LUNES 19 DE ABRIL DEL 2004 / EDICION No. 23424 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




¿Por siempre?

Enoc Montalván Paniagua

Y no queda más remedio que seguir bailando la contradanza a despecho del asco y de la náusea.

Ya ni siquiera en la soledad del agreste picacho serrano porque hasta allí llega el hedor metropolitano. Tal vez en una pequeña isla del granadino lago se podría encontrar la tranquilidad y la paz en solitario, viendo solamente agua y cielo azul, aún a salvo de la lepra que infecta por igual arriba, en medio y por debajo.

Somos nosotros todos los inmundos desde adentro, malditos de “nación” sin esperanza, irredentos e irredimibles, como afirmaba don Leonardo Argüello.

Sólo tal vez una nueva Parusía, repito yo, tal vez nos salvaría, nos podría redimir, cuando en la historia de este desdichado país casi todo es miseria y escoria.

Más de cuatrocientos años de lo mismo; felonía, mala fe, violencia, fraude, robo, esfuerzos frustrados, una y otra vez; ¡desilusión!

Y en medio de toda esta inmundicia que huele, que se ve, que se palpa, que se siente ¡sólo el Arte, con A grande, nos redime! pese a que aunque en mil cruces nos ofrecen paraísos decenas de redentores, para nada, para eso sería mejor entregarse sin tapujos a la madre Naturaleza porque ésa sí ¡no engaña!, y cuando mata por sobrevivir, por necesidad de reproducirse bien, lo hace sin saña.

Para nada sirve el raciocinio, el sentido de la historia; la bestia no habla pero sí piensa en términos de vivir o morir.

Sin justificar su quehacer con doctrinas sublimes o patrañas que al final producen y generan más desilusión, por lo falsas, y así, de tumbo en tumbo, se prolonga “ad infinito” esta lacerante congoja, este eterno llorar por esperar mejores tiempos, más trigo en los trojes.

Finalmente es el Guegüense que guatusea y otra vez muerto de risa, al comprobar que inocentes e ilusos, siempre habrá en esta tierra muchos de siglo en siglo, de tiempo en tiempo.
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¿Por siempre?

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