MIéRCOLES 28 DE ABRIL DEL 2004 / EDICION No. 23433 / ACTUALIZADA 11:30 am





EL HUMOR DE





Entrevista
Gerardina González Marroquín: “El trabajo decente es libremente elegido”

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. Cree fervientemente que la clave del desarrollo de un país es la capacitación y la concertación entre los actores laborales. Desde la OIT, dice, hacen ingentes esfuerzos para alcanzar lo que han dado en llamar el trabajo decente, concepto que se traduce en generar riqueza y bienestar social con equidad

Gerardina González Marroquín, directora de la Oficina Subregional de la Organización Internacional del Trabajo.

 

María Antonia López

Gerardina González es una costarricense soltera pero bien acompañada, según ella misma lo asegura, muestra una viveza en sus ojos cafés con un entorno azulado, afable, sonriente, con 45 años que no se notan en su baja estatura, complexión delgada y un fuerte dinamismo que emana de sus movimientos durante la conversación.

Hace cinco meses fue nombrada directora de la Oficina Subregional para Centroamérica, Haití, Panamá y República Dominicana de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “desde donde estoy intentando hacer lo mejor” en materia laboral, seguridad y salud en el trabajo, pensiones, desarrollo empresarial, generación de empleo, entre otras cosas.

Cuenta con tres carreras profesionales, lo que a estas alturas le ha permitido hacer una mezcla para desempeñar la labor encargada dentro de la OIT estudiando agronomía, con una especialización en economía y luego derecho.


—¿Cómo se involucra en la actividad laboral?, inicialmente empezó haciendo trabajos dirigidos a la agronomía, según nos enteramos...

—No. Comencé trabajando con la Universidad de Costa Rica donde estudié. Primero, fue como asistente de un profesor y luego como profesora. De allí me fui a trabajar con una organización de productores, la Cámara de Productores de Leche y luego fui a la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria en el cargo de la dirección ejecutiva de los dos gremios.

A través de ellas participé muy activamente en la Unión de Cámaras de Costa Rica y luego me vinculé a la actividad de la organización internacional de los empleadores y posteriormente me integré a la Organización Internacional del Trabajo.

En 1994, cuando la OIT creó los equipos técnicos multidisciplinarios me invitaron y seleccionaron como especialista principal en actividades con los empleadores, ese cargo lo tuve por diez años, y el año pasado el director general de la OIT me pidió que le ayudara asumiendo la dirección de la oficina, cosa que he hecho muy gustosa y honrada de poder colaborar en la subregión.


—¿El hecho de hacer tres carreras profesionales fue marcado por la exigencia del trabajo que ha desempeñado?

—Para nada. Estudié agronomía, me especialicé en economía y mientras estaba haciendo esos estudios, también estaba sacando derecho, fue paralelo. Ejercí mis labores de abogado, litigando en forma privada, pero en realidad era una fanática estudiosa y la combinación me ha permitido tener una visión bastante amplia de la realidad de nuestros países pequeños con un sector agropecuario importante, pero también dando pasos para el desarrollo y la inserción en la economía mundial.

Pero no fue una exigencia del trabajo, sino una exigencia intelectual, una curiosidad por conocer más cosas, y dominarlas un poquito más a profundidad.


—¿Ésos fueron años en los que todavía no pensaba organizar una familia, ya que le podría consumir mucho tiempo?

—Eso es algo que todavía no he pensado. Todavía sigo soltera, bien acompañada, pero soltera. Eso de organizar una familia es una responsabilidad que me agobia.


—Sin embargo, imagino que tenía poco tiempo para sus asuntos personales....

—Sí. La primera carrera la hice sin trabajar, pero una vez que concluí agronomía comencé a trabajar con la misma universidad como profesora. Eso fue muy interesante, después ya trabajando empecé la especialización en economía y luego derecho.

Creo que lo interesante de todo esto es que si uno quiere entender los fenómenos complejos en sociedades tan complicadas como las centroamericanas, no porque tengan características muy particulares sino porque todos los grupos humanos son complejos, y si uno quiere tener la oportunidad de conocer y analizar primero hay que tener las herramientas necesarias para que uno pueda salir adelante.


—Aunque parece que los modelos laborales en Centroamérica son bastante similares, por el tipo de actividad, el desarrollo de las economías...

—Sí, hay una gran homogeneidad entre los países centroamericanos. Cuando nos planteamos la posibilidad de una integración, ésa se fundamenta en las similitudes enormes que tenemos. Nosotros para empezar tenemos el mismo idioma, una religión más o menos en común, una tradición, yo creo que es más lo que nos une que lo que nos separa, nuestros códigos laborales son similares, los problemas que tenemos son parecidos y a mí me llama la atención ver que cuando se viaja por Centroamérica hasta ampliamos y modernizamos los aeropuertos casi a la misma vez. Eso facilita el trabajo de la OIT, aunque guardamos especificidades en cada país.


—¿Esa similitud en los mercados laborales podría ser lo que permite el movimiento migratorio, independientemente de que el fondo del asunto sea el empleo?

—Claro. La migración es un fenómeno resultante de la pobreza, creo que es un tema que tenemos que atacar a fondo, es la falta de empleo y de oportunidades de trabajo, y eso tenemos que resolverlo impulsando el desarrollo, la inversión empresarial, y la creación de empresas.

Pero el flujo migratorio se facilita por la vecindad, y segundo porque estamos compartiendo idiomas, costumbres y clima, e irse de un país a otro no es como irse a otro donde las costumbres y cultura son diferentes.


—¿Tomando en cuenta el trabajo que desarrolla la OIT, será que la región tiene aún muchos rezagos en materia laboral?

—En materia laboral uno nunca puede decir que hay un desarrollo suficiente. Sin embargo, creo que las condiciones de mercado comparado a lo que teníamos en años anteriores es muy posible que podamos ver todavía más avances. Creo que lo que nos hace falta en las relaciones laborales en Centroamérica es profundizar el diálogo, el intercambio entre los distintos grupos, empresarios, sindicatos. Es decir, tener una cultura más de diálogo y concertación. Obviamente, también nos hace falta fortalecer a las organizaciones empresariales, sindicales y a los ministerios del Trabajo. No podemos pretender que tengamos una aplicación adecuada de la legislación aunque sea satisfactoria, si las organizaciones sindicales y empresariales son débiles; y si el ministerio del Trabajo tiene tal carencia de recursos y personal técnico calificado que no puede supervisar la aplicación de la legislación.

Siempre tendremos mejoras, y siempre podremos ver avances, porque nuestros países han venido avanzando a pesar de todas las dificultades naturales y los fenómenos políticos.


—¿Cómo se puede lograr un nivel óptimo en concertación entre las partes:los empleados, la patronal y el Estado?, porque es allí donde siempre hay muchos pegones, y en el caso particular de Nicaragua, la discusión de salario mínimo es permanente.

—Creo que hay varios elementos que nos ayudan. El primero es tener la información confiable, estadística, técnica, económica de qué es lo que está pasando en la sociedad, cuánto está creciendo la economía, cuál es el poder adquisitivo de los salarios, cuál es la capacidad de pago que tienen las empresas y cuál es el nivel salarial adecuado para que los trabajadores tengan el mejor nivel de vida posible, que las empresas no queden en una situación de insostenibilidad y al contrario puedan capacitarse para continuar invirtiendo y generando más empleo y además un nivel salarial donde nos aseguremos bienestar para el trabajador y en el nivel de vida, pero también competitividad para que el país se inserte en el mercado internacional con éxito.

La OIT plantea el concepto de trabajo decente y ése parte en primer lugar de considerar que la empresa debe ser el centro de actividad, necesitamos empresas para que haya empleo, que generen riquezas, y mejor nivel de vida y bienestar social.

El trabajo decente es libremente elegido, que se realiza en condiciones de equidad, sin marginación y además debe ser productivo para lo cual se requiere de formación profesional, entusiasmo para la producción y que se tengan las condiciones de seguridad, protección al trabajador, pensiones por vejez que sean decorosas. ¿Cómo logramos desarrollarnos?, así, creando empresas y generando trabajo decente.


—¿La OIT podría tener influencia en el tipo de relaciones laborales que tienen un fuerte impacto sico-social?, por ejemplo, en algunas empresas de zonas francas en Nicaragua se ha señalado por maltrato físico, verbal y psicológico a los trabajadores.

—La OIT ha realizado una serie de actividades dentro de zonas francas en toda la subregión, porque nos parece interesante que se vea el trabajo como una fuente de desarrollo del país y no una solución al problema del desempleo.

Las posibilidades de incidencia que tiene la OIT en las zonas francas igual que en otras actividades económicas son muchas y para estas acciones lo hacemos a través de los ministerios del Trabajo, las organizaciones sindicales y de las organizaciones de empresarios.

Proponemos siempre lo mismo. El éxito se logra si se es productivo y competitivo. Que haya el compromiso de los trabajadores de laborar y asegurar calidad y puntualidad. Pero también tiene que haber la responsabilidad del empleador en materia de cumplimiento de sus obligaciones laborales y si eso se cumple la relación es sana para todos.


—Lo ideal para el sector laboral es que los trabajadores tengan un ingreso decoroso para vivir dignamente. Sin embargo, en Nicaragua se ha estado promocionando que el país posee mano de obra barata para atraer la inversión...

—Creo que es una visión de corto plazo y no es una visión de desarrollo. Si deseamos mayor desarrollo, lo que necesitamos es una mano de obra más educada, mejor formada, técnicamente competente que pueda darnos altos niveles de productividad y que nos den empresas competitivas a nivel mundial. Allí estaríamos yendo por la senda del desarrollo. Mientras el enfoque sea de que nuestra población pueda vivir pobre pagando bajos salarios, eso para el largo plazo no nos lleva a un nivel de desarrollo.

La transformación no se puede hacer de la noche a la mañana, no le podemos pedir a las empresas que me paguen como si fuera un ingeniero de la NASA, tengo que saber que si soy un trabajador que no tiene formación, no puedo pretender un salario más alto.


—La región tiene retos muy grandes de cara a los tratados comerciales. ¿Qué tan preparada está para asumir esas demandas laborales?

—Entre más se amplíen los mercados, más posibilidades de riqueza y empleo tenemos. Desde esa perspectiva los tratados de integración, aperturas comerciales y la inserción en los mercados mundiales son positivos para países pequeños como los de Centroamérica.

Sin embargo, en un proceso de éstos sabemos que hay grupos y sectores que van a ser ganadores y hay otros que no lo serán. Entonces el país tiene que prestar especial atención a los no ganadores para ubicarles en áreas donde puedan competir mejor.

Es difícil decir que si están o no preparados. Hay un esfuerzo de los países desarrollados para cooperar, sin embargo, la preparación debería darse sobre la marcha y es urgente que lo hagamos, además pueden ayudar a tener más transparencia, mayor orden en el manejo de las finanzas públicas y que se logren mayores niveles de desarrollo. Tampoco son la solución a todos nuestros problemas, pero en ese proceso si nos integramos al mercado podemos avanzar para mejorar el nivel de vida de la población.


TRES PROFESIONES

Titulada en Agronomía, Economía y Derecho

Fue profesora de la Universidad de Costa Rica

Se integró a la Organización Internacional del Trabajo en 1994

Fue nombrada Especialista Principal en actividades con los empleadores

En noviembre del 2003 asume la dirección de la Subregión de la OIT.


¿PARA QUE SIRVE LA OIT?

Gerardina González explica que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) nace en 1919, para la promoción de normas del trabajo que sean comparables y similares en todos los países.

A través de eso se ha logrado la modificación de los códigos laborales de los países, modernizar y crear institutos de seguridad social entre otras cosas.

De tal manera, que la OIT “contribuye para que los países se orienten hacia un sendero de desarrollo, mediante la acción normativa, investigación, estudios y proyectos de cooperación”.

Para citar ejemplos, en acciones concretas, se trata de excluir a los niños de trabajos riesgosos y que regresen a las aulas de clase, a la par de buscar colaboración para generar otras fuentes de ingreso a la familia.

Mientras un ciudadano común y corriente aunque no se beneficie directamente de un programa de cooperación de la OIT se va a beneficiar de un proyecto de formación profesional para la mano de obra, en la organización sindical, la promoción empresarial, y generar más empleo.

“Por ejemplo, el Ministerio del Trabajo de Nicaragua nos ha solicitado colaboración para adoptar una política nacional de empleo, si se logra establecer se beneficiará a toda la población de las acciones que el Gobierno emprenda”, añadió la funcionaria.
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