Alí Chumacero: palabras en tumultuosa transparencia
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Gerardo Estrada y Alí Chumacero. |
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Roberto Diego Ortega*
Autor de tres libros de poesía: Páramo de sueños, Imágenes desterradas y Palabras en reposo, Alí Chumacero (1918) escribe a los veinte años su Poema de amorosa raíz y a partir de él adopta una actitud muy cercana a la generación que le antecedió, la de la revista Contemporáneos (1928-1931)
Alí Chumacero retoma las actitudes de Cuesta y Villaurrutia. Surgido en la revista Tierra nueva (1940-1942) y apoyado en una vasta cultura, Chumacero continúa y ahonda los postulados de uno y otro. Participa en la redacción de la revista El hijo pródigo (1943-1946) con el mismo Villaurrutia, Antonio Sánchez Barbudo y Octavio Paz (quien venía de la revista Taller, 1938-1941). Son los años de la Segunda Guerra Mundial y la época en que Chumacero escribe su primer libro y por lo menos parte del segundo.
En una reseña publicada en febrero de 1944 en El hijo pródigo, Chumacero expresa lo que por lo menos en esa época era su concepción de la poesía mexicana: un tono “como de somnolencia y sueño” que da lugar a textos extraños y oscuros, un persistente enamoramiento por “el misterio de la noche” y las partes ocultas del amor y la vida; una poesía que se acerca a las causas y explicaciones de la soledad, la muerte, “todo lo que nos encarna íntimamente”; “una ciega confianza en la belleza”; poemas que no se ajustan a la concreción... “Es ésta la poesía que yo prefiero —afirma—, la que esboza desdibujadas las situaciones y los estadios del poema, la que entrega los materiales del sueño y el descuido, la que soslaya al caer de una mirada y luego se recoge en verso limpio (...) un oscuro sentir que el verso vuela, y está construido, sobre cualquier otro elemento, de aire, de viento, de mirada”.
Los puntos de coincidencia entre Chumacero y la fracción de Contemporáneos encarnada en Cuesta y Villaurrutia pueden apreciarse desde su primer libro, Páramo de sueños (1944). Es un tono descriptivo ambientado con atmósferas eminentemente villaurrutianas, donde la sensualidad, en su más amplio sentido, es el origen de cada poema. Aromas, huellas, “losas de sepulcro”, “yeso que se apaga”: un tono intimista que generaliza a la muerte, juega y traza analogías entre ella y el sueño:
Renacemos
y somos como aroma o sueño tumultuoso.
Palabras en reposo, libro de Chumacero, se publicó por primera vez en 1956. La reimpresión que aquí se revisa permite un nuevo acercamiento a este poeta que limpiando, desechando casi invariablemente todo recurso ornamental, crea una poesía de gran economía en su lenguaje. Lejos de ser árida, tiene un especial flujo interno y numerosas implicaciones que requieren de una cuidadosa lectura.
Desde el primer capítulo, Búsqueda precaria, Chumacero aborda temas que había tratado someramente en sus libros anteriores, como el religioso. En Responso del peregrino las referencias bíblicas se multiplican, el lenguaje va y viene del camino de Damasco a la “virgen tempestad”, del “día del estupor en Josafat” a la isla de Pathmos y convierte al texto, por momentos, en apocalíptico; en el auténtico sentido de la palabra. En el juicio final, la Virgen sentirá que es “cristiana sepultura” de la desolación, y “Fiesta de pascua, en el desierto inmenso/añorarás la tempestad”.
Imagen de una voz es un recuerdo que desfallece, una gélida percepción sometida al ejercicio del pensamiento, una referencia a Descartes que hace de la existencia una participación en esta sensualidad helada que se desdobla incesantemente:
Yo pienso, luego nace un muro frío
lejano de esplendores, del murmullo
que arroja alguna flor entre las manos
y aún del ruido salobre de mis párpados.
Paráfrasis de la vida, Fragmentos de la estatua, así como El hijo natural y Palabras del amante parten de sucesos que podrían llamarse “cotidianos” (el regreso a casa, el recuerdo de una persona, una despedida) y Chumacero los toma como punto de partida para analizar y descifrar, mediante la inteligencia, las emociones.
Es una concentración que se desborda a sí misma y se convierte en una contemplación sublimada que, si puede tener su riqueza, también es un disfraz en sí misma. No es el caso describir situaciones o buscar concreción, pero Chumacero ha escrito que la poesía pretende acercarse a las causas y explicaciones de “todo lo que nos encarna íntimamente”, y un pasaje como el anterior difícilmente se inscribe en esta concepción.
De alguna manera, este último libro de Alí Chumacero es también el último de Contemporáneos; aquí son llevadas hasta sus últimas consecuencias las actitudes que el autor tuvo en común con una fracción del “grupo sin grupo”. Era difícil ir más allá en el experimento. Palabras en reposo es importante, pues la poesía concentrada o no debe ser un ejercicio de rigor y sentido crítico. Aquí lo es.
Alí Chumacero
Poeta mexicano nacido en Acaponeta, Nayarid, en 1918. Estudió preparatoria en Guadalajara y muy joven se trasladó a la ciudad de México, donde en 1940 fundó la revista Tierra nueva.
Ha dedicado parte de su vida a la crítica literaria, pero es en sus versos donde denota una gran sensibilidad y un fino talento lírico, que lo señalan como uno de los precursores de la poesía moderna de su país.
Algunas de sus obras más renombradas son: Imágenes desterradas, 1948; Palabras en reposo, 1956 y Páramo de sueños, 1994.
De su trayecto poético merecen destacarse los siguientes premios: Xavier Villaurrutia, Alfonso Reyes, Nacional de Lingüística y Literatura, Amado Nervo, Nayarid, y el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines-Gatine Lapointe en el 2003.
* Redactor Revista Nexos. 
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