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Imre Kertész: “La libertad es la liquidación del pasado”

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.El escritor húngaro Imre Kertész, Premio Nobel de Literatura 2002, superviviente del campo de concentración de Auschwitz, ha reconstruido del horror su identidad robada gracias a la creación literaria. El creador analiza el problema de la libertad en Liquidación, su primera novela tras la concesión del galardón de las letras

 

Elena del Castillo*

En Liquidación, el protagonista, Keserú, trabaja en una editorial y ha recogido los papeles póstumos de su amigo escritor, que se ha suicidado. Busca entre ellos una novela inédita y se embarca, sin esperarlo, en la revisión de su propia vida. Es entonces cuando comienza a desvelarse también la historia que hay detrás del autor húngaro.

Imre Kertész (Budapest. Hungría, 1929), pasó por los campos de Auschwitz y Buchenwald, donde le llevaron a causa de su origen judío, y en la obra también se relatan sus historias de amor, sus obras inacabadas y la influencia que tuvieron sobre él los cambios políticos que transformaron el mundo soviético.

Sobre el holocausto nazi, el Premio Nobel explica: “La memoria del horror se acaba en el momento de elaborarla y convertirla en literatura”.

Así tiene la posibilidad de expulsar fantasmas para soportar mejor los horrores prendidos a la memoria.

Lo primero que vio Kertész al llegar al centro de exterminio de Auschwitz, con tan sólo 15 años, fue un hermoso campo de fútbol. Luego, ese campo no aparecía en ninguno de los documentos sobre campos de concentración que consultó, ni tampoco en sus planos, hasta que leyó “señoras, señores, al gas por favor”, de Tadeusz Borowski, cuyo comienzo dice así: “... construimos un campo de fútbol”.

El recuerdo de ese campo le ha servido al Nobel húngaro para reivindicar la verdad en la historia y la literatura:

“No trato mi novela como algo documental, todo es ficción, pero era importante que el material estuviera bien documentado. El campo es una alegoría de lo perdido”.

La verdad para Kertész desborda los límites de la historia y la enlaza también con el lenguaje, porque él vivió la perversión y el empobrecimiento de la lengua con los nazis y después con el estalinismo. Y, como dice el autor: “si se reduce el lenguaje, se reduce el pensamiento”.

Los escritores favoritos de Kertész son: Jean Améry y Borowski, a quienes cita como los que más han influido en su literatura aunque también es un seguidor de Primo Levi, cuya obra se basó en el pensamiento humanista. Curiosamente esos tres autores terminaron suicidándose.

Sobre su fuerza para seguir comenta: “Gracias a la literatura he podido sobrevivir. Siempre depende de la persona. En mí todo empezó cuando decidí investigar qué ocurrió cuando me llevaban por primera vez a un campo de exterminio, si era yo una víctima impotente o participaba de forma activa en esa maquinaria”.

Kertész convirtió esa experiencia negativa en positiva gracias a la creación. “La autodisección la convertí en creatividad y uno puede llegar muy lejos así; sólo depende de cuánto has interiorizado y de cuánto te interesa saber de ti mismo”.

EL LENGUAJE ATONAL DE LA LITERATURA

Desde su primera obra Sin destino (1975), en la que narraba el espanto cotidiano y la sin razón de los campos de concentración de Auschwitz, Buchenwald y Zeitz, el escritor utiliza lo que él llama un “lenguaje atonal”, una fórmula musical del siglo XX caracterizada por la ausencia del “bajo continuo” que relaciona todas las voces.

“En ese bajo continuo puedo imaginar un consenso que llamamos cultura, que es un valor que todos reconocemos y que ahora se ha acabado. Precisamente es eso es lo que quiero reflejar en mi literatura. No hay bajo continuo. No hay acuerdo, ni consenso, ni subsuelo, y los valores que aparecen lo hacen de forma irónica. Con estos valores no se podría sobrevivir hoy en Auschwitz”.

El autor de obras como Yo, otro, Diario de la galera y Paso a paso también trabajó como traductor y suyo es el trabajo por el que se puede leer en húngaro a Freud, Nietzsche o Canetti. Sufrió el odio antisemita y creció con el olor a carne quemada, mirando un cielo plagado de “nubes grises” que emanaban de los campos de “la muerte”. Posteriormente también sufriría el fanatismo estalinista.

A este respecto, el escritor matiza: “Los totalitarismos ponen a las personas en situaciones absurdas que no han elegido. A partir de entonces la vida se convierte en una alienación, los ciudadanos no reconocen sus propios actos y, si no asumimos nuestros actos, tampoco asumimos nuestras responsabilidades por lo que no podemos liberarnos de nuestros comportamientos. No somos libres”.

“La verdadera libertad empieza cuando tratamos de hacer nuestra esta alienación y no es fácil, porque tenemos que juzgarnos. Es muy importante que un pueblo ajuste cuentas con su pasado, porque, si no, tendremos una sociedad enferma que puede derivar en un nacionalismo con posturas rígidas y extremas”, añade el escritor.

Acerca de qué es necesario para que se dé una sociedad sana:“En una sociedad sana, que es la base de toda democracia, se debe producir el debate social y el diálogo, que es la verdadera vida”.

Con Liquidación el autor culmina el proyecto literario presente en obras como Sin destino, Fiasco o Kaddish por el hijo no nacido. Explora el pasado más sombrío y el presente más titubeante de la Europa contemporánea, a través de una disección de las desamparadas y apasionadas vidas de varios personajes de la generación posterior a la Segunda Guerra Mundial que se enfrentan a un mundo sin lógica.

*Periodista de EFE  
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