Acción reflexiva y razón humana
Bayardo Quinto Núñez
La realidad nacional de Nicaragua está ligada con la modernidad, la crisis y los intereses creados de algunos. La institucionalidad está desintegrada. El mundo se transforma ante nuestros ojos y de aquí la necesidad de observar los asuntos políticos no sólo como cambios materiales, sino como un proceso de transformación mental, ética, cultural, social, política, económica y, sobre todo, de bienestar común para todos.
Es necesario adoptar conciencia de esta situación desde la propia realidad, para integrarla a su tiempo, para darle universalidad capaz de observar nuestras circunstancias generales y generar un sentido para nuestra historia con el propósito de resolver permanentemente lo que más enferma a la sociedad nicaragüense: el desempleo y la delincuencia, entre otras cosas.
El problema de asegurar un futuro mejor se metamorfosea precisamente por mantener esas facciones políticas, que hoy por hoy se reducen a la crisis nacional que vive el país, que generan valores contradictorios, incongruentes con las necesidades del desarrollo. En otras palabras, ante esta situación impredecible y cambiante hay a simple vista varios caminos a seguir: 1) Consolidar la propia identidad para buscar el rostro de nación. 2) Una institucionalidad que promueva y esclarezca el proceso de transformaciones para garantizar las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales, participando con ideas en las que se discurra o debata el futuro de los nicaragüenses.
La centralidad sería que los puntos de equilibrio que se deben tener en cuenta, en vez de ser fortalecidos cada día que pasa se tambalean y la crisis se agudiza. Todavía no se encuentra una nueva expresión de vida que llene los requisitos de la realidad y bienestar común. La sobrevivencia se va agotando y el pueblo tiene pocos recursos para mantenerse y sostenerse.
En Nicaragua, como es fácil observar desde la misma realidad nacional, la sobrevivencia humana es cambiante, día a día se moderniza y se perfecciona al compás del desequilibrio y la crisis institucional generalizada. La pérdida de valores morales en todos los ámbitos no permite una buena marcha de la nación. Es necesario que los actuales políticos al servicio del poder público reflexionen, porque el futuro no es de ellos sino de la población.
La política nicaragüense no puede proseguir fragmentada, hay que hacer uso de la unidad política como iniciativa para que fluya cívicamente ese bienestar común anhelado, y de esa manera estimular el impulso político necesario para nuestro desarrollo como sistema político estable de futuro y, lo mejor resolverle al pueblo.
Hay que buscar la unidad y la reconciliación nacional y/o acuerdos por el bien de todos, como una actividad creativa e intervinculante en la construcción del futuro y el rescate de los verdaderos valores morales. Así se podría dejar una muy buena herencia de futuro.
La política es acción reflexiva de la razón humana. Es navegar, fundirse en los lugares más íntimos de nuestras conciencias. En caso contrario la crisis de la razón sería la crisis de la identidad, debido al divorcio de la verdadera realidad y la razón de existencia encaminada a mejorar y modernizar el futuro de Nicaragua en el siglo XXI.
El autor es abogado y notario

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