El Libro Blanco de Defensa
Hiubert Offenburgen*
Seguramente un experto en temas de Defensa y Seguridad, civil o militar, nos daría una conferencia magistral sobre el tema del Libro Blanco de Defensa, contrario a lo que haría un profesor, abogado, ingeniero, administrador o un humilde campesino que probablemente mostraría apatía frente a este tema, ya sea por falta de competencia profesional o por la falsa creencia de que se trata de un asunto que sólo concierne a militares y políticos. Otros sectores se auto excluirían por el temor de contaminarse política e ideológicamente en debates que no les atañe.
Sin embargo, vivimos en una democracia que conquistamos en las urnas electorales, con autoridades legítimamente electas que tienen la obligación con el pueblo nicaragüense de informarnos sobre aquellos asuntos, que, aunque vivamos en un ambiente de paz en la región, son de vital importancia para nuestra seguridad y bienestar y que afectan el desarrollo democrático del país.
El Libro Blanco de Defensa es un tema de seguridad nacional, que permite a los países explicar sus puntos de vista, objetivos y políticas en relación a la defensa en un marco filosófico–teórico. Debe motivar la participación de la sociedad civil en los asuntos de seguridad para fortalecer las prácticas democráticas y la conciencia nacional sobre el tema.
Son un medio para poder satisfacer el derecho y deber que cada ciudadano tiene de conocer las orientaciones y contenidos de la política de defensa de su país. De igual manera, permiten transmitir en forma clara las intenciones y objetivos de seguridad y defensa de un Estado a fin de garantizar la paz y la confianza mutua, al fortalecer la actitud pacífica del Estado y evitar el surgimiento de falsas percepciones de amenazas en la región, considerando detalladamente las condiciones geográficas, políticas y estratégicas actuales.
El Libro Blanco de Defensa constituye un importante insumo que enriquece la formación de recursos humanos especializados en este sector, incentiva la investigación multidisciplinaria, ayuda a mejorar la preparación de la sociedad para la defensa y fortalece su compromiso con el Estado siendo un instrumento versátil y de necesaria actualización.
La elaboración de un Libro Blanco de Defensa constituye una herramienta fundamental para el fortalecimiento de la democracia y la construcción de una cultura de defensa y trasparencia, con una vocación pacifista que busca la consolidación de la paz, la estabilidad y la integración regional.
En este sentido, es importante señalar que en los regímenes democráticos los mecanismos de control institucional de las Fuerzas Armadas implican, en esencia y ante todo, control civil, porque es justamente la autoridad civil legítimamente electa la que detenta y ejerce la supremacía sobre los cuerpos militares a través de las instituciones establecidas para tal fin y en la participación de la sociedad civil en la formulación de políticas públicas, así como en la implementación de medidas de fiscalización de los militares, en los temas de seguridad y defensa, que constituyen bienes públicos, considerando que la Defensa Nacional de un Estado no es un asunto únicamente exclusivo de las Fuerzas Armadas.
El control civil, es decir, la subordinación de los establecimientos militares a la autoridad políticas del país es fundamental para controlar a quienes poseen el poder final de coerción, a quienes la sociedad les ha confiado la violencia legítima, incluso haciendo uso de las armas, es decir, lo que se trata de subordinar es la seguridad y defensa a los intereses nacionales, y éstos a aquéllos.
El Libro Blanco de Defensa debe contener los roles, mecanismos y controles que supriman la autonomía militar en temas como: ascensos o bajas de oficiales, la no interferencia de las autoridades civiles en la determinación de los programas de entrenamiento y educación militar, así como en asuntos profesionales y doctrinarios, en la modificación de la estructura logística del Ejército y adquisición del armamento, en la transparencia en la información y en el manejo de los recursos públicos propiedad de la ciudadanía; de la misma manera que en la rendición de cuentas sobre su desempeño, tal y como se aplica al resto de instituciones del Estado. En otras palabras, reconocer el derecho constitucional al acceso de la información, cosa que no ha ocurrido hasta ahora.
Este proceso implica un grado de madurez política, social, militar y la disposición al sacrificio en aras del interés nacional. Que en cualquier otra actividad en la que el Ejército se involucre fuera del marco de sus misiones y roles tradicionales, no sea pretexto para requerir mayor presupuesto y recursos humanos, porque éstos se deducen de otras instancias del Estado creadas expresamente para tales actividades.
La época de privilegios ya se terminó para todos; los militares tienen que aprender a vivir con la austeridad que afecta por igual a todos. Únicamente de esta manera se contará con una Política de Defensa del Estado acorde con los recursos y necesidades del país.
* El autor es graduado del Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica (WHINSEC)

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