Educación para todos
Desde el 19 hasta el 26 de abril corriente se celebra en Nicaragua y en todas partes del mundo una campaña a favor de la estrategia denominada Educación Para Todos que fue aprobada por el Foro Mundial sobre la Educación, el 28 de abril del año 2000, en Dakar, capital de Senegal.
El objetivo fundamental de Educación Para Todos se resume en tres puntos: 1) que para el año 2015 todas las niñas y niños “tengan acceso a una enseñanza primaria gratuita y obligatoria de buena calidad y la terminen”; 2) “aumentar de aquí al año 2015 el número de adultos alfabetizados en un 50 por ciento” (…) “y facilitar a todos los adultos un acceso equitativo a la educación básica y la educación permanente”; y 3) “mejorar todos los aspectos cualitativos de la educación, garantizando los parámetros más elevados, para conseguir resultados de aprendizaje reconocidos y mensurables, especialmente en lectura, escritura, aritmética y competencia, prácticas esenciales”. (Foro Mundial Sobre la Educación, Dakar, Senegal, 26-28 de abril de 2000)
En realidad, esos objetivos de Dakar son los mismos que se plantearon en la Declaración Mundial Sobre Educación Para Todos, proclamada en Jomtien, Thailandia, en 1990, que debían ser logrados en diez años. Pero como no se pudieron lograr y de hecho fue muy poco lo que se avanzó en busca de la educación para todos en todo el mundo, los representantes de gobiernos, organismos internacionales y “sociedad civil” de muchos países se reunieron en Dakar en el año 2000 para replantearse el mismo objetivo, sólo que ahora el plazo que se dieron para cumplirlos es de 15 años.
Sin embargo nada ha cambiado tanto en Nicaragua y el mundo como para confiar que el objetivo de Educación Para Todos, que no se pudo alcanzar en una década, se pueda lograr en quince años más. Al respecto, en noviembre del 2002 la UNESCO reunió a todos los ministros de Educación de América Latina y el Caribe para evaluar la situación y la posibilidad real de alcanzar los objetivos de Dakar. Y reconocieron que no sería posible alcanzarlos a menos que se reorientaran las políticas educativas en pro de los “cinco focos estratégicos” siguientes:
Primero, transformar los contenidos y prácticas de la educación para darle sentido al aprendizaje; segundo, capacitar a los docentes para que puedan atender eficazmente las necesidades de los educandos; tercero, crear una cultura escolar basada en la participación, responsabilidad y convivencia; cuatro, renovar los mecanismos de gestión y flexibilizar los sistemas educativos, para atender debidamente la diversidad estudiantil; y cinco, interactuar con la sociedad y ante todo con los padres de familia para elevar la responsabilidad social por la educación y que todos se sientan responsables por sus logros y fracasos.
A ese fin se han creado o están creando en Nicaragua los Planes Nacionales de la Educación Para Todos (PNEPT), con participación del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, entidades internacionales y organismos de la llamada sociedad civil. Pero la verdad es que aparte de crear una complicada red burocrática aparentemente representativa y participativa, es muy poco lo que se ha hecho y hace para asegurar que los objetivos fundamentales de Dakar se alcancen en el 2015, ni más allá.
La educación, aseguran los expertos en desarrollo, es a la vez semilla y fruto del desarrollo económico. Y, ciertamente, son recursos económicos los que se necesitan, simple y sencillamente, aparte de conciencia acerca de la importancia medular de la educación, para lograr que todos los niños de Nicaragua vayan a la escuela y todos los adultos sean instruidos y educados, o al menos alfabetizados.
Ahora, con un presupuesto de 1,631 millones de córdobas, más o menos, se atiende a una población escolar de casi millón y medio de escolares pero no hay escuelas ni maestros para setecientos mil niños más de entre 3 a 17 años de edad. Y para atenderlos a todos habría que doblar casi el presupuesto de educación nacional, sobre todo para pagar y preparar a los docentes como es debido y mejorar todos los aspectos cualitativos de la educación y el aprendizaje. Y habría que gastar menos o no gastar nada en armas, ni en megasalarios y clientelismo político. Todo lo demás es retórica.

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