MARTES 6 DE ABRIL DEL 2004 / EDICION No. 23414 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




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Japón, la Semana Santa de los “cristianos ocultos”

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. En Japón es tradición para los cristianos que los nuevos creyentes se bauticen la noche del Sábado Santo y comiencen su nueva vida de católicos el Domingo de Pascua, para resaltar la resurrección de Jesucristo. Pero aún hoy en día existen unos 500 Kakure Kurishitan (cristianos ocultos) que todavía se mantienen en cierta clandestinidad.

 

Junko Takahashi
Especial para magazine

En el Imperio del Sol Naciente, donde apenas el uno por ciento de la población se confiesa cristiana, la Semana Santa es una completa desconocida, en contraste con la Navidad, fecha que la economía nipona ha adoptado como uno de los principales ganchos publicitarios para multiplicar las ventas de la temporada.

La evangelización que la Iglesia Católica ha tenido en este país comenzó hace casi medio milenio, aunque llena de dificultades y con una negra historia que incluye persecuciones de los bautizados que dio lugar a los aún llamados hoy “Kakure Kirishitan”, los cristianos ocultos.

Los 440,000 japoneses que hoy se confiesan católicos, apenas un 0.36 por ciento de la población, celebran la Semana Santa, pero de una manera discreta y dentro de las iglesias con misas y rituales semejantes a los de occidente.

“La Semana Santa en Japón es distinta a la de Europa y Latinoamérica, y es sólo para las iglesias”, explicó el sacerdote español Diego Yuuki, director del Museo de los 26 Mártires japoneses, en la sureña ciudad de Nagasaki.

Para el padre Yuuki, lo más particular de Japón es que los nuevos creyentes se bautizan la noche del Sábado Santo y empiezan su nueva vida de católicos el Domingo de Pascua, justo para resaltar la resurrección de Jesucristo.

A diferencia de la comercializada Navidad, cuya Nochebuena disfruta una gran parte de los jóvenes japoneses como una de las noches más románticas del año sin conocer su verdadero significado religioso, la Semana Santa pasa inadvertida y es una clara muestra de las dificultades de la propagación del cristianismo de fondo en este país.

“Para los japoneses es difícil de comprender la Resurrección de Cristo. En la evangelización, resulta muy problemático explicarla porque da pie a confundir el cristianismo con un culto”, explicó Junko Teramura, de la Conferencia de Obispos Católicos de Japón (CBCJ)

Desde tiempos remotos ha sido el sintoísmo la religión más arraigada en los japoneses, basada en el culto politeísta de la Naturaleza y de los antepasados, y en conceptos simples y sin un dios absoluto y monoteísta como el cristianismo.

LA ORASHO Y EL SUSHI

Hoy los Kakure Kurishitan todavía se mantienen ocultos, a pesar de que la ley nipona reconoce la libertad de religión.

Los cristianos ocultos japoneses, que hoy se cifran en torno a las 500 personas, no celebran la Semana Santa, pero sí la Pascua de Resurrección, aunque en fechas y formas algo diferentes que las tradicionales católicas, como por ejemplo, el Domingo de Ramos, día en el que las palmas son sustituidas por ramas con camelias.

El Domingo de Resurrección de su calendario propio, un mes antes que el de la Iglesia Católica, los representantes de cada barrio se juntan en la casa de uno para declamar las antiguas oraciones que la tradición ha conservado y denominado “orasho”, procedente del latín “oratio”.

Luego, los Kakure Kirishitan comen juntos “sushi”, el típico pastelillo de pescado crudo con arroz que hoy es uno de los manjares de la cocina nipona, y las legumbres cocidas en salsa de soja “onishime” propias de las grandes celebraciones.

Pero lo más importante para un Kakure Kirishitan ese día es sacar a la luz las estatuas y ornamentos religiosos que durante el resto del año han permanecido en escondrijos, igual que en el pasado. (EFE)

PERSEGUIDOS POR LOS “SHOGUNES”

Fue el misionero navarro Francisco Javier quien en 1549 introdujo el catolicismo al archipiélago, y sus seguidores lograrían para 1614 haber convertido a unos 650,000 seguidores, principalmente en el sur del país.

Pero la doctrina de igualdad de todos los hombres a los ojos de Dios predicada por los misioneros resultó intolerable para el sistema feudal de la época, y por temor a la creciente influencia de los cristianos, los grandes generales “shogunes” de la época terminaron por prohibir el cristianismo.

Desde entonces y durante tres siglos los cristianos fueron perseguidos, obligados a renunciar a su fe haciéndoles pisar los iconos de Jesucristo o la Virgen María, y martirizados hasta la muerte por mantener la fe o bien forzados al exilio.

Sin embargo, y a pesar de todas las persecuciones y martirios sufridos, la fe se mantuvo en zonas remotas gracias a que los creyentes, escasos en número, se enmascararon como budistas dando lugar a los llamados “cristianos ocultos”, los “Kakure Kirishitan”, que subsisten en la isla Ikitsuki de Nagasaki, al sureste de Japón.

En aquella época los “Kakure Kirishitan” camuflaron los iconos religiosos como si fueran ornamentos japoneses, por lo que la imagen de Jesucristo aparece aquí con un mechón de pelo propio de los hombres japoneses de hace 500 años, y la Virgen María vestida con los tradicionales ropajes japoneses, en quimono.
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