Nicaragua: regreso a la Colonia
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El investigador nicaragüense Andrés Pérez-Baltodano analiza en su más reciente obra las causas que obstaculizan la construcción de un verdadero Estado-Nación en Nicaragua y la responsabilidad que corresponde a las élites políticas y a las masas en la consecución de este objetivo. ¿Cómo se explica
el brutal atraso político institucional del Estado nicaragüense? Las respuestas que brinda el libro de Pérez-Baltodano se apartan de las explicaciones tradicionales que hasta ahora se han articulado
alrededor de ese tema crucial para el desarrollo institucional del país |
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La estatua de la República deteriorada y sin cabeza en el parque histórico Loma de Tiscapa.
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Juan José Lacayo
Una antigua estatua que representa a la República, luce oculta, derruida, abandonada y sin cabeza, en un sendero de gradas a un lado de la calzada que conduce a la antigua Loma de Tiscapa, otrora símbolo del poder y hoy convertida en un parque histórico nacional. Aunque ningún guía la cita y pocos visitantes llegan hasta ese viejo monumento, la escultura parece ser el símbolo del Estado y quizás por ello el investigador nicaragüense Andrés Pérez-Baltodano, la escogió para la portada de su más reciente libro: “Entre el Estado conquistador y el Estado Nación: providencialismo, pensamiento político y estructuras de poder en el desarrollo histórico de Nicaragua”.
El libro, de 866 páginas, analiza las causas del atraso del Estado nicaragüense desde una perspectiva distinta a las explicaciones tradicionales que se han brindado a esa situación.
Según el autor, en la obra se plantea que si uno analiza la condición del Estado nicaragüense actual, y no precisamente de los gobiernos, se llega a la conclusión de que estamos más cerca del Estado que heredamos de la Colonia, el denominado “Estado conquistador”, que del Estado moderno que se adoptó como un modelo normativo para orientar el desarrollo político institucional del país.
“A estas alturas, en el año 2004, éste es el argumento, si uno analiza el nivel de penetración territorial del Estado, si uno analiza los bajísimos niveles de legitimidad de las instituciones estatales, si uno analiza la desastrosa condición de la administración de la justicia en Nicaragua el día de hoy, uno llega al convencimiento de que estamos más cerca de la Colonia que del Estado moderno”, destaca el investigador.
Esa premisa está sustentada en evidencias empíricas que es un argumento que puede aceptarse o rechazarse, pero que vale la pena discutir, señala Pérez-Baltodano.
En la investigación se trata de auscultar lo que ha conducido a lo que el autor califica como “brutal atraso político institucional del Estado nicaragüense”, pero desde una nueva perspectiva.
IMPERIALISMO Y DEPENDENCIA
De acuerdo a Pérez-Baltodano algunas respuestas acusaban al fenómeno del imperialismo por haber retardado el desarrollo del Estado nicaragüense, y eso a su juicio, no se puede negar porque ha sido una constante en el desarrollo histórico del país; y también atribuían a las relaciones de dependencia el haber retrasado la modernización del Estado; o bien, mencionaban las divisiones étnicas heredadas de la Colonia.
“Yo no niego el valor de esas explicaciones, de hecho las utilizo, pero el libro agrega un análisis de la función de nosotros los nicaragüenses dentro de ese desarrollo histórico”, explica el catedrático del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Western Ontario (Canadá) e investigador asociado del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA) de la Universidad Centroamericana (UCA), de Nicaragua.
“El libro argumenta que el pensamiento político que ha dominado el desarrollo histórico nicaragüense ha sido un factor que ha retardado la modernización del país y la constitución de un verdadero Estado, y la constitución de una verdadera sociedad, de un consenso social capaz de sostener el edificio democrático, que hoy se mantiene sobre bases muy frágiles”, precisa.
“No se niega esa realidad estructural, las condicionantes internacionales, las estructuras domésticas, pero el libro argumenta que la manera como nosotros los nicaragüenses hemos enfrentado esas dificultades, esos obstáculos estructurales, también tiene que considerarse en una explicación que intente responder la pregunta de por qué estamos como estamos... y estamos mal, eso no hay ni siquiera que discutirlo”, afirma.
A lo largo de siete capítulos el autor sustenta sus premisas en discursos, análisis, citas y abundante documentación actualizada de investigadores, especialistas, periodistas y expertos en diversos temas y materias.
“En esta obra lo doméstico y lo externo se interrelacionan para ofrecer una explicación del desarrollo político, como un proceso que forma parte integral de la configuración de una estructura de poder global que, para Nicaragua, tiene su eje en Estados Unidos”, explica Pérez-Baltodano.
ACOSTUMBRADOS AL DESASTRE
En su análisis, el investigador argumenta que el pensamiento político ha respondido a lo que se conceptualiza como “pragmatismo resignado”, que es una tendencia o una manera de entender la realidad. Y cita a un político gobernante de los años treinta que afirmaba “la función del buen político dependía de la capacidad de atemperarse a las circunstancias”. “Es decir, aceptar la realidad tal como está”, añade.
Y el otro concepto sobre el cual basa su análisis Pérez-Baltodano, es el “providencialismo”, que señala la existencia de un ser superior, que es el administrador de cada evento histórico.
“Ese providencialismo nos ha llevado a aceptar la realidad como inevitable y nos ha condicionado sobre todo a aceptar los condicionamientos externos como inevitable”, precisa.
“Nosotros, pienso yo, nos hemos acostumbrado ya al desastre que es Nicaragua, creo que poco soñamos, incluso ya no creemos en la posibilidad de que el país pudiese llegar a ser un Estado moderno, democrático, donde la gente coma, tenga acceso a la educación, a la salud, donde impere la libertad. Un Estado moderno, democrático”, destaca.
“Creo que realmente hasta hemos perdido de vista ese horizonte y nos hemos acostumbrado a la miseria en que vivimos. Los mismos políticos en sus discursos, que constituyen la base empírica del libro, expresan ese sentido de resignación”, añade el autor.
ÉLITES Y MASAS RESIGNADAS
A su juicio, las élites expresan su irresponsabilidad ante la historia cuando se muestran indiferentes al drama que vive la gran mayoría de la población nicaragüense. Y cita los programas de desarrollo de los gobiernos elaborados a largo plazo.
“Las élites asumen que esta realidad pobre, estos niveles de desnutrición, el hambre de los campesinos, es una cosa que no se puede cambiar con la urgencia que las condiciones demandan”, señala. “En las masas la irresponsabilidad ante la historia se expresa en el sentido de resignación, se asume la pobreza como un mandato divino”, recalca.
Según su análisis, el panorama es desalentador: “Las élites no se hacen responsables por la miseria de los pobres, y los pobres asumen que su pobreza puede ser un designio divino”, enfatiza.
PARTIDOS POLÍTICOS ENTRE AMBICIONES E INTERESES
Para Pérez-Baltodano, una muestra del pragmatismo resignado que influye a la clase política nicaragüense son los niveles de ambición e intereses que motivan a los partidos políticos.
“Veamos el caso del Dr. (Arnoldo) Alemán, un hombre que tuvo en sus manos la oportunidad de pasar en grande a la historia como el consolidador de esta democracia frágil que vivimos en Nicaragua. La historia le entrega la oportunidad de convertirse en una figura histórica. Pero tanto el líder del partido como los miembros y dirigentes del partido (PLC) tienen unas aspiraciones bajísimas. Porque es muy bajo aspirar a quedarse con una casa en Pochomil o con tres o cuatro camionetas, o con cinco o seis apartamentos en Miami, no importa cuántos millones cuestan... Esa es una ambición baja·, reflexiona. Señala que la situación es más decepcionante cuando se miden las metas y aspiraciones de las agrupaciones políticas de Nicaragua.
El analista sugiere que los partidos políticos tienen que fortalecer su institucionalidad. “Tienen que convertirse en verdaderos partidos políticos, nosotros no tenemos partidos políticos aquí en Nicaragua”, dice..
“Cuándo fue la última vez que escuchamos un debate sobre el liberalismo del partido liberal. Cuándo fue la última vez que escuchamos una discusión doctrinal sobre lo que significa ser conservador en Nicaragua y hacerse la pregunta en qué consiste hoy ser socialista; en qué consiste el socialismo del Frente Sandinista, preguntarnos: ¿es socialista Daniel Ortega?”
Según el investigador nicaragüense, ante esta situación no basta fortalecer las instituciones del país, porque el problema hay que atacarlo en todos los niveles para cambiar el pensamiento y la motivación, no sólo de las élites políticas sino también de las masas.
MARCAS POLÍTICAS
“Creo que aquí no tenemos socialistas ni conservadores ni liberales, tenemos partidos que utilizan el liberalismo, el conservatismo y el socialismo como etiqueta. Esas son marcas de productos que funcionan en el mercado electoral. Eso explica la facilidad con que los actores políticos abandonan una posición y se meten a otra. De repente encontrás a un conservador que es liberal, o un liberal que es socialista o un socialista que es socialcristiano, o un socialcristiano que trabaja con el FSLN”, destaca el analista Andrés Pérez-Baltodano.

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