El fascinante desarrollo del mundo de la ciencia
Erwin A. Aguilar eaguilar@bellsouth.net
Generalmente se asocia el surgir de la ciencia moderna con el período del Renacimiento, aunque sus raíces nos llevan hasta la antigüedad. La necesidad de saber, de tener conocimiento, ha inspirado al hombre y su pensamiento, y es así que hace unos tres millones de años aprendió a manejar el fuego. Ejemplos del progreso los vemos en las civilizaciones antiguas hasta llegar a nuestros días, la era del espacio y la cibernética y las maravillas de las cuales somos testigos.
La investigación científica, o sea la ciencia moderna y sus implicaciones, es la actividad humana más importante desde el punto de vista práctico y desde el punto de vista académico en las universidades, así como la más interesante, intrínsecamente hablando. No es nada sorprendente que muchos escogieron este camino con gran curiosidad, estudiando a profundidad lo que los rodeaba. Si se pudiera hacer un panorama detallado de la ciencia, como una pintura, usando el trabajo de los historiadores, psicólogos, sociólogos, antropólogos, científicos en ciencias políticas, ciencias naturales y ciencias médicas y lo observáramos, veríamos, que describiría la conducta del ser humano en muchas formas, resultando en una obra fascinante.
Muchos son los motivos para hacer ciencia. A unos los entusiasma la tentación del descubrimiento, de la oportunidad de agregar algo nuevo, que aunque pequeño, va a hacer más grandes las fronteras del conocimiento. Esta característica del intelecto humano nos explica el progreso de la ciencia. Cualesquiera que sean los motivos, los beneficios conducen al desarrollo de una actitud crítica y científica. La ciencia exige que todo debe ser demostrado. Existen los supuestos que a su vez sirven de guía para generar hipótesis que luego generan conocimiento cuando se demuestran.
Albert Szent-György expuso que desarrollamos el pensamiento científico cuando estamos frente a un problema y nos acercamos sin ideas preconcebidas, sin miedo, sin avaricia y sin odio. Nos acercamos fríamente y empezamos a recopilar los datos, los cuales eventualmente nos darán una información. Linus Pauling decía que por muchos años estuvo confundido por la extraordinaria especificidad de los organismos vivientes y que finalmente se sintió satisfecho cuando logró entender esa especificidad mientras trabajaba en el campo de la inmunoquímica demostrando claramente que la especificidad biológica depende en general de acciones complementarias en la estructura de las moléculas entre sí.
Santiago Ramón y Cajal afirmaba “que el hombre de ciencia, como los grandes reformadores religiosos y sociales, ofrece los caracteres mentales del inadaptado. Mora en un plano superior de humanidad, desinteresado de las pequeñeces y miserias de la vida material. Tiene una vocación sincera y profundamente humana. Esa pasión comprende a propios y extraños, y se dirige lo mismo a la humanidad actual que a la futura. Gracias a esos singulares talentos, cuya mirada penetra en las sombras del porvenir, y cuya exquisita sensibilidad les fuerza a condolerse de los errores y estancamientos de rutina, es posible la evolución social y científica”.
Leonardo da Vinci, considerado como el fundador de la ciencia moderna, fue un gran arquitecto e ingeniero y un científico experimental mucho antes de que se formulara el método científico que fue propuesto tiempo después por Sir Francis Bacon, quien hacía hincapié en la experimentación y la inducción a partir de los datos en vez de una deducción filosófica a la tradición aristotélica. Isaac Newton descubrió las leyes universales de la gravedad observando caer una manzana. Rodolfo Virshow, quien además de ser un opositor de la teoría de la evolución de Darwin, fue también un opositor a las teorías racistas de su época y el creador de la reforma hospitalaria en materia de salud pública en Alemania.
El más grande de todos los genios fue Luis Pasteur, quien logró establecer la teoría de los gérmenes y la enfermedad terminando con los conceptos de su época sobre la generación espontánea. Fue el primero en explicar las bases orgánicas del control de la fermentación, además de aislar numerosos organismos y desarrollar vacunas.
La ciencia no se hizo de la noche a la mañana. Es un proceso evolutivo. Lo que sabemos hoy en día no es el punto de partida del conocimiento, es, más bien, la continuación del pasado, de esa característica de los seres humanos en la búsqueda continua de la verdad, eliminando en su camino las falsas verdades y creencias absurdas, buscando pruebas para demostrar los hechos, creando nuevos conocimientos y estudiando el pasado para poder comprender el futuro.
El autor es director de investigación clínica en el departamento de medicina interna de la Universidad de Louisiana, Estados Unidos.

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