Vergüenza deportiva
Es muy importante para la auto estima nacional y para estimular a los deportistas de Nicaragua, poder participar en las Olimpiadas de Grecia que se van a celebrar del 13 al 29 del mes de agosto corriente.
Con Nicaragua son 202 los países de todo el mundo que garantizaron su participación en los juegos olímpicos griegos. Y los cinco atletas nicaragüenses que estarán presentes en ese histórico evento formarán parte del gran ejército mundial de más o menos 10,500 atletas que competirán en las distintas disciplinas deportivas olímpicas.
En realidad, hubiera sido vergonzoso para Nicaragua que por pretextos económicos no se hubiese podido mandar a Grecia a ningún atleta, para salvar, por lo menos con su presencia física, el honor deportivo nacional. ¿Cómo se hubiera podido explicar que a pesar de las mismas carencias económicas se envió un contingente militar a la guerra de Irak, pero no a un pequeño grupo de atletas para participar en el máximo tributo de la humanidad a la paz y la amistad, como es el de los juegos olímpicos?
Las Olimpiadas se comenzaron a celebrar hace exactamente 2,780 años, como una demostración de los pueblos griegos de que mejor que hacer la guerra es competir de manera pacífica en el campo del deporte. De manera que, tratándose de las Olimpiadas, no tiene sentido el alegato de que no se debe participar porque resulta muy costoso, o porque no hay posibilidad de ganar medallas y ni siquiera de competir decorosamente.
El sentido olímpico —sin menospreciar, por supuesto, el gran valor y la inmensa significación que tienen el triunfo propiamente dicho y la conquista de preseas para el atleta en lo personal y para el país en general— es el de competir deportivamente ante todo para fortalecer los lazos de amistad, de comprensión, de tolerancia y de convivencia pacífica entre las personas de todas las regiones geográficas y de todas las naciones del mundo.
Fue precisamente para recuperar y resaltar el espíritu olímpico de los antiguos griegos, que en ocasión de celebrarse las Olimpiadas en Londres, en 1908, el obispo estadounidense Ethelbert Talbot acuñó la expresión imperecedera de que, en estas justas deportivas “lo más importante no es ganar, sino competir”.
Es bien sabido que el deporte sirve al desarrollo físico y mental de quienes lo practican, así como también es beneficioso para quienes se entretienen sanamente como espectadores de las prácticas deportivas. Pero también el deporte ayuda a elevar la calidad de vida de los sectores más vulnerables de la sociedad, así como a rescatar a los jóvenes que se encuentran en situación de riesgo o que ya han caído en las garras de la transgresión y la delincuencia.
En fin, como se dice en Atenas en estos días nada como el deporte moviliza tantas voluntades y sentimientos en el mundo, abre puertas a la imaginación y acorta distancias entre los pueblos que de otra manera serían insalvables.
Y en lo que se refiere específicamente a la participación de los cinco atletas nicaragüenses en las Olimpiadas de Grecia, no cabe duda de que se trata en primer lugar de un gran estímulo para ellos mismos, pero también para todos los deportistas de Nicaragua y para el pueblo nicaragüense en general, que podrá ver su nombre y el color de su enseña nacional entre los de todos los demás países de la Tierra.
Lo único reprochable y vergonzoso en este caso es que los oportunistas que nunca faltan se aprovechan del deporte para hacer politiquería, para presentarse como “benefactores” del deporte con dinero del Presupuesto General de la República que aportan los contribuyentes, o para ir a hacer turismo a Grecia a expensas de los nicaragüenses que trabajan, producen y pagan sus impuestos.
Es vergonzoso realmente, independientemente de la justificación que se puedan dar, que a las Olimpiadas de Grecia viajen más acompañantes (9) que deportistas (5). Y al respecto hay que separar la vergüenza deportiva de los atletas nacionales que sin duda harán todo lo posible para poner en alto el nombre y el honor de Nicaragua, de la desvergüenza de quienes se aprovechan del deporte y de los deportistas para hacer politiquería y turismo a expensas del erario nacional.

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