Justicia llega a territorio miskito
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Grupo cultural de Auhya Pihni, de una comunidad miskita en la RAAN, bailan danzas tradicionales, cubiertos de trajes de turno, en la inauguración del Centro Caminos de esa comunidad.
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Johnny Cajina Guillén Waspam, RAAN
El acceso a la justicia de dos poblaciones recónditas de Nicaragua será posible ahora que las autoridades judiciales de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN) inauguraron los primeros dos centros de atención y mediación, a los que muy pronto podrán acudir los comunitarios para dirimir sus conflictos.
Kururia, comunidad miskita de Waspam, y Auhya Pihni, en la jurisdicción de Bilwi, fueron las dos primeras poblaciones favorecidas por un programa piloto de fortalecimiento judicial y acceso a la justicia, que ejecuta la Corte Suprema de Justicia (CSJ), y pretende mezclar de forma armoniosa el ancestral derecho consuetudinario aplicado por los comunitarios y el derecho positivo occidental.
El programa, que recibe financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), incluye la capacitación de diez delegados de cada comunidad para fungir como mediadores y servirá además para ahorrar tiempo y recursos económicos a quienes se ven obligados a salir desde zonas remotas para solicitar el auxilio de las autoridades judiciales.
Laman Laka (La Paz) fue el nombre miskito que recibió el primer Centro de Atención, Mediación, Información y Orientación (Caminos) inaugurado en Kururia, una remota y empobrecida comunidad miskita de 1,360 habitantes, situada al suroeste de Waspam, la cabecera del municipio del mismo nombre.
Hasta ahora, para dirimir en un juzgado los conflictos más difíciles es necesario caminar durante cuatro horas hasta Waspam.
“El proyecto Caminos está orientado básicamente a llevar la justicia a las poblaciones más alejadas del país, que por razones de distancia, étnicas y de pobreza no tienen acceso a muchos recursos e infraestructura”, explicó María Lourdes Castro, coordinadora del proyecto BID de la CSJ.
DIAGNÓSTICO DE COMUNIDADES
Primeramente se elaboró un diagnóstico de las comunidades para conocer sus problemas y necesidades en lo referido a la justicia, señaló Castro, acompañado de un taller con los líderes comunitarios, los wihta (wistas o jueces indígenas) y los funcionarios del Poder Judicial para compartir los límites y las diferencias entre el derecho consuetudinario y el derecho positivo, agregó.
“Había temor porque presumíamos cierta contradicción entre ambos sistemas, pero conversando con la gente de las comunidades nos dimos cuenta que no existía ninguna y que por el contrario había que facilitarles mecanismos de organización y prácticas para la resolución alterna de conflictos desde la aplicación del derecho consuetudinario”, agregó la funcionaria judicial.
“Ellos tienen un sistema de organización y de aplicación de justicia en sus comunidades, donde eligen de forma participativa a sus wihta, a los que incluso se les impide administrar justicia si están comprometidos en el conflicto”, explicó.
Actualmente la Universidad de la Regiones Autónomas de la Costa Caribe de Nicaragua (Uraccan), instruye a unos 20 líderes de Kururia y Auhya Pihni, quienes habrán fortalecido su capacidad de mediación tras concluir sus 80 horas de capacitación.
Las autoridades judiciales esperan que los Centros Caminos, que tienen un costo aproximado de un millón de córdobas, se conviertan además en un punto de reunión donde los comunitarios puedan tener sus actividades sociales y recreativas.
UN SOLO CORAZÓN
Kupia Kumi, “un solo corazón” en lengua miskita, fue el nombre elegido por la apacible comunidad de Auhya Pihni para su Centro Caminos, donde al igual que en Kururia los comunitarios miskitos demostraron su alegría compartiendo sencillos alimentos típicos y bailes indígenas con las autoridades visitantes.

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