Rimbaud: el poeta viajero
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 | En el 150 aniversario de su natalicio |
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La coreógrafa y bailarina Sandra Gómez. |
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Arnulfo Agüero
El ejercicio del performance como una alternativa teatral y poética ha venido siendo desde el año pasado, una variante experimental de los tradicionales homenajes de recitales que se han venido realizando en los diversos centros culturales del país en los últimos años. En esta ocasión se ha reunido un grupo heterogéneo de jóvenes artistas, —teatristas, poetas y danzantes— para rendir el más sentido tributo a uno de los más grandes del simbolismo francés: Arthur Rimbaud, íntimo amigo de Paul Verlaine, confidente literario y pasional.
A Rimbaud, “un poeta siempre joven” (1854-1891) nacido en Charleville, Ardenas), se le conoce por su genialidad literaria. Sus notas biográficas afirman que a los diez años destacaba por su brillo intelectual; pero no fue sino hasta los 17 que hilvanó su famoso poema El barco ebrio (1871), el cual fue celebrado por el poeta Paul Verlaine en esos años de amistad. Algunos críticos sostienen que la breve obra de Rimbaud — quien auscultaba lecturas religiosas y ocultistas — tiene el sello de influencia de su antecesor, el excéntrico y decadente Charles Baudelaire, autor del polémico libro Las flores del mal (1945)
Pero fue con Verlaine con quien inició una “amistad tormentosa” que sólo duró un año. En este breve lapso viajaron a Inglaterra y Bélgica; pero fue en este último país que Verlaine intentó en dos ocasiones matarlo por sus “infidelidades”. Verlaine fue a parar a la cárcel y Rimbaud al hospital donde escribió resentido y dolido, relativo al incidente: Una temporada en el infierno. Otro de sus libros de poemas — recopilados por Verlaine — es Iluminaciones (1886) En éste se destaca la célebre composición de las cinco vocales, las cuales llevan su propio color: Soneto de las vocales.
Es sobre esta historia y sobre esta atmósfera que este grupo de jóvenes auto-coordinados por ellos mismos, con mínimos recursos y en tránsito del arte experimental — o alternativo en estos “tabloncillos al aire libre” — ejecutaron un performance armados de algunos poemas de Rimbaud, sobre lo absurdo de la existencia humana. Sin duda, esta técnica, si bien es cierto que aborda ciertas objetividades, la sumatoria es una configuración altamente surrealista, propia de las confesiones interiores, alejadas del pensamiento real. Al valorar estos trabajos desde otra óptica más tradicional, o de un realismo figurativo e historicista, terminaríamos perdidos en esta trama que no tiene pies ni cabeza.
Si bien es cierto que estos soliloquios fueron separados en cuatro poemas, fueron parte de un mismo conjunto interpretativo que se esforzó por tratar de representar el estado preconsciente y así desconectar la mente y activar las sensaciones en el público que lo presenció. Y bien, lo lograron desde su misma novedad y selección temática.
El performance fue realizado en un escenario improvisado de la Alianza Francesa, alusivo a El barco ebrio de Rimbaud. O talvez un barco que el mismo Baudelaire abandonó en su viaje a la India, para regresar a escribir Las flores del mal. O el barco de la Barcarola, donde “navegó” Matilde, el amor de Pablo Neruda. O quizás el Barco negro del lago de Granada, cantado por Pablo Antonio Cuadra en Los cantos de Cifar, y pintado por Carlos Montenegro, en su serie de dibujos de monstruos, a los cuales aún mantiene en secreto.
¿Acaso no fue esto lo que atrajo a estos jóvenes y al mismo público que asistió?: el misterio de Rimbaud.
Y en esta ocasión, el simbolismo ha sido la “barca” de donde todos hemos salido y regresaremos.Y como dijo el actor José Wheelock al cerrar su acto y romper el guión: “Ya todo terminó”. O como diría alguien del público: es hora de despertar y volver a soñar. ¡Rimbaud sigue más vivo que nunca!
Un performance, donde se mezclaron las emociones, y los artistas jugaron con varios elementos, fuego, aire, agua y tierra, visualizado en la escenografía de “Rimbaud el poeta viajero”, el barco de fondo, rodeado de agua, y candelas que hacían el ambiente enigmático, luego la voz de los artistas se proyectaba a través de los poemas de Rimbaud, en medio de mucha tensión y emoción principalmente cuando los actores, a través de los poemas, proyectaron el continuo cuestionamiento
—toda una fiesta para los sentidos— en el que participaron Tania López, la bailarina Sandra Gómez, la poeta Marta Leonor González, y los actores Otto Castillo y José Wheelock.
Crítico de arte. 
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