Especial
Más balseros se lanzan al mar
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Más de dos cubanos por día, en promedio, han detenido este año los guardacostas estadounidenses en el estrecho marítimo que separa a Florida de la isla de Cuba. Los cubanos siguen escapando en balsas de la isla, como empezaron hace diez años. Durante el 2003, más de 1,500 cubanos llegaron por mar a territorio estadounidense y se estima que otros tres mil
pidieron asilo en la frontera con México |
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José Ariel Contreras, un pitcher estrella de la selección de beisbol de Cuba. Se cansó de las limitaciones y huyó a Estados Unidos.
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Douglas Carcache
Cuando José Ariel Contreras vio a cientos de cubanos en las playas cercanas a La Habana, construyendo sus balsas, atándolas con lo que fuera y comiendo cualquier cosa, desesperados por lanzarse al mar y huir de la isla, pensó que había que estar loco para hacer eso. Era agosto de 1994 y Contreras figuraba como pitcher destacado de la selección de beisbol de Cuba.
Ocho años después, Contreras desertó del equipo deportivo de Cuba estando en México y empezó a comprender a más de 30 mil cubanos que buscaron libertad arrojándose en balsas sobre el estrecho de la Florida. “Ya en el momento que yo decidí salir, me di cuenta de lo que sentía esa gente, cómo se sentía esa gente que salía en las balsas para poder llegar… y buscar un futuro mejor, para ellos y para su familia”, relata el pitcher que ahora lanza para los Yankis de Nueva York.
Contreras lloró en Managua, a donde vino de vacaciones a finales del año 2003, mientras miraba en la casa de un amigo la película documental Balseros. No pudo terminarla de ver. “Se me partió el alma… Cómo la gente rompía sus casas, desbarataban sus casas para hacer las balsas, hacían las balsas y se tiraban al mar —recordó—. Hay que tener un valor y debe ser muy grande la desesperación de esa gente para salir así”.
SE REBELARON
En el puerto de La Habana, a principios de agosto de 1994, un grupo de personas desesperadas por abandonar Cuba secuestró un barco remolcador, pero a siete millas náuticas al norte la embarcación fue hundida por las fuerzas armadas cubanas y en ella se ahogaron hombres, mujeres y niños.
Horas después otro barco fue secuestrado y esta vez los guardacostas sólo lo escoltaron hasta aguas internacionales, donde los que huían fueron recogidos por naves de Estados Unidos.
El 5 de agosto de 1994 hubo una manifestación contra el gobierno de Fidel Castro, en el malecón de la capital cubana. En consecuencia, Castro dijo que todo aquél que deseara abandonar la isla podía hacerlo y de inmediato miles de cubanos comenzaron a salir en balsas.
Treinta mil balseros fueron recogidos por guardacostas de la Marina de Estados Unidos y otros miles más murieron en el mar, hasta que en mayo de 1995 los gobiernos de Estados Unidos y Cuba firmaron un acuerdo estipulando el regreso obligatorio a la isla de los balseros interceptados. Cuando los cubanos llegan a territorio estadounidense, las autoridades les permiten quedarse, pero a los que detienen en el mar los deportan.
LA COMPRENSIÓN DEL PADRE
La huida de los balseros “ha sido la etapa más difícil que ha vivido el pueblo cubano”, reflexiona José Ariel Contreras. Él caminaba por las playas de La Habana y encontraba gente que había permanecido allí 15 ó 20 días, haciendo sus balsas con ripios de madera o plástico.
Recuerda que algunos balseros, antes de lanzarse al mar con la esperanza de llegar a Estados Unidos, decían: “Yo me voy, si llegó, bien; si no, perdí la vida, pero aquí no me quedo”.
Desde pequeño, Contreras fue miembro de las organizaciones revolucionarias y en su pueblo llegó a ser presidente de la federación estudiantil de enseñanza media (FEM). Ya como jugador de beisbol, en Pinar del Río, actuó como secretario del comité de base del Partido Comunista dentro del equipo y, mientras era pitcher de la selección nacional, lo nombraron delegado ante la Asamblea Legislativa del país.
Por eso, una vez en el exilio, en noviembre del año 2002, Contreras tuvo temor de llamar a su padre y durante un mes pensó cómo hacerlo. “Mi papá es muy revolucionario y nos crió en ese ambiente; yo pensé que perdía a mi papá y, dije, ahora cuando me quede mi papá se muere”.
Sus hermanas insistieron en que hablara por teléfono con el padre y cuando lo hizo, éste le interrumpió: “Espérate un momentito. Tú eres hombre, tú eres mayor de edad. Si tú decidiste eso, tú tendrás razones. A mí no me tienes que explicar nada, lo único que yo quiero que tú sepas es que, estando en Estados Unidos o en China, tú eres mi hijo”.
VIVEN DE REMESAS
Para el régimen de Fidel Castro, los cubanos que se quedan en el extranjero y se van a Estados Unidos son traidores. Sin embargo, la isla recibe más de mil millones de dólares anuales en remesas familiares, que le permiten a buena parte de la población adquirir alimentos no racionados que sólo son vendidos en dólares.
El Gobierno cubano importa alimentos de Estados Unidos desde el año 2001, cuando Washington aprobó una excepción al embargo económico que le decretó a la isla en octubre de 1960.
Alimport, la empresa importadora cubana suscribió a principios de 2004 nuevos acuerdos comerciales con la compañía estadounidense Midwest Grain Processers, para adquirir 10 mil toneladas de pienso, además de un cargamento de maíz de Iowa equivalente a diez millones de dólares.
La inversión del Estado cubano, en sociedad con empresas extranjeras, está centrada en el turismo, creando nuevos hoteles y carreteras, con la lógica de que la isla gana un dólar por cada 40 centavos de dólar que invierte, pero las comodidades son exclusivas para los turistas.
LO SACARON DEL HOTEL
José Ariel Contreras, muy conocido como gloria del beisbol en Cuba, fue expulsado un día del Hotel Habana Libre, en el año 2000, cuando intentó entrar a uno de los restaurantes de ese sitio visitado por extranjeros.
“Contreras lo sentimos, a nosotros nos gusta mucho la pelota, pero no puedes estar aquí”, le dijo el capitán de los meseros; y tuvo que abandonar el local, a pesar de que tenía dinero en dólares para pagar la cuenta.
“Estaba jugando en La Habana —recuerda Contreras— e iba allí a compartir un rato con unos amigos y no me dejaron. Andaba con unos españoles, ellos sí entraron y yo no. Los dejaron entrar a ellos y a mí no. Me sentí muy mal, porque es increíble… Si yo tengo mi dinero, por qué no me dejan”.
Ése y otros problemas fueron cambiando la forma de pensar de Contreras, hasta que optó por el exilio. Fidel Castro, quien gobierna Cuba desde hace 45 años, le había regalado un automóvil al jugador, como estímulo. Él, en persona, le preguntó qué tipo de auto quería. “Yo le dije que había unos Peugeot 406, muy bonitos, en la calle, y él (Castro) me dijo que no era bobo, era un carro de lujo del 2001 y me lo dio”, relata Contreras.
Pero el pitcher decidió irse porque nunca le dieron una casa. Por ser seleccionado de beisbol era una persona privilegiada en Cuba y aún así nunca recibió la casa que le prometieron tantas veces. “Yo estuve ocho años dentro del equipo nacional, dando lo mejor de mí en el equipo; cinco años consecutivos el mejor pitcher del mundo amateur, tres años el mejor atleta masculino de Cuba. No sé qué pasó y me sentí muy mal, muy incómodo. Sentí como si fuese una falta de respeto y por eso yo salí de Cuba”.
Contreras ganaba un salario mensual de 600 pesos, equivalentes a 20 dólares entonces.
LAS BALSAS CONTINÚAN
Los balseros cubanos siguen echando su suerte al mar, burlando la vigilancia de la isla. Entre el primero de enero y el 6 de abril de este año, los guardacostas estadounidenses han capturado en el mar a 274 cubanos, en promedio más de dos por día.
Las estadísticas del Departamento de Seguridad Interna (DHS) de Estados Unidos indican que durante el año 2003 arribaron a esa nación por vía marítima 1,541 inmigrantes cubanos y los guardacostas capturaron en alta mar a 1,374, la mayor cantidad de interceptados desde 1999.
Durante el 2002, entraron a Estados Unidos por mar 1,983 cubanos, mientras que 931 fueron atrapados en el intento.
Lo que más ha crecido, según las estadísticas, es la llegada de cubanos a los puntos fronterizos entre México y Estados Unidos, donde piden asilo político, como hizo José Ariel Contreras.
Se calcula que al menos tres mil cubanos llegaron el año pasado a la frontera mexicano-estadounidense, muchos de ellos después de viajar de Sudamérica y Europa hasta México.
Once personas, incluido un niño de cuatro años, fueron interceptadas el 9 de febrero pasado por la Guardia Costera de Florida, cuando navegaban en un coche-balsa, un viejo automóvil Buick de 1959 que acondicionaron para escapar.
Allí iban Luis Grass, su esposa y su hijo, quienes ya habían intentado llegar a Estados Unidos en julio de 2003, navegando en otro carro viejo, un Chevrolet que se hundió, del que fueron rescatados a tiempo y deportados a Cuba.
El 21 de febrero de 2004, otros trece cubanos alcanzaron una isla pequeña del sur de Florida, Cayo Pato, a bordo de una lancha. Había una niña de tres años y un niño de seis.
A veces, las embarcaciones de los cubanos que huyen son arrastradas por las corrientes marinas y aparecen en otros países. Nueve pidieron asilo político en Honduras al llegar a las costas de ese país, el 29 de septiembre de 2002, tras permanecer 17 días a la deriva en una lancha pequeña.
LA ÚLTIMA GOTA
La inconformidad de José Ariel Contreras rebalsó a principios del 2002, la mañana que llegó a la oficina del Instituto de Deportes (Inde) en La Habana, a pedir que le dieran dinero para el mantenimiento del automóvil que le había regalado Castro, un servicio que en Cuba sólo se paga con dólares.
El presidente del instituto le respondió: “Bueno, Contreras, no tenemos dinero ahora, me dejas el carro aquí”. “¿Y cómo me voy a Pinar del Río?”, replicó el jugador. “No sé, muévete como tú puedas”, sentenció el hombre.
Al recordar esa conversación, Contreras afirma: “Allí fue donde yo decidí que me iba de Cuba. Yo dije, si mañana sale un avión para Haití, para Haití me voy. Le dije al presidente (del Inde), bien, tú no me vas a ver más en esta oficina, yo no puedo pedirte más favores a ti cada vez que tenga un problema”.
Con su salario de 20 dólares por mes apenas ajustaba para comprar el combustible del carro, porque el Estado le daba “la comida y algunas cosas para uso personal”. Sólo ahorraba cuando viajaba al extranjero, donde recibía 10 dólares por día como viático. Pero en Cuba “siempre me ayudaban, yo llegaba a los lugares y la gente mucho me regalaba”.
Cuando escapó, estuvo dos días escondido en un hotel en México. Después cruzó la frontera de Estados Unidos y pasó seis días en una cárcel de Migración. Contreras se siente ahora como un balsero más en Estados Unidos, que añora a sus hijas y a su esposa, a las que sólo puede escuchar por teléfono, porque el régimen cubano les prohíbe salir de la isla.
Las autoridades cubanas consideran al jugador como un traidor y en venganza le han impedido llevarse a su familia. “Yo no me veo como un traidor, lo que hice fue probar mi suerte en el mejor beisbol del mundo”, responde Contreras, quien considera que han tomado a su familia como “rehén”. Al beisbolista tampoco le han permitido visitar la isla, por ser un atleta de alto rendimiento que desertó y se fue a Estados Unidos. “Como yo, hay miles de atletas que se han quedado y no pueden regresar a Cuba”.
EL PRIMER BOZAL
En junio de 1961, Fidel Castro dijo el discurso “palabras a los intelectuales”, sentenciando que éstos podían escribir “dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”. Algunos escritores rompieron después con el régimen de Castro, entre ellos Guillermo Cabrera Infante, señalando que el problema consistía en quién decidía lo que estaba dentro o contra la revolución, y sobre qué bases.

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