MARTES 17 DE AGOSTO DEL 2004 / EDICION No. 23544 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




El drama de las adolescentes embarazadas

Las estadísticas nacionales señalan que el 30 por ciento de los embarazos acaecen en adolescentes, cuyo organismo femenino no se encuentra preparado física y mentalmente para recibir en su seno a un nuevo ser y darle la atención debida.

Esa inmadurez explica las complicaciones que con frecuencia surgen durante la preñez de las jóvenes, como por ejemplo cuadros de anemia profunda, vómitos incoercibles, depresión, sentimientos de culpabilidad, anorexia, intenciones de suicidio, etc. Son frustraciones que provocan consejos peligrosos como interrumpir el embarazo, abandonar el hogar, etc. Llegado el parto, el médico obstetra comprueba que a menudo la joven parturienta —quien no ha asistido a la clínica para chequeo periódico—, no presenta los diámetros pélvicos adecuados para dejar paso al niño y debe el cirujano practicar una cesárea no programada, con todos los riesgos que ello significa.

Esa angustiosa situación se agrava cuando, al producirse el nacimiento, se encuentra la madre adolescente con que su pareja la ha abandonado y ella, que apenas cursa la secundaria, no dispone de ingresos propios para atender a su criatura y ni siquiera tiene idea de la dificultad en que se ha metido. Es hasta entonces que entra en escena la abuela, muchas veces una empleada doméstica que apenas gana mil córdobas mensuales, que no tiene seguro y ha montado su humilde hogar en una casita de tablas y cartones comprimidos. El abuelo, a su vez, que acaba de conseguir un puesto de ayudante de albañil con un sueldo promedio de mil quinientos córdobas, no puede hacer frente a los gastos que producirá el ingreso de un nuevo inquilino.

Este dramático problema tiende a aumentarse, pues el inicio precoz de las relaciones sexuales tenidas en el 50 por ciento de los casos antes de los l8 años, conlleva una alta tasa de fecundidad promedio de 152 por mil habitantes y que en el campo es mayor en un 60 por ciento. Todo lo cual arrastra una alta tasa de mortalidad materna en las zonas rurales por la falta de asistencia médica. Y aunque en los últimos años el embarazo de adolescentes se ha reducido, de 32 por ciento en 1933 a 27 por ciento en el 200l, esa reducción es muy pequeña.

A todo eso hay que agregar que, en lo general, los adolescentes que viven en condiciones sociales de pobreza son más vulnerables a las drogas, alcohol y a la prostitución. Las jóvenes convertidas precozmente en madres terminan con frecuencia reclutadas por proxenetas que las llevan con engaños al extranjero.

Por otra parte, en el año 2001 casi la mitad de las violaciones sexuales ocurridas en el país se presentaron en mujeres adolescentes, en el grupo de 13 a 17 años, aunque las jóvenes amas de casa cuyas edades oscilaron entre los 18 y 25 años también fueron víctimas de similar abuso.

¿Cuál es la causa de este problema y qué se puede hacer para solucionarlo? A nuestro juicio son tres los factores que provocan este triste escenario: el debilitamiento de los controles morales que antes se ejercía en los hogares; la falta de información sobre los peligros de la sexualidad descontrolada y el consiguiente embarazo temprano; y finalmente, pero no menos importante, la miseria en que ese sector de nuestra población sobrevive.

No se crea, sin embargo, que la precocidad en las relaciones sexuales es exclusiva de los sectores marginados de la sociedad. Encuestas realizadas en escuelas y colegios donde acuden alumnos cuyos padres tiene ingresos de más de mil dólares mensuales, se presentan cada vez con más frecuencia casos de alcoholismo, drogadicción y embarazos no deseados. En este caso no es falta de educación, sino que los padres ocupados por hacer dinero o conseguir un estatus social elevado, no se comunican con sus hijos, no crean un clima de confianza y no imparten información.

Y en cuanto a soluciones hay que volver a darle importancia a la consolidación de hogares verdaderos, en los cuales los padres den buen ejemplo, que no tengan una doble vida y que recurran a la religión para dominar los impulsos y evitar los excesos.
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