Entrevista
Sergio Ramírez entre dos voces
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 | La reciente novela de Sergio Ramírez lleva al lector a un recorrido por la Europa del siglo XIX desde la lente de un fotógrafo y de él mismo |
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Milagros Sánchez Pinell
Como un conglomerado de hechos históricos e imaginativos que tratan de exponer una visión total de una época vista desde la perspectiva de un nicaragüense hacia el mundo europeo, define Sergio Ramírez su reciente novela Mil y una muertes.
La obra, bajo el sello de Alfaguara, será presentada por el autor de Margarita está linda la mar, el nueve de diciembre en el Salón de los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío, a las siete de la noche.
Mil y una muertes, título que surge de un poema de Javier Villaurrutia, promueve el encuentro entre el lector y el nicaragüense Francisco Castellón, diplomático que viajó a Francia a defender a Nicaragua y al resto de los países centroamericanos de la política nefasta del cónsul inglés Frederick Chatfil y de su hijo, quien llega a Europa de adolescente.
Ramírez fue atraído por el dato de que Castellón padre, ayudó a liberar a Napoleón III a fugarse de la cárcel. “En base de ese mito yo he creado la estructura de la novela, todas esas cosas que hizo Castellón para liberarlo, pero cuando Napoleón quiere devolverle el favor, Castellón ya había muerto por la peste del cólera en Nicaragua en medio de la guerra civil que da paso a la guerra nacional, pero es su hijo quien va a Francia en 1860 cuando el imperio de Napoleón se está deshaciendo y Castellón (hijo) se convierte en fotógrafo”.
De ahí que en la novela, Castellón es testigo de la historia de Europa desde la caída del segundo imperio en 1870 hasta la invasión de los nazis en Polonia.
¿En la novela, Europa es vista desde el lente de Castellón o de Sergio Ramírez?
La novela está contada a dos voces, la voz mía, como un personaje que empieza a buscar a Castellón por Europa y que se topa con él por accidente... lo que yo cuento es mi búsqueda de Castellón y él, por otro lado, va narrando su propia vida. Sin que una parte de la novela se comunique con otra, las dos corrientes se encontrarán hasta el final. Yo voy contando en primera persona mi búsqueda de Castellón y Castellón va tratando huir de mí, esa es la estructura de la novela.
Usted mencionó que dentro de la novela hay situaciones patéticas y tragicómicas ¿Cuáles y por qué?
La historia de Nicaragua es patética, un país que desde la independencia cae en la indefensión, sometido a guerras civiles e interminables, abusada por los poderosos, sangrante, un país dividido, eso se verá en la novela. De lo cómico, está el encuentro de Castellón con los personajes, la manera cómo cuenta su propia vida, todas las cosas del esoterismo y Rosacruces, y de la manera cómo la madre de Castellón siendo una princesa miskita asume su propia vida y terminó convirtiéndose en una cocinera, todo este contraste viene a ser lo dramático y a la vez tiene mucho de trágicómico.
¿Cuándo dejaremos de ver a Rubén Darío en sus obras?
Para mí es un personaje inagotable. Darío como que resume al país, la universalidad del país, su vida tan dolorosa, tan llena de accidentes, el problema de su alcoholismo que no interfirió en su genio, todo eso seguirá convirtiéndolo para mí en un personaje atractivo para las páginas de una novela. No sé cuando voy a agotarlo, no puedo prometer que no voy a tocar a Darío en otra novela. Quisiera escribir una biografía de Darío en un lenguaje muy claro y directo, digamos muy inspirado, para que los muchachos de las escuelas conozcan al verdadero Darío.
¿Cuál podría ser sus mil y una muertes?
El poema de Villaurrutia es muy ilustrativo en ese sentido, él dice que nadie quiera saber de mi pasado, yo que viví mil y una muertes, la vida representa para muchas personas como una línea horizontal, sobrevivir, volver a resucitar, yo no lo ligo con mi propia vida personal, pero sí veo la vida como una eterna lucha contra la muerte y contra los vivos, por supuesto.
Dado los escenarios en que se desarrolla la novela, ¿espera atraer algún público europeo?
Es una novela contada en clave europea pero en la voz de un nicaragüense, en la voz de alguien que está viendo Europa desde afuera, pero creo que sí, porque la novela tiene muchos escenarios en España, Francia, Polonia, Madrid, Inglaterra, definitivamente creo que sí.
¿Por qué utiliza nombres de canciones y hasta de poemas para titular sus novelas?
Creo que no es exclusivo mío, de hecho los escritores buscan en sus poemas preferidos los títulos de sus novelas. La poesía sabe resumir mejor y, las letras de las canciones, por supuesto que también. Es difícil encontrar en una novela un título, puede ser más estéril, pero sacar de un poema o de una canción el título, tiene que ver con la forma que uno se conecta a la literatura, las canciones que uno escuchó de adolescente, tienen que ver mucho en la vida de una persona. 
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