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Famosas quesilleras, famosos quesillos
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Cuatro mujeres de Santo Tomás, Chontales, han convertido en una tradición la venta de quesillos sobre la carretera que conduce a Ciudad Rama. Para el viajero es casi una parada obligatoria el punto donde ellas venden, donde comensales degustan el ya afamado quesillo de esa localidad |
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Carmen Ramos sirve este delicioso quesillo, el cual adereza con cebollitas encurtidas.
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María José Bravo
Con una hermosa sonrisa desplegada a diario desde las cinco de la mañana, cuatro mujeres de Santo Tomás, Chontales, inician una escena que ya es común desde hace 26 años. Introducen ceremoniosamente en una pequeña bolsa plástica, con abundante crema espesa y aderezados con la más exquisita cebolla encurtida, los quesillos que venden.
Se ubican bajo sus cuatro sombrillas y sobre sus mesas colocan varias libras del preciado bocado; a cualquiera que pasa lo invitan amablemente a comprarles.
Por su delicia, la espesura y pureza de la crema, el grueso de la tortilla y la cebolla y ensalada que han servido de antaño, la fama del quesillo de Santo Tomás ha trascendido las fronteras departamentales y, en la actualidad, es considerado nacionalmente como uno de los mejores del país (si no, cuidado, el mejor).
Pero no sólo el quesillo es famoso, también sus vendedoras. La más antigua de ellas es doña Corina Ruiz, quien empezó como vendedora de doña Bertha Icabalzeta y, luego, poco a poco se convirtió en la dueña de su propio negocio.
Aunque esta pionera del “quesillo tomasino” se ha venido retirando por los padecimientos de la edad, aún llega al punto donde todas ellas se reúnen: contiguo a la gasolinera Texaco, ubicada a la entrada del poblado y sobre la carretera que conduce a Ciudad Rama.
TRADICIÓN PARA EL VIAJERO
Para todo viajero ya es una tradición ver a las quesilleras, específicamente sobre un corredor de la venta de doña Lucrecia López, pues ella complementa el platillo, con el café que vende a los compradores de quesillos.
Para Carmen Ramos, hija de Mary Cruz, otra pionera de la venta de quesillo en este lugar, ellas continúan la tradición de ofrecer el producto en el mismo lugar donde lo hace su madre. Con este oficio, doña Mary crió a siete hijos. El horario de la venta se extiende hasta las siete de la noche, ya cuando los vehículos que circulan por la carretera escasean y, con ello, los potenciales compradores.
La esquina es una de las más visitadas por los tomasinos que, para ellos, un desayuno importante es el quesillo acompañado de una taza de café bien caliente. Además, el local se convierte en un centro de reunión de muchos, donde intercambian información y comentan sobre lo que pasa en la ciudad.
BUENA VENTA
Una de las vendedoras que tiene menos tiempo es Luz Robles, apenas tiene ocho años de estar aquí y cuenta que cada una tiene ya sus propios clientes. Normalmente venden alrededor de 80 quesillos cada una.
Para muchos viajeros como don Porfirio Torres, ya es una tradición hacer esta parada, ya que este quesillo es uno de los más sabrosos que ha comido, pues en otros lugares es muy ralito y aquí es grueso y huloso y con un sabor diferente, además que dice sentirse muy bien atendido.
En muchas partes del país se ofrecen quesillos en diferentes formas, pero en Santo Tomás, por tradición, lo hacen cuadrado y solamente que lo encarguen lo preparan en trenza.
PREPARACIÓN
Para preparar unos 80 quesillos, a diario las quesilleras compran alrededor de 20 galones de leche. La elaboración de los mismos se hace después de la jornada de venta.
Primero le echan cuajo a la leche y luego la borona se deja agriar para poder hacerlo en la noche. Cuando ya está en su punto, se le agrega agua hirviendo y se bate con un molinillo para pegar la borona que parece chicle. Luego se estira y se le echa sal y crema y queda listo para ser disfrutado por todos al gusto del cliente.
Este trabajo no es tan sencillo como parece ya que se trabaja con agua hirviendo y cuando se estira el quesillo las manos se calientan y las trabajadoras pueden llegar a padecer dolores.

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