Tres contradicciones atentando contra la vida
Ana Chamorro de Holmann
Ahora, durante estos últimos días y con frecuencia, oigo en la radio anunciando una terrible sentencia de muerte: “Sí al aborto terapéutico por la sexualidad, la maternidad, el derecho”. ¡Qué contradicción!
No sólo todo viene de Dios, sino que todo le pertenece; lo que vemos a nuestro alrededor, pequeño y grandioso, inadvertido y maravilloso. Él nos ha dado la naturaleza, flores, arco iris, el sol, la luz que es el manto de Dios, es por eso que él descubre ese manto para dar luz a cada uno de nosotros en nuestro día, cada día que pasa es un regalo de Dios. Él nos ha dado una mano de alguien buena que nos brinda su amor: una madre. Ella nos enriquece con la fe, ella será nuestra guía, nuestro consuelo en los momentos difíciles y de dolor. Ella nos brinda todo lo que está a su alcance para que siempre en la vida tengamos la esperanza de un nuevo y bello día... como aquel en que nos dio la luz.
El aborto “terapéutico” es simplemente un aborto, porque este adjetivo es sólo un pretexto para disfrazar, engañar y encubrir este crimen. Con la sexualidad se está abriendo una puerta al libertinaje por el que resultan embarazos no deseados y que luego recurren a interrumpirlos “terapéuticamente”, todo esto por el uso mal encausado del sexo, el que Dios nos ha dado, al hombre y a la mujer, para la prolongación de su imagen por medio de ese don misterioso de la maternidad: el don de dar vida, el de ver realizado el fruto del amor de ambos seres que al unirse han alcanzado la culminación de la entrega mutua.
Derecho se llama el de la vida; el primero de la Declaración de los Derechos Humanos, este derecho es el que adquiere este nuevo ser en el mismo instante de su concepción, en ese momento, este ser ya no es parte del cuerpo materno, sino que un nuevo ser con su propio derecho a la vida: Una nueva criatura creada por Dios a su imagen y semejanza como cantan los salmos.
Señor ¡Qué maravillosas son tus obras!
Tú las hiciste a todas sabiamente, estas criaturas se ven en todas partes. Todas estas criaturas de ti esperan que les des a su tiempo el aliento, apenas se los das, ellos lo toman, pero envías tu soplo y son creadas y le das a la vida un nuevo aspecto.
¡Que la gloria de Dios dure por siempre y se alegre en sus obras el Señor!
Gracias Dios nuestro, primero a vos, por concederme la vida. Gracias a mis padres por habérmela guardado.
Madre bendigo el día en que me diste la luz.
Ese es el día que hizo el Señor:
Nos gozaremos y alegraremos en él.
Madres: Démosle un sí a la vida.
Hijos: démosle las gracias a la madre que nos guardó la vida.
* La autora es madre de siete hijos.

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