DOMINGO 18 DE ABRIL DEL 2004 / EDICION No. 23423 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





¡Cuánta locura!

Foto  
. Así sacaron del hoyo la pelea de Mayorga

Ayer al mediodía, Mayorga ni pensaba subir al ring, pero en la noche venció a Mitchell.

 

Edgard Tijerino M.
Enviado a NUEVA YORK

¡Sencillamente increíble! No hay otro vocablo más preciso para describir lo visto y oído mientras sacaban a Ricardo Mayorga del hoyo y le “armaban” el rompecabezas, que le permitió pelear anoche en el cartel del Madison Square Garden.

A las 4:00 de la tarde, contra viento y marea, todavía permanecía abierta la posibilidad.

No para pelear con José Rivera.

A última hora, como un fantasma fugado del Teatro de la Ópera en París y aparecido súbitamente en Nueva York, a la orilla de Don King, el púgil Eric Mitchell, entró al escenario, desplazando a Rivera, quien con sus reclamos, se convirtió en alguien molesto.

Váyanse de espaldas, Mayorga quien no había regresado de almorzar en uno de los restaurantes de la Séptima Avenida, no estaba enterado de la aplicación de esta variante.

¿Qué les parece?

Rivera estaba listo para pelear independientemente de la desventaja de peso, siempre y cuando se cumpliera el contrato y Mayorga pagara el porcentaje de su bolsa establecido como multa.

Eso fue rechazado, y al mediodía, las negociaciones se agotaron. De manera que tal posibilidad quedó descartada.

Sin embargo, en la oficina de King en el Southgate Tower, colocando a un lado los múltiples inconvenientes, no se tiraba la toalla.

El musculoso Mitchell llegó junto con su apoderado y su hermano gemelo Aaron, a la oficina del promotor a eso de las 3:00 p.m. King llegó a estar manejando dos reuniones al mismo tiempo. Una con la gente de Mayorga encabezada por su abogado Tony González, y otra con los Mitchell.

El primer paso, era convencer a Mayorga quien había asegurado que no pelearía, y en el éxito de esta gestión tuvo mucho que ver el sentido práctico de González, advirtiendo: “Si Ricky no pelea, no hay billetes”.

Naturalmente, lo peor que podía ocurrir, después de perder la batalla con la báscula, era regresar a casa con las manos vacías.

Lo siento José Rivera. En ese momento, tu desgracia no importaba.

A las 4:35 p.m., en la balanza del gimnasio para ejercicios de huéspedes que tiene el Hotel, Mitchell marcó 155.5 libras frente a la observación de Garibaldi y González, y 20 minutos después, Mayorga, milagrosamente, registró 155 libras, sólo una y media más que 26 horas antes, cuando inició su proceso de recuperación.

No me pregunten cómo fue posible eso, que no tengo respuesta, sólo imaginaciones.

Todavía faltaba algo a las 5:00 p.m., y es que Mitchell firmara el contrato.

Se pesó sin saber las condiciones ni la bolsa. Finalmente aceptó, y todos salieron tan aprisa como si estuvieran haciendo de una estación de Metro, en busca de alistarse.

“Hay pelea”, dijo Carl King, gritando, “¡Ahora a apurarse!”

De esa forma se logró que Mayorga peleara.

Homero Simpson estaba en el círculo de espera. Por si las moscas.
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