DOMINGO 8 DE AGOSTO DEL 2004 / EDICION No. 23534 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Nuestro cacao y sus derivaciones léxicas

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Jorge Eduardo Arellano

A sugerencia de Luis Sánchez Sancho, editor de las páginas de opinión de LA PRENSA, escribo este artículo sobre el cacao y su incidencia léxica y monetaria en nuestro país. Propia del área mesoamericana (México y gran parte de Centroamérica), esta planta (theobroma cacao, es su nombre científico), o más bien su semilla o grano, funcionaba como base de intercambio entre los indígenas del Pacífico de Nicaragua. Monopolizado por los Nicaraos, establecidos en el istmo de Rivas, su precio era fijado por la voluntad de los contratantes en los tiangues (mercados), donde se adquiría un esclavo por cien granos, se alquilaba el cuerpo de una mujer pública (guatepol) por diez, se compraba un conejo también por diez y una paloma por dos.

El cronista Oviedo puntualiza el cuidado de los Nicaraos en su cultivo: ponían el árbol a la sombra de otro más grande (madre cacao), cuyas ramas altas eran dobladas sobre el pequeño para protegerlo del sol. Ambos árboles fueron dibujados en 1546 por otro cronista: Girolamo Benzoni. Lo más importante era que los Nicaraos lo imponían como moneda a las tribus vecinas, permaneciendo éstas bajo su égida económica. Es decir, les obligaban a “pedir cacao”. De ahí se deriva esta locución a la que recurrimos de niños cuando luchábamos cuerpo a cuerpo con un amigo, siendo de rigor, al someterlo, exigirle que “pidiera cacao”. Y a nuestro contrincante no le quedaba otra opción que exclamar: “¡Cacao!”, para declararnos victoriosos o viceversa.

Un proceso de deificación explica el hecho de haber adoptado los indígenas el grano del cacao como unidad monetaria. En efecto, tenían de dios a Cacahuat, a quien le danzaban ceremonialmente al final de su recolección, como lo describió el mismo Oviedo. Éste afirma que también se usaba como producto medicinal (la crema de cacao) y, sobre todo, como bebida (el chocolate), sólo consumible por los caciques, sacerdotes y capitanes generales. No por la “gente común” que se daba a la tarea de falsificarlo extrayendo la pulpa —mediante un taladro de espinas— de la almendra, rellenando la corteza con tierra.

Por lo demás, el cacao se mantendría como moneda hasta muy avanzado el siglo XIX. Durante el XVII, los hacendados de Granada pagaban a los indios la mitad de su salario semanal en granos de cacao: 600 equivalente a tres reales de plata sencillo, pues cada real valía 200. A nivel popular, los mismos 5 granos formaban “una mano”; 10, “dos manos”; 15, “tres manos” o “un quince”; 30 granos, “dos quince”; 40 granos se contaban como dos “pantlis” (banderas) o dos “cempoáles” (veintenas); 400 granos eran un “tzontli”; 8,000, un “xiquipili” y 24,000, “tres xiquipiles” (la equis se pronuncia como jota) que constituían “una carga” para llevar a cuestas.

Tanto se popularizó el uso del cacao que el vocablo “jiquipil” correspondía, en el lenguaje coloquial, a “una porción grande”, de acuerdo con el primer diccionario del español hablado en Nicaragua que compiló el alemán Berendt en 1874 (aún en nuestros días “un cachipil” es una cantidad o montón de “algo”, generalmente dinero) Por decreto ejecutivo del 29 de marzo de 1869, se prohibió la circulación del caco como moneda, llamada entonces “chilacate”, sin resultado efectivo por la escasez de numerario. Y la costumbre indígena continuaría hasta el punto que el pueblo adoptó el cacao al centavo del cuproníquel, emitido por el gobierno en 1878, con el retorno del “quince” equivalente a dicho centavo, costumbre que fue abandonada por completo entre 1898 y 1900.

Además del chocolate, bebida muy apreciada universalmente, el cacao ha producido otras tres en Nicaragua: el refresco o “fresco”, el “pinolillo”, y el “tiste”, reconocida como “bebida nacional”. Al mismo tiempo, se derivaron del fruto, una serie de unidades fraseológicas, entre ellas las consignadas por Valle (1972:51): “Tener un palito de cacao”: poseer recursos, de los cuales se puede disponer constantemente. “No tener ni un cacao”: estar pobre, frontero a la miseria. “No valer ni un cacao”: ser nulo, mezquino, inútil. “Comecacao”: remoquete aplicado a los rivenses, grandes productores de cacao.

Sólo a mediados del siglo XVIII había alrededor de su villa 294 haciendas con 648 mil árboles cacaoteros. Esta variedad, llamada “Nicaragua” y luego “del país”, es una de las más grandes de su especie. La mazorca, con la superficie ligeramente rugosa, tiene cinco caras marcadas por una leve hendidura y las almendras —antes de ser procesadas— son de color blanco. Durante muchas décadas, el Valle Menier hizo famoso en el mundo el chocolate sólido del mismo nombre y en 1962, el químico especializado en su manufactura, L. Russell Cook, afirmó —al analizar una muestra— que nunca había visto un cacao “tan grande y fino” como el “Nicaragua”.

El autor es Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua.
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