Desastres: indicadores del nivel de desarrollo
Horacio Somarriba
La ocurrencia de desastres es un indicador del nivel de desarrollo en el país. Es decir, ambos tienen un vínculo muy estrecho sobre el cual el Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred) debe incidir para su reducción y manejo a través de políticas, planes, programas y proyectos que apunten no sólo a la preparación para la respuesta oportuna y efectiva en la atención a los desastres, sino y principalmente a la transformación de las condiciones de riesgos a escenarios de desarrollo que aporten a las oportunidades individuales y colectivas para el crecimiento integral del nicaragüense.
Los eventos desastrosos del Musún, donde se generaron pérdidas humanas y materiales, son un ejemplo típico de la situación actual de los problemas del desarrollo relacionado con los desastres, sobre los cuales el Sinapred no ha ejercido cambios significativos para lograr la reducción de vulnerabilidades, consecuentemente y de las amenazas que agobian a las poblaciones asentadas en las faldas o cercanías de los cerros de Nicaragua.
El caso del Musún demostró que no funcionaron todos los engranajes de “coordinación” interinstitucional del Sinapred, desde el contexto nacional hasta las comarcas directamente afectadas. El aviso de lluvias “peligrosas” no fue atendido, por lo que la gente perdió sus viviendas en algunos casos y en otros hasta la vida. No se ha profundizado en el análisis detallado de qué fue lo que falló, como una lectura para aprender de ella y abonar a la reducción de estas situaciones desastrosas.
La historia reciente de los estados de desastre no es alentadora según muestra la práctica en el territorio de Nueva Segovia, donde los incendios forestales se intensifican año con año, a causa del desastre dejado por el gorgojo descortezador que acabó con la mayoría de pinares. La población y los municipios se ven cada día más vulnerables a otros fenómenos que pueden ser estimulados por la naturaleza y que amenazan la vida y propiedad de éstos. Aun cuando se declaró el estado de desastre hace tres años, las condiciones de riesgos no se han reducido, por lo contrario han aumentado.
Para el caso del Musún se declaró el estado de desastre, con la expectativa de que las instituciones del Estado aliviaran la emergencia e impulsaran un proceso de recuperación que favorezca la calidad de vida humana, aprovechando la situación para optar a otros modelos de desarrollo en la zona y de esta manera reducir la ocurrencia de desastres.
Sin embargo, el cuadro de la situación indica que de 644 familias afectadas 128 aproximadamente siguen habitando sus casas que se encuentran en las zonas de más alto riesgo por deslizamiento de tierra, el resto de familias está ubicado en albergues, cuyas condiciones de vida deterioran la dignidad humana, y que por esta situación muchos de ellos están retornando a sus antiguos lugares de habitación (zonas de deslizamientos mortalmente peligrosas).
Los esfuerzos de las autoridades municipales de Río Blanco para iniciar un proceso de reasentamiento, han movido todos los mecanismos que la ley les otorga, pero la coordinación interinstitucional (a cargo del Sinapred) no rinde frutos aún. La declaratoria de desastres no ha favorecido a estas poblaciones, observando la gran posibilidad de pérdidas humanas y materiales por el desarrollo de la época lluviosa y la agudización de la vulnerabilidad en general de esta población de las comarcas afectadas en el cerro Musún. Situación parecida se está desarrollando en el municipio de Dipilto, en la elevación El Volcán.
La idea principal del Gobierno para el Musún es aliviar la emergencia en la medida que se pueda y recuperarse a través de soluciones derivadas del Plan Nacional de Desarrollo que a todas luces no fue concebido para etapas de recuperación de la población después de un evento desastroso, sino para el fomento de la inversión privada, para crear las condiciones para esta última y hasta entonces si es necesario a la inversión, brindar algunos servicios básicos para asegurar capacidades y cercanía en la población, de su mano de obra, estableciéndose el tipo de desarrollo que se quiere impulsar, que no difiere en mucho al que genera grandes condiciones de riesgos por el estilo de asentamientos humanos a la fecha construidos.
El auto es director de Proyectos de Gestión de Riesgos del Centro Humboldt

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