MARTES 27 DE ABRIL DEL 2004 / EDICION No. 23432 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Sin castigo el crimen se repite

El jueves de la semana pasada, diputados del PLC presentaron en la Asamblea Nacional un proyecto de reforma al Código Procesal Penal, que ya está dictaminado y podría ser discutido hoy mismo en sesión plenaria, para que los ex presidentes de la República que sean procesados y condenados por cualquier delito gocen el privilegio de casa por cárcel. Es decir, para que el doctor Arnoldo Alemán que está preso en la cárcel La Modelo por delitos de corrupción gubernamental, sea regresado definitivamente a su residencia en la hacienda El Chile.

Los promotores de esa reforma para beneficio personal del ex presidente Arnoldo Alemán, alegan que todos los ex presidentes de la República merecen ese privilegio, debido a la alta investidura que tuvieron en un momento determinado de la historia y a los “grandes servicios” que le prestaron a la nación. Y agregan que en ningún país latinoamericano los ex presidentes guardan prisión cuando tienen problemas con la justicia, sino que por la consideración y el respeto que se merecen son beneficiados con arresto y prisión domiciliar. Además, los proyectistas de la reforma, para hacerla “aceptable” incluyen como beneficiarios del privilegio de casa por cárcel a mujeres en los últimos tres meses de embarazo, madres en período de lactancia hasta los seis meses posteriores al parto, y valetudinarios o enfermos en fase terminal.

Sin embargo ellos no citan ninguna ley que garantice el privilegio de no guardar prisión nunca, para los ex presidentes en los demás países latinoamericanos. Lo que se conoce es que ese beneficio se concede cuando la pena es menor y la edad del prisionero es avanzada, o si se tratare de un enfermo cuya dolencia sea imposible tratarla si se mantiene en prisión, o por razones jerárquicas —es decir, en caso de algún ex alto funcionario del Estado— pero sólo si hay atenuantes y no es grave el delito por el que ha sido detenido o condenado.

Sin embargo, en el caso de quien robó recursos del Estado que debieron servir para salud, educación, vivienda, transporte y otros fines sociales, y que al robarlos causó graves daños a la población, el haber sido Presidente de la República no es atenuante, sino agravante, porque a mayor responsabilidad intelectual, social y política de la persona que delinque mayor debe ser el castigo, pues actuó con premeditación, alevosía y ventaja, y por tanto es acreedor al máximo castigo y la pena más severa.

La aplicación de la justicia se basa en el antiguo y siempre válido principio del derecho romano, de que: “El privilegio es ley privada y contra el derecho común”. De manera que es correcto oponerse al privilegio carcelario —de hecho o legal— que se le pretende dar al reo Arnoldo Alemán, porque violaría el principio de igualdad establecido en la Constitución y en las declaraciones y convenciones internacionales de derechos humanos.

Si el ex presidente Alemán estuviera preso sólo por represalia y capricho de los dirigentes del FSLN y personalmente de Daniel Ortega —argumento que se esgrime a partir del hecho de que la juez que lo ha juzgado y sentenciado es sandinista y de que el FSLN controla casi por completo el Poder Judicial—, sería de justicia y derecho no sólo que se le dieran los más amplios beneficios carcelarios sino que se le debería poner en libertad inmediatamente. Pero fue el Gobierno del presidente Enrique Bolaños el que acusó a Alemán de corrupción y presentó, además, literalmente hablando, una “montaña” de pruebas que demuestran irrebatiblemente su culpabilidad.

De manera que si el doctor Alemán delinquió debe pagar por su delito. Y como es bien sabido en cualquier sociedad civilizada al delincuente se le castiga con la prisión efectiva, a fin de impedir que siga delinquiendo, de aislarlo para que no amenace a la sociedad, y de reeducarlo si esto fuera posible.

Privilegiar al reo Arnoldo Alemán como quieren sus partidarios significa suprimir el castigo por el delito cometido, o sea dejarlo en la impunidad y fomentar la delincuencia, pues ésta se repite y aumenta cuando la justicia alcahuetea a ciertos delincuentes porque fueron gobernantes o porque tienen plata, siendo que por eso mismo deben ser más rigurosamente castigados.
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Sin castigo el crimen se repite