MARTES 17 DE AGOSTO DEL 2004 / EDICION No. 23544 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Ese líder esperado

Foto  

 

José Esteban González R.
josegonzalez79@hotmail.com

El Frente Sandinista tenía todo a su favor para hacer un Gobierno modelo no sólo para Nicaragua sino para todos los países deseosos de liberarse de la pobreza y de afirmar su identidad nacional. Sin embargo, el FSLN escogió la ruta de la confrontación arrastrando a Nicaragua a una confrontación interna e internacional sin precedentes en nuestra historia. Algunos comandantes violaron los derechos humanos y se dedicaron a engrosar sus cuentas millonarias en paraísos fiscales.

Las consecuencias del saqueo de los comandantes se dejan sentir todavía hoy. Cada vez que un nicaragüense paga sus impuestos, cancela una factura o realiza acciones tan prosaicas como comprar gasolina o entrar al cine, está forzadamente contribuyendo a pagar la deuda interna derivada de confiscaciones injustificadas y de la piñata. Es como si la larga mano del sandinismo se introdujera en el bolsillo de cada ciudadano para despojarlo del fruto de su trabajo.

Doña Violeta Barrios de Chamorro vino como bálsamo piadoso sobre heridas aún sangrantes. Con su estilo irrepetible, sin otra pretensión que la de reconciliarnos y ayudarnos a reemprender la marcha, hizo el mejor papel posible como presidenta. Tomó, sin embargo, una decisión que a todos defraudó al nombrar ministro de la presidencia a su propio yerno. Al arrogarse poderes prácticamente omnímodos, el súper-ministro familiar invadió funciones de la presidenta, convirtiendo en papel mojado los acuerdos creadores de la UNO y la propia Constitución de la República.

No obstante, haber despertado enormes esperanzas y de haber alcanzado el logro envidiable de refundar el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Arnoldo Alemán violó durante su gestión pública principios fundamentales del liberalismo al establecer un sistema de pillaje voraz de bienes del Estado.

Más grave aún, Arnoldo Alemán concluyó con Daniel Ortega un ignominioso pacto para apropiarse de las instituciones republicanas y vaciarlas de su substancia. Al hacer esto, ambos caudillos incurrieron en conspiración contra el Estado. Al actualizar reiteradamente dicho pacto, Arnoldo Alemán y Daniel Ortega renuevan y reafirman su delito. Estamos ante un caso típico de asociación reincidente para delinquir en perjuicio del Estado, delito constitutivo de alta traición y perseguible de oficio.

El presidente Bolaños es un hombre capaz y honesto. Los planteamientos de su Plan Nacional de Desarrollo son correctos y los resultados en la esfera macroeconómica notables. Su labor anticorrupción le ha merecido reconocimiento mundial. Las inversiones no han cesado de fluir y las zonas francas se multiplican a buen ritmo llevando recursos básicos a miles de hogares. Sin embargo, predomina en el país un sentimiento de frustración y de desesperanza. ¿A qué se debe? La causa parece residir en un manejo de la imagen del presidente que no le hace justicia y en carencias metodológicas del sistema informativo gubernamental. Por otro lado, siguen vigentes en el Gobierno algunas prácticas salariales heredadas del corrupto gobierno arnoldista y cuyo origen se remonta al sistema remunerativo que enriqueció a la nomenclatura durante los 11 años del igualmente corrupto gobierno del FSLN. Juristas y moralistas de indiscutible solvencia consideran dicho sistema “contrario a la justicia y a la recta razón”.

La reducción de los megasalarios y megapensiones no liberaría suficientes recursos para resolver la compleja problemática social de Nicaragua, pero eliminaría la percepción generalizada de que los altos funcionarios son insensibles ante los sufrimientos del pueblo y reviviría la confianza ciudadana en sus gobernantes.

Si el presidente Bolaños prestara oídos al clamor popular sobre este punto, se convertiría inmediatamente en uno de los presidentes más populares y respetados de nuestra historia, capaz de movilizar multitudes y de adelantar —sin necesidad de tortuosas y humillantes negociaciones con caudillos y pillos— su hermosa agenda de reformas políticas y sociales.

Con sólo adoptar un par de decisiones emblemáticas, el presidente podría modificar radicalmente la correlación de fuerzas y liberarse definitivamente del chantaje al que los caudillos Alemán y Ortega constantemente lo someten. Esto le permitiría gobernar durante el resto de su mandato con apoyo popular masivo, acrecentar aún más su autoridad moral y su credibilidad frente a los países donantes y pasar a la historia como un auténtico estadista. El pueblo de Nicaragua y el propio presidente Bolaños se lo merecen.

El autor es fundador de la CPDH
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Sobre contaminacióndel San Juan por explotaciones mineras

Sapiencia, mi amigo

La vejez es la peor enfermedad

Ese líder esperado

Educación: prioridad inmediata