Bernardo
Raúl D. Lilo González
El sábado 17 de abril, mi esposa Pía Vanesa y yo asistimos a la coronación de la Santísima Virgen María de Cuapa, de la cual somos muy devotos y cuya ceremonia se efectúo en la Iglesia Catedral de Managua, oficiada por el obispo auxiliar monseñor Jorge Solórzano.
Todo transcurrió en un ambiente muy alegre y festivo, con vítores, aplausos, cánticos a la excelsa Madre de Dios, muy típico de un país mariano como es Nicaragua. Sin embargo, en la ceremonia y en la homilía no se mencionó al padre Bernardo, campesino nicaragüense ordenado diácono y posteriormente sacerdote por monseñor Bosco Vivas, en la Catedral de León. Un ser privilegiado, bendecido y elegido por María Santísima para enviarnos mensajes tan importantes como la paz y la unidad y ante todo lo bueno y lo adverso que pudiese suceder en el diario acontecer. Sacerdote de trabajo y temple que en los lugares a los que fue designado sembró siempre la fe, el amor y la devoción a la madre de Dios, como también realizó obras sociales y materiales.
Debemos regocijarnos en Dios y en su Santísima Madre de haber tenido entre nosotros al padre Bernardo Martínez, quien muy pronto —y en esto no me cabe la menor duda— estará acompañado en los altares a Sor María Romero. Pidámosle a nuestro hermano Bernardo que a través de su intercesión solicite a la excelsa Madre de Dios, María Santísima de Cuapa, derrame sobre ésta su Nicaragua tan convulsionada toda clase de bendiciones. Que ilumine por intermedio del Espíritu Santo a todos nuestros gobernantes y que finalmente venga la paz y reconciliación a todos los nicaragüenses.

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