SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA
MARTES 3 DE AGOSTO DE 2004



 
Pareja
¿Y usted, cómo discute?

.Las peleas son positivas cuando persiguen un acuerdo o una solución, sin violencia, insultos ni humillaciones

María Jesús Ribas.
Efe-Reportajes

Los cambios sociales y culturales han depositado en el fondo del baúl de los recuerdos, el romántico recurso de deshojar una margarita para preguntarse y responderse “¿me quiere o no me quiere? Ahora uno de los interrogantes cada vez más frecuente entre las parejas ha pasado a ser “¿seguimos o no seguimos?

Pero para responder a esta cuestión no sirven de nada las margaritas, porque la mayoría de las veces las emociones y sentimientos entre dos personas no están demasiado claros, y los días de convivencia y relación pueden oscilar entre el cielo y el abismo, entre avances, retrocesos, contradicciones y claroscuros, que confunden y dificultan tomar una decisión.

Los psicólogos especializados en problemas de pareja dan algunas pistas para iluminar el camino y dar con la salida, cuando la relación se ha convertido en un laberinto o un rompecabezas.

Las disputas indican la salud de la relación: pueden ser una válvula de escape en la convivencia o una señal de que hay un problema serio que puede terminar con ella.

Las peleas sirven para que la relación funcione como un nexo de atracción para revivir la sexualidad, o por el placer que supone la reconciliación posterior, siempre que los dos estén de acuerdo en utilizar esa fórmula.

En cambio, las discusiones pueden ser negativas si involucran a terceras personas para conseguir un fin o implican una crítica constante, la infravaloración o juicios personales sobre la otra persona, o recurren al chantaje psicológico, recurriendo a frases del tipo “si no haces esto, dejo de hacer aquello...”

Finalmente, las riñas son un punto de no retorno cuando comienzan exigiendo a la pareja concesiones que no se está dispuesta a dar, cuando se reacciona siempre negando para no perder la batalla o cediendo para no discutir más, y cuando en vez de sugerir, se intenta imponer algo al otro o doblegarlo.

También son una señal de que algo va muy mal cuando terminan con un silencio, dando la callada por respuesta o haciendo caso omiso de lo que el otro cuenta para minar su paciencia con la indiferencia, lo cual indica que el conflicto está en una fase terminal y puede llegar a acabar con la relación.

Para ayudar a decidir si conviene continuar con la pareja o decir basta, es aconsejable responderse una serie de preguntas:

—¿La relación significa lo mismo para ambos? Puede que uno busque estabilidad y comprensión, y el otro, pasión y aventura.

—¿Tienen intereses u objetivos que se puedan compartir?

—¿Está dispuesta/o a hacer todo lo posible para resolver los conflictos que le han llevado a pensar en separarse?



—¿Cree que si pone fin a su relación tendrá pocas posibilidades de establecer un nuevo vínculo sentimental con otra persona?

—¿El deterioro se debe más a motivos prácticos de convivencia que a razones emocionales, como la falta de amor o pasión?

—¿Los beneficios que obtiene por seguir superan a sus costes?

Si la respuesta a la mayoría de estos interrogantes es afirmativa, la pareja tiene muchas posibilidades de salvarse y proseguir una relación satisfactoria una vez resueltas sus diferencias.  
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