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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 4 DE DICIEMBRE DE 2004
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El pesebre navideño

Foto  

Anónimo. Óleo sobre tela. Siglo XVII.

 

Edgar Escobar Barba

Nació en Navidad, rodeado de dos árboles adornados por campanitas sonoras, esferas de cristal, frutas de madera al natural, y pelo de ángel. El juego de luces de las candelas, resplandecía en aquella sala sin variedad de sonidos humanos y los villancicos se sucedían unos a otros, otros a uno.

Abrió los ojos y dejó de sollozar para oír tus solitarios pensamientos, para entrar en tu mente y ver altas y bajas en tu vida cotidiana que hoy se mostraban claramente cuando estaba por fenecer un precipitado año de nuestra era.

El divino niño comprendió que a pesar de que vos estuviste rodeado de gente, estabas solo, como te encuentras ahora acompañado por los fantasmas del recuerdo del pasado y el presente.

Y dejó de sollozar: se olvidó del frío y del hambre. Murmuró algo para captar tu atención y cuando descubriste el brillo de sus ojos, el movimiento de sus manitas que hace cuando se emociona al verte; cuando reparaste en su sonrisa, afloraron las lágrimas de quien se sabe inocente y culpable ante el mundo y ante sí mismo, y lloraste, lloraste pero ya no solo, al fin, humilde, descubrías al niño navideño naciendo en tu pesebre, en la profundidad de tu alma, y al fin sentiste, compañía, auténtica compañía.  
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El pesebre navideño


Árbol de olvido