Nada personal
La condena silenciosa
Douglas Carcache
Los tres países latinoamericanos que se abstuvieron de votar a favor o en contra de Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la semana pasada, de hecho mostraron desacuerdos con el régimen de Fidel Castro, porque les faltó convicción para darle su apoyo pleno y, además, tuvieron temor de entrar en contradicciones con él si le condenaban, quizás para salvar algunas relaciones políticas locales o la imagen de izquierdistas que a veces pregonan.
Me llama la atención de que el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva, de Brasil, haya desistido de dar un voto seguro a favor de Cuba y optara por abstenerse, como indicando su duda de que en Cuba se respeten los derechos humanos, pero a la vez mostrando cierto temor de caer en contradicciones con Castro, ya que Lula representa al Partido de los Trabajadores brasileños, supuestamente pro socialista como el de la isla.
La misma actitud tomaron los gobiernos de Argentina y Paraguay, que a mí me parece más una condena silenciosa que una abstención. Distinta fue la posición de Rusia y China que se plantaron de lleno a favor del gobierno cubano. En total fueron diez abstenciones que yo interpreto como la duda de diez gobiernos sobre la “verdad” que pregona el régimen de Castro, a lo que sumaría los 22 votos que respaldaron la resolución que pide a Cuba respetar los derechos humanos de sus habitantes.
Esa duda sólo puede ser aclarada si el gobierno cubano permite que llegue a la isla caribeña la experta de Naciones Unidas en derechos humanos, Christine Chanet, a quien Fidel Castro le ha impedido entrar en los últimos años, sobre todo después que en el 2003 él mandó a encarcelar a 75 disidentes, incluidos 28 periodistas, más tarde condenados a penas de hasta 26 años de cárcel.
Pero el problema de los derechos humanos en Cuba va más allá de la redada de opositores del año pasado, porque en la isla hay otras libertades cercenadas, como el derecho a la libertad de expresión y de prensa. Todos los medios de comunicación son del Estado y sólo divulgan las informaciones que le interesan al Gobierno. Los periodistas que han intentado hacer medios independientes están presos o escondidos para que no los atrapen; y si envían noticias a medios extranjeros son considerados traidores a la Patria y en consecuencia condenados.
El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma, desde 1948, que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; derecho que incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
En Cuba eso no es posible. Tampoco pueden los cubanos hacer empresas propias, como sí las hacen los extranjeros en la isla, porque Castro excluye al pueblo de la economía mixta.

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