenía era un librito rojo del Nuevo Testamento, no sabía leer, pero sobre ese librito me ponía a meditar, a soñar con mi amado”.
Reina Isabel Toruño Urbina, como “El Divino”, encomienda sus obras y acciones a un personaje idealizado que se torna realidad en el resultado de las labores que realiza. Para explicar las múltiples facetas que tiene este mecanismo de proyección, despliega su hermosa sonrisa, abre sus grandes ojos negros, mueve sus manos finas con gesticulaciones gráciles.
“Tendría unos seis años cuando comencé a sentir la pasión por Jesús. Recuerdo que mi abuelita acostumbraba ponerme de rodillas en su regazo para enseñarme a rezar y contarme la vida de Jesús y de los santos, esos relatos avivaban mi imaginación y fueron despertando mi fe”.
—¿Influyeron sus padres a generar esa pasión?
No, yo conocí a mi padre hasta la edad de 17 años, durante mi infancia él daba maltrato a mi mamá e influyó para que ella se amargara la vida, por eso nunca me dio un abrazo o un beso. Ella, al rechazar el maltrato que le daba mi padre me daba maltrato a mí, por eso opté por huir del hogar cuando apenas tenía 12 años. Pero yo amé a mi madre y la perdoné antes de su muerte y siento la necesidad de tenerla conmigo porque por mucho tiempo no la tuve a mi lado.
Así, siendo niña tuve que buscar un lugar donde me recibieran. El maltrato que me daba mi madre era cruel, todavía quedan marcas en mi cuerpo de quemaduras, latigazos y todo eso.
LA REVELACIÓN LLEGÓ EN UN SUEÑO
“En esas circunstancias llegué a vivir a una comunidad religiosa de Estelí. Los que carecen de fe decían que éramos un atajo de locos porque sólo nos manteníamos orando y haciendo ayunos. En esos momentos de reflexión yo le preguntaba al Señor si era posible coronar mi sueño de ser religiosa. Yo nunca he tenido revelaciones, pero en ese tiempo soñé que estaba en un camino sin fin, sembrado de rosas a ambos lados, de pronto se apareció un desconocido que llegó hasta mí y me dijo que me casara”.
—¿Entonces abandonó su sueño y se casó?
Sí, porque después de aquella revelación encontré que dentro del matrimonio se puede vivir en santidad. Yo siempre hablo del matrimonio en santidad porque soy consejera matrimonial. A los jóvenes les digo que podemos santificar nuestra relación, dándonos los unos a los otros en matrimonio, porque como dice Jesús, ya no serán dos sino un solo cuerpo.
—¿Dónde nació? ¿Quiénes fueron sus padres?
Mi padre se llamaba Odón Toruño y mi madre Petrona Urbina, ambos eran campesinos, no eran pobres porque tenían hacienda en Matiguás. Yo fui la hija única nacida del matrimonio, aunque tengo más hermanos paternos y maternos, ellos se separaron cuando yo tenía tres meses.
Nos fuimos a Siuna. Recuerdo que ese pueblo era muy bonito, estaba el centro minero y habían muchos gringos, pero después fue decayendo, aunque dicen que ahora ha mejorado.
A raíz de todo eso mi mamá murió y yo tuve que venirme a Estelí porque ahí la enterramos, después me fui de nuevo a Matiguás o sea he andado en tres lugares.
CONSUMISMO VERSUS CALIDAD
—¿Dónde aprendió a hacer estos cereales y las cosas sabrosas que usted vende?
Bueno, eso es nato en mí. Con el afán consumista que nos carcome la calidad a veces queda relegada a nada, por eso siempre que consumimos algo termina haciéndonos daño. Eso no va conmigo, como estoy en un apostolado de enfermos he aprendido a vivir con el enfermo y de esa forma si alguien viene a comprar una libra de pinolillo, yo tengo que elaborar ese producto para que a esa persona no le haga daño.
—¿Dónde estudió?
En Siuna hice mi primer grado, en Matiguás y en Estelí también estudié, llegué hasta cuarto año. No seguí estudiando porque me crié sola, vivía sola y tenía que costear mis estudios. Después me casé porque ser monja no pudo ser. También soy estilista de profesión.
—¿Cómo conoció a su feliz marido?
Vine a aquí a Managua porque tengo una prima que es empresaria y me pidió que le ayudara con su negocio. Me vine a vivir al barrio San Judas donde conocí en la Iglesia al que ahora es mi esposo. Bueno, gracias a Dios ahora estoy casada, civil y eclesiástico y tengo tres niños.
SOBRE CARISMÁTICOS E “ILUMINADOS”
—¿Qué opinión le merecen los carismáticos?
Bueno yo soy una carismática porque en mi comunidad todos ardemos en el Espíritu Santo.
—¿Desde hace varios siglos los carismáticos son considerados como personas que piensan que la Iglesia está en el corazón de la persona humana, y de cierta manera como que no conceden mucha importancia a los ritos, a las imágenes y a la liturgia de la Iglesia?
Lo que pasa es que la idolatría es una cosa, Dios dice que nosotros lo tenemos que amar en espíritu y en verdad, entonces esta relación es entre Dios y el hombre. Con las imágenes de los santos sucede que es como tener una foto, el problema es cuando llegamos a la santería. Para mí la Eucaristía es lo más sagrado y puro que hay. Yo respeto tanto la Iglesia que aún dentro de la Iglesia me han ocurrido milagros.
—¿Hace cinco siglos el Santo Oficio persiguió a los carismáticos, a los que llamaban “iluminados”, porque ellos se separaban de los dictámenes de la Iglesia en cuanto a la práctica de algunos sacramentos?
Lo que pasa es que como carismáticos nosotros tenemos personas que tienen revelaciones, tanto visuales como proféticas. Nosotros nos dejamos llevar por lo que nos dice el Espíritu Santo y en la comunidad donde habla el Espíritu se fortalece la fe. Yo creo que los sacerdotes tienen sus facultades, pero no es igual a que venga el Espíritu Santo y nos diga: “Mirá vos tenés tales y tales pecados” y nos advierte sobre lo que somos y quedamos desnudos ante los ojos de Dios.
—La Iglesia fue cruel con los “iluminados”, fueron muchos los que fueron a la hoguera y sufrieron tortura. ¿Cómo está la relación de la Iglesia actual con los carismáticos?
Creo que nosotros estamos en un nivel en que nos damos a conocer en un sentido más espiritual, aunque todavía hay confusión, incluso a mí algunos que me miran me dicen: “Vos sos evangélica”, y claro, yo soy evangélica porque creo en el Evangelio, así contesto a esas personas, pero siempre hay confusiones.
ENCURTIDOS, CEREALES Y OTRAS DELICIAS
—Hablemos del tiste, del pinolillo, de los veinte productos de la fábrica “Reina”. ¿Cómo se le ocurrió meterse en ese rollo?, insistimos ante Reina Isabel Toruño Urbina
—Cuando uno de mis hijitos estaba de cumpleaños me puse a hacer unos encurtidos que me quedaron muy bien. “Fabricá algunos para vender”, me dijeron mis amigos, ahí empecé a investigar cómo hacer un vinagre de calidad, posteriormente hice un sazonador de carne que es completamente digestivo.
El problema de los nicaragüenses es que todo el mundo piensa que sabe hacer estas cosas y hemos caído en lo puramente comercial, mecánico, pero otra cosa es hacer bien las cosas, yo le pongo pimienta a mi trabajo y cuando la gente me dice: “Te quedó exquisito ese pinolillo”, yo les contesto: “Es que está elaborado como que fuera para Jesús”, porque nosotros vamos a ser juzgados por nuestras acciones y por eso todo lo que hacemos debe ser con amor. Yo he visto personas que se están muriendo y sus parientes vienen a comprar mi cereal, mi semilla de jícaro, mi cebada porque mis productos no le hacen daño al enfermo.
—¿Cuál es el misterio que tendría un delicioso pinolillo?
—Bueno, es cómico porque el primer ingrediente es pedir al Señor que todo lo que yo haga sea agradable para muchos estómagos. Tal vez el secreto no son tanto los ingredientes, sino el amor que pongo al hacerlo. Por ejemplo, a mí me tuestan el maíz y yo no me quito de la persona que me está tostando, yo soy la que lavo las cosas. Yo estoy sobre todo el trabajo y la gente que me ayuda, algunos productores no se quieren ensuciar las manos, yo sí quiero y ahí está el secreto.
—¿Nunca recibió un curso de dietética o algo por el estilo?
—Bueno a las ferias del Instituto Nicaragüense de la Pequeña y Mediana Industria (Inpyme) llegaban los expertos químicos y me preguntaban: “¿Cómo puede usted elaborar estas cosas tan deliciosas?” “Bueno, es que soy química nata”, les contestaba.
—¿Proyectos?
—Es casi imposible conseguir un préstamo bancario, el banco piensa como banco, no piensa en el pobre que quiere salir adelante. Podría hacer un préstamo pero no quiero enjaranarme. Mi esposo se tuvo que ir de la casa para acondicionar ésta como taller, él es artista se llama Oswaldo Cáceres.
—¿Cuidado es una trampa de su esposo?
—¡Ah! no, yo tengo fe en él y a todo el mundo le he hablado bien de mi esposo porque es mi esposo y lo que Dios le da a uno nadie se lo quita.
Cuando me casé le dije a mi esposo, “vamos a hacer un pacto con Dios, donde vamos a comprometernos a vivir esta relación como cristianos”. Así fue, nos casamos hace cuatro años, tenemos un matrimonio muy lindo, nos respetamos, tengo un esposo que no tiene vicios y como esposa soy bendecida.
—¿No hay dolor por aquello que quiso ser y no pudo ser?
—No porque yo creo que tenemos la Iglesia doméstica en nuestra casa y eso lo llena todo.
RECETAS ANCESTRALES
“Comencé haciendo pinolillo y pinol. Mi maíz con avena es receta de las abuelas, es bueno para los riñones y refresca el estómago. Posteriormente hice cosas diferentes, una de las que más me costó fue la cebada, me quebraba la cabeza pensando cómo iba a elaborar cebada pura, que se sintiera rica sin tener un gramo de arroz, el policereal también lleva un trabajo grande”.

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