MIéRCOLES 25 DE AGOSTO DEL 2004 / EDICION No. 23552 / ACTUALIZADA 12:27 am





EL HUMOR DE




El caballo de mi vida

Foto  
. Apasionados de la equitación en Atenas

El británico Nick Skelton en una demostración con su caballo “Arko III”, durante una competencia de equitación en los Juegos Olímpicos.

 

EFE

ATENAS.- Si él está nervioso, o está cansado o si falla la comunicación entre ambos, el resultado nunca podrá ser bueno porque la confianza mutua es imprescindible para que la relación sea positiva.

No estamos hablando de una pareja en crisis, hablamos de la equitación en los Juegos de Atenas, y en concreto de la doma clásica, donde el jinete o la amazona otorgan a sus caballos un tratamiento casi humano.

Los entendidos suelen decir que el equilibrio entre el jinete y el caballo es la base de la equitación. Sin armonía y confianza entre ellos, ni el jinete ni el caballo pueden desarrollar todo su potencial. Más o menos, como en la vida de pareja.

Las declaraciones de los deportistas de equitación después de las competiciones de doma clásica, la más antigua y tradicional de las modalidades hípicas, ayudan a comprender la máxima de que el espíritu es el jinete y el cuerpo es el caballo.

Un día falla el jinete, otro día le toca al caballo porque puede estar resfriado, cansado o pesarle la responsabilidad debido a su juventud o ponerse nervioso porque le molesta el ruido de las hojas de los árboles.

“Mi caballo estaba cansado hoy. En los últimos días, tuvo un resfriado”, dice el español Rafael Soto al hablar de “Invasor”.

“Mi caballo no estaba muy bien hoy. Tuvimos problemas de comunicación”, declara de “Guizo” su compañero Juan Antonio Jiménez.

“Mi caballo es muy joven y no tiene mucha experiencia”, asegura el alemán Martin Schaudt.

“Beauvalais” es un animal experto que a sus 17 años “está en su plenitud, como un hombre de 40”, afirma el entrenador del equipo español de doma, Jean Bemelmans, en relación al caballo de Beatriz Ferrer-Salat, tercera de la competición.

“Es extraordinario, tiene un paso maravilloso y mucho talento. Pero también es muy nervioso y con poca experiencia. Por suerte le gusta trabajar y se deja entrenar. No hay nada que no pueda hacer”, señala el británico Carl Hester de su caballo.

“Cada día aprendo una cosa nueva de mi caballo. Estoy más que encantado con él. Le doy toda mi confianza y él rinde más cuando le doy autonomía”, comenta el estadounidense Robert Dover.

“Creo que estaba un poco cansada, porque ha sido un programa largo. Mi yegua es fantástica y tiene una encantadora personalidad. Es fuerte de mente y lo da todo. Cuando compite le encanta que todo el mundo la mire”, afirma el británico Richard Davison de “Ballaseyr Royale”.

“Estoy orgullosa de él”, señala la austriaca Victoria Max-Theurer de su caballo.

“Mi caballo y yo hemos comenzado a trabajar juntos desde hace poco tiempo y hay muchas cosas que debemos aprender uno del otro”, sostiene el danés Andreas Helgstrand de “Cavan”.

“Es muy sensible a la gente y especialmente a los sonidos”, indica el danés Jon Pederson.

“El viento y el movimiento de las banderas le ponen nervioso. Estaba un poco preocupado porque movía la cola continuamente. Se pone nervioso en la arena, pero en los establos está más relajado, incluso duerme cuando viaja en avión”, dice el estadounidense Guenter Seidel, de “Aragón”.

Todo un mundo de detalles singulares que obedece a un principio básico de la equitación que dice que cuando el jinete alcanza el equilibrio conjunto con su cabalgadura, recién entonces podemos decir que sabe montar.
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