MARTES 6 DE ABRIL DEL 2004 / EDICION No. 23414 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Peligro en vacaciones

Casi toda la fuerza laboral de Nicaragua se encuentra en estos días de vacaciones con motivo de Semana Santa. En efecto, el personal del Estado dejó de trabajar desde el viernes de la semana pasada, y la mayor parte del correspondiente al sector privado cesará sus labores mañana miércoles, para regresar el lunes próximo.

En términos generales se considera normal tener tantas vacaciones en el año —en Semana Santa, Fiestas Patrias, Navidad y Año Nuevo, además de los treinta días a los que tienen derecho todos los trabajadores—, a pesar de que Nicaragua es el segundo país más pobre de América y uno de los más necesitados del mundo. Pero no sólo es un país con generosas vacaciones sino que también está entre los que mejor se pagan los altos funcionarios públicos, donde se asigna cuantiosas pensiones vitalicias a ex presidentes, ex magistrados y otros ex empleados estatales, algunos de los cuales cobran al mismo tiempo sueldos en el Estado o en el sector privado.

En el caso de Semana Santa —que para el Estado significa la paralización de actividades durante nueve días continuos, salvo el personal médico-sanitario y de seguridad pública— son cuantiosas las pérdidas que provoca la inactividad forzada. Pero estas vacaciones adicionales siempre se justifican con razones religiosas, o con el argumento de que la tradición también es sagrada y hay que respetarla. Por cierto que el único gobernante en la historia de Nicaragua que intentó romper esa tradición y hacer que en el Estado se trabajara por lo menos hasta el Miércoles Santo, fue el general Anastasio Somoza Debayle, pero fracasó en el intento y más bien aumentó su ya considerable impopularidad.

Sin embargo, poco a poco van aumentando las actividades laborales durante Semana Santa. Y no sólo en el sector de turismo, entretenimiento y seguridad pública y privada, sino también en actividades que no tienen nada que ver con las diversiones ni las celebraciones religiosas. Y sin duda que en la medida en que vaya avanzando la globalización y el país se vaya haciendo —por fuerza— más competitivo, estos períodos innecesarios y costosos de inactividad laboral tendrán que ir reduciéndose hasta desaparecer por completo.

Por otro lado, en estos lapsos de vacaciones forzosas se incrementan los peligros para la sociedad y las personas honradas, no sólo porque los políticos y los jueces corruptos se aprovechan del silencio informativo para realizar algunas de sus tortuosas actividades, sino también porque la delincuencia común se multiplica y ocurren más accidentes en balnearios y carreteras, los cuales cobran muchas vidas, provocan graves lesiones a numerosas personas y causan cuantiosas pérdidas materiales.

El año pasado, según reportó LA PRENSA en su edición del Lunes de Pascua (21 de abril del 2003), hubo en Semana Santa 89 muertes violentas —22 más que en el año anterior, 2002— de las que 39 fueron por ahogamiento en balnearios, 18 por accidentes de tránsito en su mayor parte provocados por el excesivo consumo de alcohol, y 17 homicidios. Y muchísimas personas denunciaron haber sido víctimas de robos en sus hogares durante esos días en que dejaron las casas prácticamente abandonadas por irse de vacaciones.

También las estadísticas del año pasado revelaron que en Nicaragua hubo el doble de muertes violentas que en Costa Rica (45), 13 más que en Guatemala (76), dos veces más que en Honduras (30); y sólo estuvo debajo de El Salvador, donde 127 personas perecieron violentamente durante Semana Santa.

Ahora, como todos los años la Policía Nacional anunció en esta ocasión hará todo lo que esté a su alcance para que no haya tantos accidentes automovilísticos, ni muertes violentas, ni asaltos y robos que lamentar. Y al respecto hay que reconocer el mérito que les corresponde a los miembros de la Policía, que trabajan en estos días mucho más que habitualmente mientras las demás personas descansan y se divierten.

Pero la Policía no lo puede hacer todo. Los ciudadanos tienen que contribuir al mantenimiento de la seguridad pública y a su propia protección, evitando o reduciendo las borracheras, absteniéndose de manejar en estado de ebriedad, cuidando mejor sus casas y pertenencias, etc. Así el próximo Lunes de Pascua tendríamos menos noticias dolorosas que reportar y lamentar.
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