El síndrome post aborto
Lucía César de Boehmer*
¿Qué le sucede a una mujer después de haberse sometido a un aborto? Aparte de que se asesina despiadadamente a un bebé inocente, las consecuencias del aborto para la mujer son terribles. Hay consecuencias físicas y hay consecuencias psicológicas. A éstas últimas, la ciencia médica les ha adjudicado un nombre, el síndrome post-aborto. ¿En qué consiste?
Este es muy conocido entre médicos, psicólogos, psiquiatras e incluso sacerdotes. El síndrome post-aborto designa el cuadro patológico que comprende un conjunto de síntomas fisiológicos, psicológicos y espirituales desencadenados tras la realización de un aborto. Afecta fundamentalmente a las mujeres que han abortado, pero también (en distintos grados) a todos los demás que han intervenido en el hecho: el padre de la criatura, los médicos y la persona que aborta. Se pueden enumerar varios síntomas: estado de duelo, sentimientos de culpabilidad, agresividad, pérdida de la auto estima, depresión, pensamientos suicidas, etc.
Toda pérdida genera un estado de duelo, y es mucho más difícil superar el dolor de un aborto provocado que el de un aborto espontáneo, producido por la misma naturaleza, y esto por varias razones: la persona se sabe culpable de la pérdida, no tiene posibilidades de visitar el cuerpo del niño, ha existido un trabajo de auto convencimiento de que no se trataba de un ser humano. Esto conduce a la depresión. La depresión puede alterar el sistema inmunológico, y con esto se aumenta el riesgo de contraer infecciones e incluso, en casos extremos, se ha constatado el inicio de procesos cancerígenos.
En muchos estudios se ha observado que cuando no hay sentimiento de culpa se suele dar una tendencia al alcohol o a la drogadicción; en cambio, cuando hay sentimiento de culpabilidad, se suele caer en estados depresivos, que se manifiestan en grandes tristezas, llantos, y una visión negativa y pesimista del mundo circundante, y cuando el sentimiento de culpa es muy grande lleva a sentimientos de pánico y autodestrucción.
La “conciencia biológica” es una constatación de muchos psiquiatras. Cito el testimonio del psiquiatra Karl Stern: “No pocas veces vemos que en los casos en que una mujer comete un aborto artificial, digamos en el tercer mes de la gestación, este acto parece no tener consecuencias psicológicas. Sin embargo, seis meses después, precisamente cuando el bebé habría debido venir al mundo, el sujeto cae víctima de una grave depresión o incluso de una psicosis”.
Por otro lado, todo procedimiento de aborto es sumamente peligroso para la salud física de la mujer. Un aborto llevado a cabo en las mejores condiciones puede causar esterilización, hemorragia masiva, perforación del útero y hasta la muerte. Uno de los procedimientos para hacer un aborto es el que se hace por succión. Este fue inventado en los países comunistas propagándose después en Occidente. Consiste en aspirar el contenido del útero por medio de una potente bomba de vacío. El cuerpo diminuto no nacido desmembrado por la fuerza de la aspiración juntamente con los restos de placenta, atraviesa el tubo de succión y cae en un frasco de cristal. La succión es tan poderosa que en numerosas ocasiones han ocurrido perforaciones de útero y hasta de intestinos. Tiene duración máxima de dos minutos, lo que permite rendimientos a escala industrial en las clínicas donde se practica.
Después de muchos estudios se ha constatado que el aborto es un 400 por ciento más peligroso para la vida de la mujer que el parto. Gracias al avance de la medicina, los casos de opción entre la vida de la madre o del feto, son casi inexistentes. Hoy en día resulta injustificable el no incriminar el aborto terapéutico. Es más, desde un punto de vista científico no existe ningún supuesto de aborto “terapéutico”, tal como ha sostenido la Asociación Médica Nicaragüense, al publicar el 29 de junio del 2000, una declaración donde sostiene que “no existe una situación, en la práctica médica actual, donde la vida humana, desde el momento de la concepción, deba ser intencionalmente destruida por medio del aborto con el propósito de salvar la vida de la madre. No existe indicación alguna para determinar que un aborto sea terapéutico. Terapéutico significa que cura o intenta curar, en tanto el aborto no cura ninguna patología, y siempre produce la muerte de uno de los integrantes madre-hijo, como es el niño concebido en el vientre materno.”
Por todo esto, hay que decir que los problemas ocasionados por el aborto no son de ninguna manera puramente emotivos y pasajeros, sino que tienen un fundamento real de un asesinato voluntario culpable de un ser humano indefenso sobre el que se tenía la responsabilidad de la maternidad/paternidad.
* La autora es presidenta de Asociación Nicaragüense por la Mujer (Animu).

|