MARTES 17 DE AGOSTO DEL 2004 / EDICION No. 23544 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Educación: prioridad inmediata

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Alfonso Efraim Castellón Ayón

Al hojear el Plan Nacional de Desarrollo o mejor dicho la propuesta, consulta y prioridades territoriales, he sacado algunas conclusiones que quisiera compartir con los lectores de LA PRENSA.

Las siguientes son algunas preguntas que hace el Gobierno de la República basado en encuestas recientes: 1) ¿Cuáles son las reformas básicas que responden a la voluntad soberana del pueblo? 2) ¿Cuáles son las reformas que deberían hacerse para asegurar la independencia de los poderes y la gobernabilidad? 3) ¿Cuáles son esas funciones que debe cumplir el Gobierno para propiciar el desarrollo y el bienestar? 4) ¿Debería concentrarse el Ejecutivo en garantizar adecuadamente la educación, la salud, la seguridad ciudadana, las infraestructuras básicas y los incentivos que demanda el empresario para producir?

De acuerdo con el título de este artículo deseo concentrarme en la cuarta pregunta: ¿cómo garantizar adecuadamente la educación?

A ciencia cierta, tiene un tremendo problema el Ejecutivo con este delicado asunto, porque además, dice el Plan Nacional de Desarrollo que los indicadores de Educación reflejan los rezagos más significativos siendo la población en desventaja: a) Analfabetas en porcentajes de población 15 años o más y b) Sin primaria completa la misma población y porcentajes.

Sin embargo un grupo de universidades con el CNU a la cabeza se llevan el seis por ciento del Presupuesto Nacional, incluidas las donaciones y préstamos. ¡Esto no debe ser así! Es altamente desproporcionado, considerando que tan sólo el 1.13 por ciento del PIB es lo que Nicaragua gasta en Educación.

Hay que reformar la Constitución y distribuir ese mismo seis, o diez por ciento si fuese necesario, entre el universo estudiantil, concentrando esfuerzos en alfabetización funcional, primaria y enseñanzas técnicas artesanales. Éste es el centro del embotellamiento cultural. No creo que más abogados, médicos, ingenieros, etc., sean innecesarios; claro que no. Pero el problema está en la afectación educativa: los menores, los adultos analfabetas y los marginados sociales. A pesar de la famosa revolución, hoy más que nunca se acentúa la crisis educacional. La brecha existente entre los que tenemos todo y los que no tienen nada, aumenta.

Algún político de izquierda puede interpretar esto último como justificación para intentar otro alzamiento masivo. Gracias a Dios, en este siglo XXI no caben esas justificaciones. El pobre quiere trabajo, educación, salud y oportunidad para vivir con dignidad.

El PND reconoce con muy buen tino que la educación “…es un factor trascendental para la movilidad social (¿?) y la reducción de la pobreza en el largo plazo…”

No se puede ignorar que 823 mil personas no tienen acceso al sistema educativo nacional: 60 por ciento en la educación secundaria y 72 por ciento en la primaria. Este porcentaje es seis veces mayor en hogares pobres.

El Gobierno reconoce que hay “…rezagos generados por los problemas de recursos, inequidad, los más pobres están siendo excluidos, desbalance en lo que se refiere a las partidas presupuestarias que no corresponden con la población en cada nivel…” (página 189 PND). ¿Qué espera entonces el Gobierno para propiciar una verdadera reforma educativa y aunar esfuerzos con quienes sea necesario para reestructurar el seis por ciento del CNU?

La ciudadanía consciente y un alto porcentaje de la sociedad civil respaldaría tan brillante acción. La educación (usando palabras del PND) es un elemento clave para el incremento de la productividad y la competitividad económica, así como para la sostenibilidad social y política de un país como Nicaragua. Por tanto, la educación es prioritaria en la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo.

El autor es Abogado y Notario
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