JUEVES 26 DE AGOSTO DEL 2004 / EDICION No. 23553 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





Inundaciones causantraslado de indígenas

Foto  
. La primera población miskita en cambiar de asentamiento será la comunidad Dos Amigos, en Prinzapolka, hasta donde el PMA llevó alimentos

Las comunidades han solicitado a las autoridades apoyo para sembrar arroz y frijol, con lo cual tendrían alimentos para los próximos meses.

 

Sabrina Quezada
Especial para LA PRENSA

DOS AMIGOS, PRINZAPOLKA.- Cincuenta familias que habitan en la comunidad Dos Amigos, en la ribera del río Prinzapolka, ya tienen lista la madera que utilizarán para construir sus nuevos ranchos en el llano, a dos kilómetros de distancia, para evitar las constantes inundaciones que se producen durante la temporada de invierno, provocando la pérdida de viviendas, cultivos y animales domésticos.

Dos Amigos, una comunidad miskita en la que habitan 68 familias, es el primero de los 41 poblados del municipio de Prinzapolka, en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), que decide reubicarse tras enfrentar año con año el desbordamiento del río. Según el pastor de la Iglesia Morava, Simón Pérez, esperan terminar el traslado de la comunidad el próximo año.

“Nos vamos de la orilla del río porque queremos tener una vida mejor en el futuro. No queremos sufrir más inundaciones”, dice Pérez quien asegura que las 18 familias que aún se oponen al traslado terminarán cambiando de opinión. “Cuando vean que allá en el llano vamos a construir todo bonito, yo sé que también se van a querer ir con nosotros”.

Las últimas inundaciones ocurridas en los meses de mayo y julio de este año tras el paso de tormentas tropicales afectaron a unas 11 mil personas en Prinzapolka, ocasionaron la pérdida de unas 620 manzanas de cultivos de arroz, frijoles, yuca, malanga, quiquisque y plátano, y dañaron unas 400 viviendas, según las autoridades locales. La disponibilidad de alimentos en los hogares se ha visto desde entonces seriamente reducida.

Pérez asegura que las familias están comiendo plátanos “filipitos” —la planta más resistente al agua— y el pescado que extraen del río. Sin embargo, temen perder la pesca porque cuando el río está revuelto por la lluvia, los peces “no pican”.

AYUDA LLEGA A PRINZAPOLKA

“Con los cultivos perdidos por las inundaciones va a ser difícil que las familias tengan algo para comer en el futuro”, dice Víctor Amador Wilson, quien trabaja para Comité Internacional para el Desarrollo de los Pueblos (CISP), una organización no gubernamental europea, con sede en Italia, que ejecuta un programa de Rehabilitación Social en 12 comunidades indígenas de Prinzapolka. CISP capacita a las familias en la ganadería y en la siembra de hortalizas para mejorar el consumo de alimentos en los hogares.

Para atender la emergencia provocada por las lluvias y la pérdida de los cultivos, el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA), distribuyó 36 toneladas métricas de arroz, frijoles, maíz, aceite vegetal y cereal fortificado para 3,540 personas de 16 comunidades de Prinzapolka.

La distribución de las raciones de alimentos, que incluyó arroz, maíz, frijoles, cereal fortificado y aceite vegetal, se realizó en lanchas de motor en las comunidades ubicadas a orillas del río. La CISP colaboró con el PMA proporcionando una bodega para el almacenamiento de los alimentos —que llegaron desde las bodegas del PMA en Puerto de Corinto, en la región del Pacífico— motores para las embarcaciones, combustible y personal de apoyo.

Las distribuciones se realizaron en coordinación con las autoridades locales en cada comunidad. Una de las familias miskitas que recibió alimentos en Dos Amigos fue la de Elena Jacinto, de 40 años, quien es madre de 11 hijos. “Aquí la vida es bien dura. No se consiguen reales para comprar comida. Ahorita tenemos peces del río, pero no se puede pescar todo el tiempo. La ayuda que nos viene es buena para darle de comer a los niños”, explicó en miskito.

La inversión del PMA en Prinzapolka ascendió a 24 mil dólares, que incluye el valor de los alimentos, transporte terrestre y acuático, estiba y empaque de las raciones para cada familia.

BAJO EL AGUA

En mayo cayó la lluvia dos semanas seguidas, sin parar”, dice en un difícil español el juez de Dos Amigos, Fidel Gómez, quien está a favor de trasladar el poblado a una zona más segura. “El río subió hasta la mitad (de la pared) de la escuela. En julio llovió otra vez, diez días. Para todos nosotros es difícil vivir con las inundaciones, pero para los niños es peor que están nadando en el agua y se nos enferman”.

SERVICIOS PÚBLICOS INALCANZABLES

Mientras las familias de Dos Amigos se preparan para trasladar el poblado al llano, un extenso campo ubicado a dos kilómetros del río, sus líderes se preguntan de dónde obtendrán el resto de materiales que necesitan. “Necesitamos clavos y 20 yardas de plástico para el techo de cada uno de los ranchos. Ahorita sólo tenemos la madera para los ranchos”, dice el pastor Pérez.

La aspiración de los miskitos de Dos Amigos es levantar sus ranchos, construir la iglesia y la escuela y contar con algún pozo para extraer agua. La comunidad no tiene más posibilidades de mejorar sus condiciones de vida. Agua potable, electricidad, alcantarillado sanitario, hospitales y transporte público son servicios inalcanzables para ellos y para el resto de las remotas comunidades del río Prinzapolka.

CONTROL DE EPIDEMIAS

El municipio de Prinzapolka tiene una población estimada de 20 mil habitantes. Según el Mapa de Pobreza Extrema de Nicaragua (INEC 2001), es el municipio con el mayor porcentaje de personas viviendo en condición de pobreza extrema, el 76.3 por ciento de la población.

En la comunidad de Dos Amigos, la escuela primaria solamente atiende a niños hasta tercer grado. Para estudiar el resto de los niveles hay que trasladarse hasta Alamikamba, ubicada a 41 kilómetros de distancia; a dos días navegando en cayuco con remos, que es el transporte habitual, y a dos horas con 50 minutos en lancha de motor.

SE COMIERON SEMILLAS

“Lo que más se necesitan son las semillas para sembrar. Algunos tenían un poquito de semillas guardadas, pero con la inundación no tuvieron más remedio que comérselas y ahora no se puede hacer nada”, asegura Fidel Gómez, juez de la comunidad Dos Amigos.
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