MARTES 24 DE AGOSTO DEL 2004 / EDICION No. 23551 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Niños indefensos y familia en decadencia

Enrique Genie Alvarado

En Nicaragua la familia se dispersó a partir de los años ochenta y poco a poco se han deteriorado los valores morales en el núcleo familiar, sobre todo en los más vulnerables. Observamos continuamente los abusos sexuales, maltratos físicos y psicológicos y explotación de niñas y niños. Muchos creen que los abusos sexuales no existen (en su entorno familiar) o son infrecuentes. También se cree que si los abusos sexuales ocurrieran en nuestro entorno inmediato se enterarían, pero la realidad no es así: algunos de los casos no son conocidos por las personas cercanas a las víctimas porque se tiende a ocultarlo. Muchos consideran que los agresores son personas ajenas, con graves patologías o desviaciones sexuales, sin embargo, casi todos los abusos sexuales son cometidos por sujetos aparentemente normales.

Si el agresor es un miembro de la familia, la mayoría de las madres reaccionan ocultando los hechos, aún más cuando el autor es su compañero; o en un dado caso la tendencia es, muy frecuentemente, a creer que los niños están mintiendo o fantaseando, lo cual repercute negativamente en el menor. Si los padres son conscientes de la gravedad del problema y de sus consecuencias, disminuyen los sentimientos de culpabilidad y vergüenza que suelen experimentar las víctimas. Según expertos son pocos las niñas o niños que logran hablar.

Podemos tener excelentes normas jurídicas de protección a la niñez o presentar en el futuro iniciativas de ley, pero si éstas no se hacen cumplir no estamos haciendo nada por ellos. El Estado debe garantizar su cumplimiento y castigar severamente a los abusadores. Hay que reforzar el Código Penal, pero también es importante que las instituciones realicen programas de prevención y tratamiento para los niños agraviados, educar al público en general sobre los peligros y consecuencias, y la necesidad de denunciar los abusos e intentos de abusos. Se debe romper la “barrera del silencio” con los hijos.

Los abusos sexuales cobran al año un número desconocido de víctimas. El Ministerio del Trabajo indicó que en once departamentos del país existe la explotación sexual abierta como forma de trabajo infantil. Recientemente la Coordinadora de Organismos que Trabajan con la Niñez (Codeni), señaló que de 173 niños(as) y adolescentes trabajadores entrevistados, el 53 por ciento aseguró que sus labores están relacionados a abusos físicos y explotación sexual. Asimismo, el Ministro de Salud brindó un dato alarmante: “el 95 por ciento de los abusos sexuales se da en los hogares nicaragüenses”. Para el mes de mayo de este año habían registrado un mil 377 casos de abusos a menores, según los diagnósticos practicados en el Instituto de Medicina Legal.

El artículo 71, segundo párrafo, de la Constitución dice: “...La niñez goza de protección especial y de todos los derechos de su condición requiere, por lo cual tiene plena vigencia la Convención Internacional de los Derechos del Niño y la Niña”. El artículo 34 de está Convención establece que tiene “derecho a ser protegido de la explotación y abusos sexuales, incluyendo la prostitución y su utilización en prácticas pornográficas. Los Estados Partes se comprometen a proteger al niño contra todas las formas de explotación y abuso sexuales. Con este fin, los Estados Partes tomarán, en particular, todas las medidas que sean necesarias para impedir: la incitación o la coacción para que un niño se dedique a cualquier actividad sexual ilegal; la explotación del niño en la prostitución u otras prácticas sexuales ilegales; la explotación de niños en espectáculos o materiales pornográficos”.

En Nicaragua se debe invertir más en educación. Un país con una tasa educacional alta afianza su desarrollo, enriquece su cultura, adquiere sabiduría y aumenta su riqueza. Ejemplo de ello es Japón.

Recientemente el programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe (Preal), reiteró que nos encontramos con un nivel deficiente en lo que respecta a educación. Indicando que la inversión en este campo se mantiene en los últimos peldaños, quedando en el penúltimo lugar (en niveles similares a los de África Sub-Sahariana) al invertir 83 dólares por estudiante de primaria, mientras que en otros países, como Costa Rica invierte 700 dólares y el promedio de Latinoamérica es 403 dólares por alumno. Del seis por ciento destinado a las universidades, lo cual comparto siempre y cuando exista equidad económica, se debería pasar un tres por ciento de este porcentaje a la primaria y secundaria. ¿Qué porvenir tiene el país con tantos profesionales con una deficiencia educacional sin una base sólida. Se necesita cambiar de actitud y fortalecer la educación y la familia en Nicaragua, de ello depende mucho el futuro y el rumbo de la nación.

El autor es diplomático
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